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Violaine Vanoyeke – El secreto del faraón (PDF-EPUB)

Violaine Vanoyeke – El secreto del faraón (PDF-EPUB)

Violaine Vanoyeke - El secreto del faraón (PDF-EPUB)

Violaine Vanoyeke – El secreto del faraón (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Violaine Vanoyeke – El secreto del faraón (PDF-EPUB)

Alexandros besó a su tío con cariño. Aunque le entristecía sumamente abandonarlo, su partida se había hecho necesaria.

El anciano, que a sus sesenta y siete años conservaba una perfecta lucidez y cuyo juicio era respetado en la pequeña población macedonia de Philippi, movió dubitativamente la cabeza mientras observaba a su sobrino con unos ojos tan azules como el agua del mar Egeo.

—Cuánto has crecido, muchacho —le dijo—, y eso me da miedo. He rezado a los dioses durante más de quince años para que, algún día, no condujeran tus pasos a Alejandría. He sacrificado bueyes y ovejas en su honor, ¡y hete aquí, hoy, atraído por esa ciudad maldita!

—Tío, quiero proseguir las investigaciones sobre la historia de mi país.

—Bien lo sé y te creo sincero, pero también me ocultas muchas cosas…

El joven bajó los ojos ante la inquisidora mirada de su tío.

—Reconozco que Philippi no es el lugar más apropiado para este tipo de investigaciones, pero podrías ir a Atenas… ¿Por qué has elegido Alejandría?

—Porque la biblioteca de Alejandría contiene documentos sobre Alejandro y sus generales. El faraón ha aceptado poner un escriba y un archivero a mi disposición por algunos días para que me ayuden en mi tarea.

Kruptos se apoyó en su bastón para levantarse. Era de poca estatura y caminaba encorvado.

—Te conozco, Alexandros. He cuidado de ti desde que tenías cuatro años, no lo olvides, e intuyo que me ocultas algo… También presiento una gran desgracia.

Alexandros creyó oportuno tranquilizarlo.

—Ahora soy ya un hombre. He crecido y soy fuerte. He participado con éxito en numerosas competiciones deportivas y he superado todas las pruebas…

—Pues eso es precisamente lo que me preocupa. Te sientes fuerte y corres el riesgo de enfrentarte a los mayores peligros porque te crees más robusto de lo que eres.

La pequeña casa blanca de Kruptos estaba en las afueras de la población. La rodeaba un huerto donde crecían legumbres y dos olivos de tronco nudoso.

Kruptos abandonó la terraza sombreada por una parra por la que trepaban plantas aromáticas y entró en el comedor.

—Ven —le dijo a su sobrino—. Acompáñame.

Convencido de que su tío seguiría intentando disuadirlo, Alexandros lanzó un suspiro antes de obedecer. Lo siguió hasta la alcoba del anciano. Kruptos levantó la tela que cubría la ventana e impedía que los rayos de sol entraran en la estancia; luego, extrajo torpemente de debajo de su yacija un cofrecillo y lo abrió.

—Eres tan testarudo como tu padre, en paz descanse. No intentaré pues impedir que te marches. Embarcarías por la noche y acabarías corriendo mayores peligros.

Prefiero que te vayas en las mejores condiciones, con una tripulación responsable que conozca el mar y te lleve a buen puerto en un rápido bajel. Tus padres vivían en la abundancia cuando murieron. Vendí algunos de sus bienes y obtuve un buen precio.

Siempre he considerado que ese dinero te correspondía, de modo que no lo gasté, ni siquiera para pagar tus estudios o para tu manutención.

Como Alexandros se disponía a protestar, Kruptos lo interrumpió con un gesto.

—He vivido siempre feliz. No nos ha faltado nada, no era necesario tocar este dinero. Hoy te lo entrego. Haz buen uso de él.

Alexandros miró estupefacto el cofre.

—Pero tío, ¡eso supone una fortuna! Habrías podido comprarte una propiedad, un barco nuevo, emplear esclavos… Quiero que te lo quedes en agradecimiento por el afecto que siempre me has demostrado.

—¡Ni hablar! Sólo te pido que utilices esta herencia con sensatez, que actúes dignamente y pienses en tu padre y en mí.

Alexandros lo besó. El joven era alto para ser macedonio. Sus cabellos, castaños y rizados, enmarcaban un rostro redondo de ojos sorprendentemente claros. Su aspecto de atleta le había permitido ser seleccionado, a los dieciocho años, para competiciones atléticas en las que participaban campeones del mundo entero.

—Deja que te ofrezca, al menos, una embarcación nueva —insistió Alexandros.

Kruptos agachó la cabeza.

—¿A mi edad? ¡Pero si ni siquiera vivimos a orillas del mar!

—¡Pero tú sales de pesca en tu vieja barcaza! Las pocas millas que separan el pueblo del mar no son ningún impedimento. Vamos, mañana mismo iremos a comprar un barco digno de ese nombre. No faltan por aquí, con todos nuestros bosques y los excelentes carpinteros que trabajan en esta ciudad. ¡Elegiremos el mejor!

Título: El secreto del faraón (PDF-EPUB)
Autores: Violaine Vanoyeke
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.8 MB
Formato: PDF-EPUB

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Violaine Vanoyeke - El secreto del faraón (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Violaine Vanoyeke - El secreto del faraón (PDF-EPUB) Alexandros besó a su tío con cariño. Aunque le entristecía sumamente abandonarlo, su partida se había hecho necesaria. El anciano, que a sus sesenta y siete años conservaba una perfecta lucidez y cuyo juicio era respetado en la pequeña población macedonia de Philippi, movió dubitativamente la cabeza mientras observaba a su sobrino con unos ojos tan azules como el agua del mar Egeo. —Cuánto has crecido, muchacho —le dijo—,…

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