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W. R. Burnett – Vanity Row (PDF-EPUB)

W. R. Burnett – Vanity Row (PDF-EPUB)

W. R. Burnett - Vanity Row (PDF-EPUB)

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Introduccion del Libro W. R. Burnett – Vanity Row (PDF-EPUB)

Todos los periódicos dijeron que había grandes tormentas en la totalidad del Midwest, desde los Grandes Lagos, al Norte, hasta el río Ohio, al Sur, y desde los límites de Pensilvania, al Este, hasta las llanuras de Kansas, en el Oeste; pero, hasta el momento, no se había desencadenado ninguna tempestad sobre la gran ciudad, que se alzaba junto al ancho río de aguas lentas. Existía, sin embargo, una atmósfera tormentosa, un ambiente de ahogo e inquietud y la noche era pesada y negra, reflejando el empañado brillo rojizo de las luces de la ciudad, mientras una llovizna fina, poco más que una húmeda neblina, iba cayendo entre las fachadas, empapadas y relucientes por el agua, de los grandes edificios de los barrios centrales.

El reloj del Centro Cívico dio una campanada —las once y media— y el sonido vibró en el aire, húmedo y pesado; el enorme minutero, en la gran esfera iluminada, emprendió su lenta ascensión hacia la medianoche. Era un lunes. La ciudad estaba casi desierta, y el río deslizaba su corriente, negra y silenciosa, hacia el Sur, bajo los puentes colosales, de múltiples arcos, vacíos de tráfico.

Rosey, el joven vendedor italiano de periódicos, cubierto con un impermeable negro, maldecía al mal tiempo y estaba dudando si irse a su casa y mandarlo todo al diablo; pero tenía sus clientes fijos y no podía desatenderlos: gentes que, todas las noches, salían de los establecimientos de las bocacalles, no muy seguros a veces sobre sus pies, para comprarle la última edición con el resultado de las carreras o de los partidos de base-ball. No faltaban, entre ellos, los jugadores que daban poco valor al dinero y se mostraban generosos en la cuestión del cambio, acostumbrando a dejárselo con un liberal: «quédatelo para ti». Rosey disponía de un buen rincón, bien protegido. Algo más abajo, en la misma calle, lucía la luz verde de la Comisaría de Policía del Centro. Allí, todos los agentes y guardias conocían a Rosey y lo apreciaban. El muchacho era fuerte y vigoroso y estaba siempre dispuesto a pelearse por un quítame allá esas pajas. Tenía 14 años y era bajo para su edad, pero duro y nervioso. A algunos de los policías les gustaba pincharle un poco para ver cómo se enardecía. Él se hubiera peleado con cualquiera de ellos, si fuera preciso…

Rosey encendió un «mataquintos» que alguien le había dado y, bajo el gran pórtico del Banco Agrícola y Ganadero, se dedicó a expeler lentas bocanadas de humo y a contemplar melancólicamente la solitaria calle cubierta por la niebla. Había apilado sus periódicos para protegerlos de la lluvia, y al cabo de un momento se sentó encima de uno de los paquetes para esperar a la clientela. Los lunes por la noche eran, generalmente, desastrosos en el Centro… y con ese cochino tiempo…

Un enorme camión que arrastraba un remolque casi del mismo volumen, se detuvo frente al muchacho obedeciendo la señal luminosa de parada y petardeando ruidosamente. El chófer se asomó por la ventanilla de la cabina y llamó a Rosey.

Estaba a tanta altura como el maquinista de una locomotora. Rosey cogió un puñado de periódicos, corrió hacia el camión y se quedó a su lado, mirando hacia arriba con una especie de espantado asombro… ¡Rediez! ¡Qué debía ser el conducir un monstruo como aquél, toda la noche…!

—Dame el Racing Farm, muchacho —gritó el chófer de facciones curtidas—. Y el World. ¿Han ganado los Yanks?

Rosey, empinándose, le entregó los periódicos y el chófer le tiró una moneda.

—Sí —dijo el muchacho—. Dimag se llevó la palma.

—¡Maldita sea! —exclamó el chófer—. ¡Esos Yanks…! Había hecho una apuesta fuerte a favor del Cleveland. Y con buenas probabilidades, además. ¿Por qué no habrán reventado esos Yanks?

—¿Qué lleva usted en el camión? —le preguntó el chico.

—Comestibles. Toneladas de comestibles. ¿Por qué?

—¿Y va usted a conducir toda la noche?

—Sí. A Toledo. Carretera 81. Y va a hacer una mala noche.

La luz de tráfico cambió con un chasquido metálico desafinado.

—Ve a que te examinen la cabeza, chaval —gritó el chófer mientras arrancaba entre las sobrecogedoras detonaciones del motor.

Título: Vanity Row (PDF-EPUB)
Autores: W. R. Burnett
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.5 MB
Formato: PDF-EPUB

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W. R. Burnett - Vanity Row (PDF-EPUB) Introduccion del Libro W. R. Burnett - Vanity Row (PDF-EPUB) Todos los periódicos dijeron que había grandes tormentas en la totalidad del Midwest, desde los Grandes Lagos, al Norte, hasta el río Ohio, al Sur, y desde los límites de Pensilvania, al Este, hasta las llanuras de Kansas, en el Oeste; pero, hasta el momento, no se había desencadenado ninguna tempestad sobre la gran ciudad, que se alzaba junto al ancho río de aguas lentas. Existía, sin embargo, una atmósfera tormentosa, un…

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