El legado de Europa PDF Gratis Stefan Zweig

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El legado de Europa PDF Gratis Stefan Zweig
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No hay mejor libro que El legado de Europa PDF Gratis Stefan Zweig. Tras la fragmentación de Europa por los conflictos bélicos de las guerras mundiales, Zweig rastrea los orígenes de esa catástrofe, mientras reconstruye ese mundo en el único posible, el del espíritu, por medio de resaltar aquellas figuras culturales que más contribuyeron a ello. Zweig resalta los valores europeos (posiblemente idealizando lo mejor de la cultura centroeuropea) de la libertad, el cosmopolitismo, la tolerancia y la humanidad.

Prólogo

Hay algunos escritores, pocos, que están abiertos a todo el mundo a cualquier edad y en cualquier época de la vida —Homero, Shakespeare, Goethe, Balzac, Tolstói—, y a su vez hay otros que sólo en un determinado momento revelan toda su importancia.

Entre éstos se cuenta Montaigne. Ni se debe ser demasiado joven, ni carecer de experiencias y desengaños para poder valorarlo debidamente y para que su pensamiento libre y certero pueda aportar la máxima ayuda a una generación que, como más o menos la nuestra, se ha visto lanzada por el destino a una sacudida universal tan violenta como una catarata.

Sólo quien en su propia alma agitada haya vivido una época donde, por la guerra, la violencia y las ideologías tiránicas, haya visto amenazada su vida y, dentro de esa vida, la sustancia más preciosa que es su libertad individual, sólo alguien así sabe todo el coraje, toda la honradez y decisión que se requiere para permanecer fiel a su «yo» más íntimo en tales tiempos de estolidez de rebaño.

Sólo cuando alguien ha dudado, presa de la desesperación, hasta de la razón y la dignidad del hombre, puede exaltar como una hazaña el que un individuo permanezca ejemplarmente íntegro en medio de un caos universal.

Que la sabiduría y grandeza de Montaigne sólo pueda valorarla alguien experimentado y probado lo he vivido por mí mismo. Cuando a mis veinte años tomé por vez primera en mis manos sus Ensayos, el único libro en que ha sobrevivido, he de confesar sinceramente que no les saqué mucho provecho.

Continuación

Yo tenía, ciertamente, los suficientes conocimientos literarios como para reconocer con respeto que allí se manifestaba una personalidad interesante, un hombre de singular clarividencia y profundidad —una persona amable además de un artista—, que sabía dar a cada frase y afirmación su sello personal.

Pero mi satisfacción no pasaba de ser la simple satisfacción literaria de un anticuario; faltaba la inflamación interior del entusiasmo apasionado, el transvase de la energía eléctrica de un alma a otra. Ya la misma temática de los Ensayos me pareció bastante lejana y en buena medida sin posibilidad alguna de transmisión a mi propia alma.

¿Qué me importaban a mí, un joven del siglo XX, las extensas divagaciones del Sieur de Montaigne sobre la «Ceremonia de recepción de los reyes» o sus «Consideraciones sobre Cicerón»? Qué escolástico y anacrónico se me antojaba su francés fuera de época, salpicado además de citas latinas. Y ni siquiera establecí relación alguna con su sabiduría serena y templada.

Me llegaba demasiado pronto. Porque ¿qué podía significar la sabia disuasión de Montaigne de que no había que afanarse por ambición alguna, que no había que atarse en forma demasiado apasionada al mundo exterior? ¿Qué podía significar su tranquilizador apremio a la templanza y la tolerancia en una edad fogosa, que no admite desilusiones ni quiere serenarse, sino que inconscientemente desea verse afianzada en su impulso vital?

En la esencia misma de la juventud está el que uno no quiera dejarse aconsejar para la moderación y el escepticismo. Para aquélla cualquier duda es un estorbo, ya que necesita una confianza firme e idealista para dar salida a su íntima fuerza de choque.

Dado su poder entusiasta

Hasta la locura más radical y absurda se le antoja más importante que la sabiduría más elevada, si ésta frena su fuerza de voluntad.

Además, aquella libertad individual, cuyo heraldo más decidido había llegado a ser Montaigne en todas las épocas, ¿necesitaba realmente de una defensa tan encarnizada hacia 1900? Todo aquello ¿no resultaba ya evidente desde mucho tiempo atrás?, ¿no era una posesión, garantizada por la ley y la moral, de una humanidad emancipada desde hacía largo tiempo de la dictadura y de la esclavitud?

El derecho a la propia vida, a las propias ideas y a su libre manifestación de palabra o por escrito eran evidentemente algo que nos pertenecía como el aliento de nuestra boca y los latidos de nuestro corazón. El mundo nos estaba abierto, país a país; nosotros no éramos prisioneros del Estado, no estábamos sujetos al servicio militar, ni estábamos sometidos al capricho de unas ideologías tiránicas.

Nadie estaba en peligro de ser proscrito, desterrado, encarcelado ni expulsado. Por todo ello, a los ojos de nuestra generación, Montaigne parecía agitar insensatamente unas cadenas que creíamos rotas desde hacía mucho tiempo, sin caer en la cuenta de que el destino las había vuelto a forjar de nuevo para nosotros, más recias y duras que nunca.

Título: El legado de Europa
Autores: Stefan Zweig
Tipo: Libro
Idioma: Español
Formato: PDF-EPUB

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