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William Boyd – Esperando el alba (PDF-EPUB)

William Boyd – Esperando el alba (PDF-EPUB)

William Boyd - Esperando el alba (PDF-EPUB)

William Boyd – Esperando el alba (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro William Boyd – Esperando el alba (PDF-EPUB)

Es un día de verano limpio y deslumbrante en Viena. De pie en el pentágono oblicuo de luz muy amarilla que se proyecta en la esquina afilada de Augustinerstrasse y Augustinerbastei, frente al Teatro de la Ópera, observas indolente el mundo que pasa ante ti, esperando que algo o alguien llame tu atención, despierte un revoloteo de interés. En el aire de la ciudad se siente, hoy, una tensión rara, casi primaveral, y aunque la primavera terminó hace mucho, reconoces esa ligera inquietud recién estrenada en la gente que pasa, esa expectativa que se agita en el ambiente, esa posibilidad de descaro, aunque quién sabe qué descaro puede darse aquí, en Viena. Aun así, mantienes los ojos muy abiertos, permaneces extrañamente alerta, listo para recibir cualquier cosa —una miga de pan, una moneda—, que el mundo arroje sin querer en tu dirección.

Y entonces ves, a tu derecha, a un joven que abandona a pie el Hofgarten. Tendrá poco menos de treinta años, es casi elegante a la manera convencional, pero capta tu mirada porque no lleva sombrero, toda una anomalía en esta multitud ajetreada de vieneses, tocados todos, hombres y mujeres. Y cuando ese joven casi convencionalmente elegante pasa junto a ti, caminando con decisión, te fijas en su pelo castaño, muy fino, movido por la brisa, en su traje gris claro, en sus zapatos color borgoña muy bien lustrados. Es de estatura media, pero ancho de hombros, con algo de la complexión y el equilibrio de un deportista, según constatas cuando se aleja, cuando se encuentra ya a dos pasos de ti. Va bien rasurado, lo que también resulta atípico en la ciudad de las barbas y los bigotes, y no te pasa por alto el buen corte de su chaqueta entallada. Los pliegues de un pañuelo de seda azul celeste desbordan holgadamente el bolsillo de la pechera. Hay algo atildado, estudiado en su manera de vestir; así como es casi convencionalmente elegante, también es casi un dandi. Decides seguirlo durante un minuto o dos, vagamente intrigado, y porque no tienes otra cosa que hacer.

Se detiene en seco frente a la entrada de Michaelerplatz, permanece inmóvil, mira algo que hay pegado en una valla, y vuelve a ponerse en marcha con prisas, como si llegara tarde alguna cita. Lo sigues por la plaza, hasta Herrengasse; los rayos oblicuos del sol perfilan los detalles de los edificios macizos y señoriales, dibujan sombras oscuras, definidas, sobre las cariátides y los frisos, los frontones y las cornisas, las balaustradas y los arquitrabes. Vuelve a parar, frente al quiosco que vende periódicos revistas extranjeras. Escoge The Graphic, lo paga, lo desdobla y abre para echar un vistazo a los titulares. Ah, es inglés… Qué aburrido. Tu curiosidad mengua por momentos. Das media vuelta y regresas al pentágono de sol que acabas de abandonar en la esquina, con la esperanza de que otras posibilidades más estimulantes se crucen en tu camino, dejando que el joven inglés siga avanzando hacia dondequiera o hacia quienquiera que se encaminara con tanta determinación…

Lysander Rief pagó el The Graphic, impreso hacía tres días (en su edición de ultramar), leyó un titular —«Firma de Armisticio en Bucarest: Fin de la segunda guerra balcánica»— y en un gesto reflejo se pasó la mano por el pelo fino. ¡El sombrero! ¡Maldita sea! ¿Dónde lo había dejado? En el banco —claro—, en el Hofgarten, donde había pasado diez minutos contemplando unas flores, devorado por la duda, preguntándose, inquieto, si estaba haciendo bien, inseguro de pronto de sí mismo, de su viaje a Viena y de lo que presagiaba. ¿Y si todo era un error, una vana esperanza, y en el fondo inútil? Consultó la hora en su reloj de pulsera. Maldita sea, otra vez. Si volvía sobre sus pasos, llegaría tarde a la cita. Le gustaba aquel sombrero, su canotier de ala estrecha con la cinta de seda granate, comprado en Lockett’s, en Jermyn Street. Alguien lo habría robado al momento, de eso estaba seguro, razón de más para no regresar al parque, y, tras maldecirse de nuevo por su distracción, volvió a enfilar Herrengasse. Aquello demostraba, pensó, lo tenso, lo preocupado que estaba. Levantarse y alejarse del banco de un parque sin ponerse el sombrero, sin pensarlo siquiera… Era evidente que sentía aún mayor inquietud y temor ante aquel encuentro de lo que indicaba su nerviosismo más manifiesto y comprensible.

«Cálmate —se dijo, mientras oía el repicar acompasado de las medialunas metálicas encajadas en los tacones de cuero de sus zapatos, que entrechocaban contra los adoquines—. Cálmate. Ésta es sólo la primera cita, puedes no volver, regresar a Londres. Nadie te ha puesto una pistola en la sien para obligarte»…

Título:Esperando el alba (PDF-EPUB)
Autores: William Boyd
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.9 MB
Formato: PDF-EPUB

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William Boyd - Esperando el alba (PDF-EPUB) Introduccion del Libro William Boyd - Esperando el alba (PDF-EPUB) Es un día de verano limpio y deslumbrante en Viena. De pie en el pentágono oblicuo de luz muy amarilla que se proyecta en la esquina afilada de Augustinerstrasse y Augustinerbastei, frente al Teatro de la Ópera, observas indolente el mundo que pasa ante ti, esperando que algo o alguien llame tu atención, despierte un revoloteo de interés. En el aire de la ciudad se siente, hoy, una tensión rara, casi primaveral,…

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