Villa Triste PDF Gratis Patrick Modiano

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No hay mejor libro que Villa Triste PDF Gratis Patrick Modiano. Han derribado el Hotel de Verdun. Era un edificio curioso, enfrente de la estación, con una veranda alrededor cuya madera estaba pudriéndose. Dormían en él, entre dos trenes, viajantes de comercio. Tenía fama de ser un hotel de citas. El café de al lado, en forma de rotonda, ha desaparecido también. ¿Se llamaba Café des Cadrans o Café de l’Avenir? Entre la estación y las zonas de césped de la plaza de Albert-Ier ahora hay un hueco grande.

La calle Royale, en cambio, está igual, pero como estamos en invierno y ya es tarde, según va uno por ella parece que está cruzando una ciudad muerta. Escaparates de la librería Chez Clément Marot, de la joyería de Horowitz, Deauville, Genève, Le Touquet, y de la pastelería inglesa Fidel-Berger… Más allá, la peluquería René Pigault. Escaparates de Henry à la Pensée. La mayor parte de estas tiendas de lujo están cerradas fuera de temporada. Al entrar en los soportales, se ve el resplandor, al final y a la izquierda, del letrero de neón rojo y verde del Cintra. En la acera de enfrente, en la esquina de la calle Royale con la plaza de Le Pâquier, La Taverne, donde acudía la juventud en verano. ¿Sigue teniendo hoy en día esos mismos parroquianos?

No queda ya nada del café grande, de sus arañas, de sus espejos ni de las mesas con sombrilla que llegaban hasta la calzada. A eso de las ocho de la tarde, había idas y venidas entre las mesas, se formaban grupos. Carcajadas.

Cabelleras rubias. Tintineo de vasos. Sombreros de paja. De vez en cuando, un albornoz playero añadía una nota abigarrada de color.

Prólogo

Allá, a la derecha, el Casino, un edificio blanco y macizo; sólo abre de junio a septiembre. En invierno, la burguesía local juega al bridge dos veces por semana en el salón de bacará, y en el grill-room se reúne el Rotary Club provincial.

Detrás, el parque de Albigny baja, en una pendiente muy suave, hasta el lago, que tiene sauces llorones, un quiosco de música y un embarcadero donde se coge el barco vetusto que va y viene entre las poblaciones pequeñas que hay a sus orillas: Veyrier, Chavoires, Saint-Jorioz, Éden-Roc, Port-Lusatz… Demasiadas enumeraciones. Pero es menester canturrear incansablemente algunas palabras con música de nana.

Se toma la avenida de Albigny, flanqueada de plátanos. Corre por la orilla del lago y, cuando dobla a la derecha, puede verse una portalada de madera blanca: la entrada del Sporting. A ambos lados de un paseo de grava, varias canchas de tenis. Luego, basta con cerrar los ojos para recordar la larga fila de cabinas y la playa de arena que tiene una extensión aproximada de trescientos metros. En segundo plano, un jardín inglés rodea el bar y el restaurante del Sporting, que ocupan un antiguo invernadero de naranjos. El conjunto constituye una península que pertenecía allá por 1900 al fabricante de automóviles Gordon-Gramme.

A la altura del Sporting, del otro lado de la avenida de Albigny, empieza el bulevar Carabacel. Sube, haciendo eses, hasta los hoteles L’Hermitage, Windsor y Alhambra, pero también se puede coger el funicular. En verano funciona hasta las doce de la noche y hay que esperarlo en una estacioncita que, desde fuera, parece un chalet.

Terminación

Aquí hay una vegetación variopinta y ya no sabe uno si está en los Alpes, a la orilla del Mediterráneo o, incluso, en los trópicos. Pinos piñoneros. Mimosas. Abetos. Palmeras. Yendo por el bulevar que recorre la ladera de la colina, puede contemplarse la vista panorámica: todo el lago, la cadena del Aravis y, en la otra orilla del agua, ese país escurridizo que llaman Suiza.

En L’Hermitage y en el Windsor no hay ya más que pisos amueblados. Pero a nadie se le ocurrió suprimir la puerta giratoria del Windsor ni la cristalera que servía de prolongación al vestíbulo de L’Hermitage. Recuerden que estaba cubierta de buganvillas. El Windsor era de la década de 1910 y la fachada blanca tenía la misma apariencia de tarta de merengue que las del Ruhl y del Negresco en Niza. L’Hermitage, en tono ocre, era más sobrio y más majestuoso. Se parecía al Hotel Royal de Deauville. Sí, como si fuera su hermano gemelo.

¿De verdad que los han convertido en pisos? Ni una luz en las ventanas. Sería necesario tener el valor de cruzar por esos vestíbulos oscuros y subir las escaleras. Y entonces es posible que nos diéramos cuenta de que nadie vive en ellos.

Del Alhambra no queda piedra sobre piedra, en cambio. Ni rastro de los jardines que lo rodeaban.

Título: Villa Triste
Autores: Patrick Modiano
Tipo: Libro
Idioma: Español
Formato: PDF

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