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William Boyd – Un buen hombre en África (PDF-EPUB)

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William Boyd - Un buen hombre en África (PDF-EPUB)

William Boyd – Un buen hombre en África (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro William Boyd – Un buen hombre en África (PDF-EPUB)

—Eres un buen chico —dijo Dalmire, aceptando gustoso el vaso de ginebra que le tendía Morgan Leafy—. Sí, señor.

Este tiparraco me ofrece su camaradería como un regalo, pensó Morgan; parece un perro esperando que le lancen un hueso para salir disparado en su busca; si tuviera cola, estaría moviéndola en este momento.

Morgan sonrió y brindó. Te odio, chulo asqueroso, juró para sí. Eres un mequetrefe, una cataplasma; lo único que has conseguido es arruinar mi vida.

—¡Enhorabuena! —dijo no obstante—. Es una chica estupenda. Fabulosa. Eres un tío con suerte.

Dalmire se puso de pie y se acercó a la ventana que daba a la entrada principal del Consulado general. De los techos de los vehículos aparcados subía una nube vibrante de calor, y una luminosidad imperturbable y grisácea envolvía el paisaje. Era media tarde, el termómetro rondaba los treinta y cinco grados y faltaba menos de una semana para las Navidades.

Morgan lanzó una mirada displicente a Dalmire, que se estaba despegando el fondo del pantalón, empapado de sudor. Ay, Priscilla, Priscilla. ¿Por qué él? ¿Por qué Dalmire y no yo?, se quejó interiormente.

—¿Y qué, ya está fijada la fecha? —inquirió, afectando una curiosidad desinteresada.

—Aún falta bastante —replicó Dalmire—. A la mamá le gustaría en primavera. Y a Pris también. A mí me parece bien la fecha —hizo un gesto en dirección de los nubarrones que se cernían amenazadores sobre esa vasta y herrumbrosa aglomeración que era la ciudad de Nkongsamba, capital de la región centro-occidental de Kinyanya, en el África occidental—. Parece que va a caer un buen chaparrón.

Morgan lo pensó mejor, y, en vez de volver a colocar la ginebra en el cajónfichero, se sirvió otro lingotazo. Agitó la verde botella ante los ojos de Dalmire, el cual se echó las manos a la cabeza fingiendo estupefacción.

—Vade retro, Morgan, creo que no voy a beber más hasta la noche.

Morgan llamó a Koyo, su secretario, que acudió rápidamente del despacho contiguo. Era un hombre pequeño, vivaracho y pulcro: camisa blanca almidonada, corbata, pantalones de franela azules y zapatos negros bastante holgados. En presencia de Koyo, Morgan se sentía un patán.

—Oye, Koyo. Tónica, tónica. Más tónica —dijo, intentando dominarse.

—Ahora mismito, jefe —repuso Koyo, dándose media vuelta.

—Un momento. ¿Qué es lo que llevas ahí?

Koyo llevaba en la mano una sarta de confetis y serpentinas.

—Adornitos para la Navidad, señor. Para su despacho. Yo me dije: a lo mejor este año…Morgan volvió los ojos hacia el cielo:

—Ni hablar —gritó—. No quiero nada de eso aquí. —Bonitas Navidades me esperan a mí, pensó con amargura. Pero luego, ante la mirada de asombro de Dalmire, dijo en tono más razonable:

—Tú no traer estas cosas aquí. A mí no gustar verlas por aquí.

Koyo sonrió como si no hubiera oído el patoso inglés africano de su jefe. Morgan escudriñó en vano la expresión del hombrecito que tenía ante él en busca de algún signo de resentimiento o desprecio. Sintió una vergüenza repentina por su falta de tacto: Koyo no tenía la culpa de que Dalmire y Priscilla hubieran decidido casarse.

—No se preocupe, jefe —contestó Koyo cortésmente—. Será como todos los años. En seguida le traigo la tónica —y salió.

—Parece un buen chaval —comentó Dalmire con las cejas enarcadas.

—En efecto, lo es —confirmó Morgan, algo sorprendido por esta idea—. Es un hombre eficacísimo.

En ese momento deseó ardientemente que se largara Dalmire y lo dejara en paz.

La noticia que le había traído era demasiado deprimente como para seguir mostrándose afable durante más tiempo. Se maldijo tontamente por no haber prestado más atención a Priscilla durante las últimas semanas; claro que habían sido unos días lo que se dice realmente abominables, de los peores de su en general arrastrada vida en este frustrante y podrido país. Bueno, no le des más vueltas, se aconsejó; solo conseguirás que todo te parezca más negro. Piensa más bien en Hazel, en su nuevo piso. Acude a la barbacoa del club esta noche. Para qué elucubrar sobre lo que pudo haber sido y no fue.

Miró a Dalmire, su subordinado, tercero en el escalafón. Se dio cuenta de que, en realidad, siempre le había caído bastante gordo. Desde el día mismo de su llegada.

Esa mal disimulada prepotencia característica de los que han estudiado en Oxford o en Cambridge. Lo simpático que le había resultado a Fanshawe desde el primer momento (Fanshawe era el cónsul general británico en Nkongsamba y el padre de Priscilla)…

Título:Un buen hombre en África (PDF-EPUB)
Autores: William Boyd
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.9 MB
Formato: PDF-EPUB

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William Boyd - Un buen hombre en África (PDF-EPUB) Introduccion del Libro William Boyd - Un buen hombre en África (PDF-EPUB) —Eres un buen chico —dijo Dalmire, aceptando gustoso el vaso de ginebra que le tendía Morgan Leafy—. Sí, señor. Este tiparraco me ofrece su camaradería como un regalo, pensó Morgan; parece un perro esperando que le lancen un hueso para salir disparado en su busca; si tuviera cola, estaría moviéndola en este momento. Morgan sonrió y brindó. Te odio, chulo asqueroso, juró para sí. Eres un…

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