Libros y Solucionarios Más Descargados
Inicio » Literatura » Literatura 4 » V. C. Andrews – Corazones caídos (PDF-EPUB)

V. C. Andrews – Corazones caídos (PDF-EPUB)

V. C. Andrews – Corazones caídos (PDF-EPUB)

V. C. Andrews - Corazones caídos (PDF-EPUB)

V. C. Andrews – Corazones caídos (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro V. C. Andrews – Corazones caídos (PDF-EPUB)

Permanecí sentada largo rato en el porche frontal de la cabaña, leyendo y releyendo la carta que había escrito a papá. Era una tibia mañana de mayo, pues ya la primavera dejaba paso a un verano cálido. Parecía que mi mundo de montaña había despertado conmigo del frío y oscuro invierno de la muerte y la tristeza, calentándose poco a poco con la promesa de la primavera y estallando, finalmente, en un cálido y floreciente verano. Los jilgueros y los petirrojos cantaban, saltando de rama en rama, agitando dulcemente las hojas. La luz del sol se abría camino entre los árboles, y tejía hebras doradas desde el abedul al nogal y al arce, y las hojas eran transparentes allí donde el sol las bañaba. El mundo era glorioso y vivo.

Respiré profundamente, aspirando el perfume dulce y fresco de los capullos de las flores y las exuberantes hojas verdes. El cielo, encima de mí, tenía un profundo color azul y pequeñas nubes, como algodón de azúcar, se alargaban y curvaban en formas deliciosas como bebés que se estirasen entre sueños.

Logan había estado allí desde el día en que volví a Winnerow. Había estado allí durante los terribles días posteriores a la muerte de Tom, mientras papá estaba en el hospital. Había estado allí después de que papá hubiese regresado, con Stacie y el pequeño Drake, a su propia casa de Georgia. Había estado allí cuando murió el abuelo, dejándome sola en la cabaña de mi infancia, ahora reconstruida y amueblada de nuevo, convertida en un hogar confortable. Había estado allí el primer día en el que yo había comenzado a dar clases a mis queridos alumnos del Instituto Winnerow.

Ahora me reía de mí misma al recordar aquel primer día en que me preparaba para poner a prueba mi eficiencia, para comprobar si realmente podía ser la profesora que siempre había soñado ser.

Yo había salido de la cabaña, al igual que esta misma mañana, con la intención de hacer una breve pausa, como solía hacer la mayoría de los días, y sentarme en la vieja mecedora del abuelo para contemplar los Willies antes de emprender el camino hacia el instituto. Sólo que, aquella primera mañana, al abrir la puerta, allí vi a Logan, de pie al lado de la escalera, con una sonrisa amplia y feliz, resplandecientes sus ojos color zafiro bajo el sol de la mañana.

—Buenos días, Miss Casteel —dijo. Y me hizo una gran reverencia—. He sido enviado para escoltarla hasta su aula. Es un privilegio del Sistema Escolar Winnerow.

—¡Oh, Logan! —exclamé—, ¿Te has levantado tan temprano para venir aquí…?

—No ha sido tan temprano. Me levanto siempre a esa hora para abrir el drugstore. Desde que éramos estudiantes de instituto ha triplicado su importancia —dijo orgullosamente— y exige mucho más trabajo. Miss Casteel —añadió. Y me tendió la mano.

Bajé los escalones para cogérsela y emprendimos el camino, cuesta abajo, tal como habíamos hecho cuando éramos estudiantes y estábamos enamorados.

Aquello se parecía mucho a los viejos tiempos, cuando Logan y yo caminábamos, soñadores, detrás de Tom y Keith y Nuestra Jane, con Fanny molestándonos, intentando provocar a Logan y apartarle de mí con su comportamiento descarado e impúdico; renunciando finalmente, y apartándose malhumorada al ver que no podía distraer la atención de Logan y apartarlo de mí. Casi oía las voces de mis hermanos y hermanas delante de nosotros. A pesar de lo duras que eran entonces nuestras vidas, los recuerdos me trajeron lágrimas a los ojos.

—¡Eh, eh! —dijo Logan al ver que mis ojos se humedecían—. Éste es un día feliz. Quiero ver aquella sonrisa amplia, y quiero oír el sonido de tu risa recorriendo los Willies, como solía ser entonces.

—Oh, Logan, gracias. Gracias por estar aquí, por preocuparte.

Se paró y me hizo girar hasta quedar cara a cara; sus ojos eran graves y estaban llenos de amor.

—No, Heaven. Soy yo quien ha de darte las gracias por ser tan hermosa y adorable como yo te recordaba. Es como si… —miró a su alrededor buscando las palabras—, como si el tiempo se hubiera detenido para nosotros, y todo lo que creemos que ha sucedido desde entonces, fuese solamente un sueño. Ahora estamos despertando y nuevamente tú estás aquí, yo estoy aquí contigo, y tengo tu mano en la mía. Y jamás volveré a soltarte —prometió.

A través de mis dedos enlazados con los suyos pasó un estremecimiento, un temblor de felicidad que llegó hasta mi corazón y lo hizo latir tan fuertemente como el primer día en que nos besamos, cuando yo tenía solamente doce años. Quería que me besara de nuevo, quería ser aquella misma niña inocente de entonces, pero no lo era. Y tampoco lo era él. Pocos meses antes había corrido el rumor de que Logan pensaba casarse con Maisie Setterton. Pero Maisie pareció haber desaparecido del escenario de la vida de Logan, tan pronto como yo regresé.

Caminamos silenciosamente por el camino del bosque. Veíamos los gorriones castaños y los cardenales rojos revoloteando entre las sombras del bosque, moviéndose con tanta gracia y rapidez que apenas veíamos el movimiento de alguna rama.—

Ya sé —dijo Logan, finalmente— que nuestras vidas tomaron direcciones extrañas y diferentes desde el tiempo en que yo te acompañaba a casa al salir de la escuela, y que todas las promesas que nos hicimos podían parecer, entonces, sueños de adolescentes. Pero me gustaría pensar que el amor que nos teníamos era tan fuerte, que ha superado toda la tragedia y los sinsabores ocurridos desde entonces.

Título: Corazones caídos (PDF-EPUB)
Autores: V. C. Andrews
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.6 MB
Formato: PDF-EPUB

LINKS DE DESCARGA:
Comparte Nuestros Libros!
Facebook
Twitter
Google +
Youtube
Correo
V. C. Andrews - Corazones caídos (PDF-EPUB) Introduccion del Libro V. C. Andrews - Corazones caídos (PDF-EPUB) Permanecí sentada largo rato en el porche frontal de la cabaña, leyendo y releyendo la carta que había escrito a papá. Era una tibia mañana de mayo, pues ya la primavera dejaba paso a un verano cálido. Parecía que mi mundo de montaña había despertado conmigo del frío y oscuro invierno de la muerte y la tristeza, calentándose poco a poco con la promesa de la primavera y estallando, finalmente, en un…

Review Overview

0%

User Rating: Be the first one !
0

Deja un Comentario

Tu dirección de email no será publicada.