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William Butler Yeats – Una visión (PDF-EPUB)

William Butler Yeats – Una visión (PDF-EPUB)

William Butler Yeats - Una visión (PDF-EPUB)

William Butler Yeats – Una visión (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro William Butler Yeats – Una visión (PDF-EPUB)

Montañas que protegen la bahía de todos los vientos menos del que sopla del sur; peladas ramas marrones de vides bajas y árboles altos que emborronan su contorno como con una bruma tenue; casas que se reflejan en un mar casi inmóvil; un hastial con galería, a un par de millas, sugiere una pintura china. Es la fina silueta de recortada madreperla de Rapallo. El pueblecito descrito en la Oda a una urna griega.

¿En qué mejor lugar podría pasar yo los inviernos que aún me quedan, teniendo prohibidos los de Dublín y los de todas las ciudades repletas de gente y de excitación? Por la ancha calzada que hay junto al mar transitan campesinos y obreros italianos, gente que sale de las tiendecitas, un famoso dramaturgo alemán, el hermano del barbero con pinta de profesor de Oxford, un patrón de barco inglés retirado, un príncipe italiano descendiente de Carlomagno y no más rico que todos nosotros, unos cuantos turistas que buscan tranquilidad. Como no hay aquí un puerto lleno de yates, ni una gran playa de arena amarilla, ni un gran salón de baile, ni un gran casino, los ricos trasladan a otra parte sus vidas intensas.

No me faltará con quien conversar. Ezra Pound, cuyo arte es opuesto al mío, cuya crítica elogia lo que yo más condeno, hombre con el que más discutiría si no fuera por el afecto que nos une, hace años que vive en un piso que da a una azotea junto al mar. Durante la última hora hemos estado sentados en esa azotea, que es también jardín, hablando de ese espléndido poema del que hay ya publicados veintisiete cantos. A menudo he encontrado en él, brillantemente impresos, reyes, reinas, jotas, pero jamás he averiguado por qué no pueden organizarse los palos de la baraja en un orden totalmente distinto. Ahora me explica por fin que, una vez concluido el canto centésimo, revelará una estructura semejante a la de una fuga de Bach. No habrá argumento, ni crónica de acontecimientos, ni discurso lógico, sino dos temas: El descenso al Hades de Homero, una Metamorfosis de Ovidio y, mezclados en ambos asuntos, personajes históricos medievales y modernos. Ha intentado producir ese cuadro que Porteus atribuyó a Nicolás Poussin en Le Chef d’oeuvre inconnu, donde todo se redondea o cobra volumen sin bordes, sin contornos —convencionalismos del intelecto—, a partir de una mancha de matices y sombras; realizar una obra igual de característica del arte de nuestro tiempo que todos los cuadros de Cézanne, declaradamente sugeridos por Porteus, y que el Ulises y su asociación onírica de palabras e imágenes; un poema en el que no hay nada que se pueda aislar y analizar, nada que no forme parte del poema mismo. Ha garabateado en el dorso de un sobre determinadas series de letras que representan emociones o acontecimientos arquetípicos —no encuentro definición apropiada—: ABCD y luego JKLM; a continuación, cada serie de letras repetida, luego ABCD invertidas y repetida dicha inversión, y después un nuevo elemento: XYZ, luego ciertas letras que no se repiten, y después toda suerte de combinaciones con XYZ y JKLM y ABCD y DCBA; y girando juntas todas las series. Me ha mostrado en la pared la fotografía de una decoración de Cósimo Tura en tres compartimientos: en el superior, el Triunfo del Amor y el Triunfo de la Castidad; en el de en medio, los signos del zodíaco, y en el de abajo, ciertos acontecimientos del tiempo de Cósimo Tura. El descenso y la Metamorfosis —ABCD y JKLM—, elementos fijos para el poeta, ocupaban el lugar del zodíaco; los personajes arquetípicos —XYZ—, el de los triunfos; y ciertos acontecimientos modernos —las letras que no se repiten—, el de los acontecimientos coetáneos de Cósimo Tura.

Puedo ver, ahora que he recobrado el sosiego, que la estructura matemática, cuando se incorpora a la imaginación, es más que matemática, que detalles aparentemente inconexos encajan en un tema único, que no hay chapucería en el tono o el color, todo es bodos chameliontos, aparte algún pequeño rincón donde uno descubre un hermoso detalle, como ese pie admirablemente modelado en el cuadro desastroso de Porteus.

A veces, hacia las diez de la noche, le acompaño a una calle donde hay, a un lado, hoteles, y al otro palmeras y el mar; y allí, sacándose del bolsillo huesos y trozos de carne, empieza a llamar a los gatos. Conoce todas sus historias: el gato manchado parecía un esqueleto hasta que él empezó a alimentarlo; ese gato gordo y gris es el favorito del dueño de un hotel, nunca pide junto a las mesas de los huéspedes y expulsa del jardín a los gatos que no pertenecen al hotel; aquel gato negro y aquél gris de allá se pelearon en el tejado de un edificio de cuatro plantas hace unas semanas, cayeron hechos una bola furiosa de uñas y pelo, y ahora se rehuyen. Sin embargo, ahora que evoco la escena, creo que no siente ningún afecto por los gatos —«algunos son tremendamente desagradecidos», dice un amigo—; jamás acaricia al gato del café; no le imagino con un gato de su propiedad. Los gatos viven oprimidos; los perros les imponen su terror, las patronas los matan de hambre, los chicos los apedrean, todo el mundo habla de ellos con desprecio. Si fuesen seres humanos podríamos hablar de la calculada violencia de sus opresores, unir nuestra fuerza a la de ellos, incluso organizar a los oprimidos y, como buenos políticos, trocar nuestra caridad por poder. Examino su actividad crítica bajo esta nueva luz, su elogio de los escritores perseguidos por la mala suerte, de aquellos a los que la Guerra ha dejado mutilados o postrados en la cama; y a continuación evoco el recuerdo de una persona, lo más distinta de él que cabe imaginar, única amiga que me queda de mi pasada adolescencia, la cual ha crecido desmedrada a causa de la injusticia de lo que parece ser su ciega nobleza de compasión: «Combatiré la crueldad de las ambiciones mezquinas —me escribió una vez— hasta la muerte». ¿Es esta compasión una característica de la generación de Ezra Pound que ha sobrevivido al movimiento romántico, y de la de ella y mía que lo hemos visto morir —también yo soy revolucionario—, una gota de histeria todavía en el fondo de la copa?

Título: Una visión (PDF-EPUB)
Autores: William Butler Yeats
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 3.0 MB
Formato: PDF-EPUB

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William Butler Yeats - Una visión (PDF-EPUB) Introduccion del Libro William Butler Yeats - Una visión (PDF-EPUB) Montañas que protegen la bahía de todos los vientos menos del que sopla del sur; peladas ramas marrones de vides bajas y árboles altos que emborronan su contorno como con una bruma tenue; casas que se reflejan en un mar casi inmóvil; un hastial con galería, a un par de millas, sugiere una pintura china. Es la fina silueta de recortada madreperla de Rapallo. El pueblecito descrito en la Oda a una…

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