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Violaine Vanoyeke – Mesalina (PDF-EPUB)

Violaine Vanoyeke – Mesalina (PDF-EPUB)

Violaine Vanoyeke - Mesalina (PDF-EPUB)

Violaine Vanoyeke – Mesalina (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Violaine Vanoyeke – Mesalina (PDF-EPUB)

No llevaba muerto tres meses el emperador Tiberio cuando ya el pueblo se entusiasmaba por su sucesor, Cayo César, el hijo del célebre Germánico, quien llevaba el sobrenombre que le habían dado los legionarios de su padre a las orillas del Rin, calígula, «botita». En todos los lugares públicos resonaban los gritos de la multitud: «¡Tiberio al Tíber!», aullaban los que habían tenido motivos de agravio por causa de las locuras criminales del emperador difunto; éstos eran numerosos y contagiaban su pasión a las gentes del pueblo, al tiempo que todos los romanos aclamaban a su «pequeño», a su «nuevo astro», Cayo César. Este joven de veinticuatro años adoptado por Tiberio, a quien los caprichos de la fortuna habían colocado de pronto a la cabeza del Imperio romano, se beneficiaba de la inmensa popularidad de su padre Germánico, cuya modestia, cortesía y brillantes victorias sobre los germanos seguían vivos en todos los corazones, aunque hiciera ya ocho años que había muerto. Su juventud y los peligros que había corrido en la corte de Tiberio habían hecho crecer ya ese aura, y por no desmentir esta gloria precoz desde que subió al trono se había mostrado afable, buen administrador, economizador de los denarios públicos, pero generoso con el pueblo: eso era lo único que precisaba para seducir a la turba romana, ávida y versátil.

Calígula se instaló en el Palatino, en el palacio en el que había residido su sanguinario predecesor antes de que abandonara Roma para ir a la Isla de Capri, a la que había convertido simultáneamente en una suntuosa fortaleza, un centro administrativo del que partían las condenas de muerte y el más prodigioso lugar de libertinaje. El palacio de Tiberio ocupaba la parte occidental del monte Palatino.

Estaba limitado al sur por la plaza en la que se elevaba el templo de elegantes columnas corintias de la diosa oriental Cibeles, a la que los romanos llamaban la Gran Madre. El pueblo accedía allí por una escalera de toba rosada. A pesar del tamaño ya respetable de esta morada imperial, que se extendía en paralelo con el pequeño palacio de Augusto, Calígula soñaba con extenderla hacia el norte, hasta el atrio de las vestales y el foro.

Se acercaba la hora décima y el sol, descendiendo suavemente en el cielo, iluminaba el verdor de la prestigiosa colina, a la que amarilleaba casi con sus rayos, y animaba con su esplendor el bronce dorado de la cuadriga solar que dominaba la parte frontal del templo de Apolo, adosado a la casa de Augusto. Los pájaros, que habían echado a volar desde Velabro, el barrio construido sobre las antiguas marismas que dominaba el Palatino, se posaban en el borde de las ventanas y contaban las leyendas de la gruta del lupercal, donde la mítica loba había alimentado a los gemelos Rómulo y Remo antes de que el pastor Fáustulo los recogiera. En esta hora los extranjeros comenzaban a apretujarse al pie de la colina para visitar la cabaña del buen pastor y la gruta escondida desde hacía ocho siglos en el bosque consagrado al dios Pan, guardada por la higuera bajo la cual había varado la cuna de mimbre de los gemelos abandonados a la orilla de las aguas del Tíber.

Tiberio Claudio Germánico, hermano del gran Germánico, a quien de manera más simple llamaban Claudio, leía un poema de Ovidio en la biblioteca de palacio.

Invitado por Calígula a compartir su almuerzo, había llegado tarde, y el emperador no había querido recibirlo. Así se complacía en burlarse de su tío y le castigaba, sabiendo que era un comilón y que le gustaba prolongar su comida durante horas, a pesar de sus dolores estomacales. Aunque ello le irritaba, Claudio no lo demostraba, pues temía atraer la cólera del emperador. Había aprendido a disimular sus sentimientos durante todo el reinado de Tiberio, y ello le había permitido sobrevivir a un emperador a quien obsesionaba el temor a los complots y el resentimiento…

Título: Mesalina (PDF-EPUB)
Autores: Violaine Vanoyeke
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.9 MB
Formato: PDF-EPUB

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Violaine Vanoyeke - Mesalina (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Violaine Vanoyeke - Mesalina (PDF-EPUB) No llevaba muerto tres meses el emperador Tiberio cuando ya el pueblo se entusiasmaba por su sucesor, Cayo César, el hijo del célebre Germánico, quien llevaba el sobrenombre que le habían dado los legionarios de su padre a las orillas del Rin, calígula, «botita». En todos los lugares públicos resonaban los gritos de la multitud: «¡Tiberio al Tíber!», aullaban los que habían tenido motivos de agravio por causa de las locuras criminales del emperador difunto; éstos eran numerosos y…

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