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Ted Dekker – Sangre de Emanuel (PDF-EPUB)

Ted Dekker – Sangre de Emanuel (PDF-EPUB)

Ted Dekker - Sangre de Emanuel (PDF-EPUB)

Ted Dekker – Sangre de Emanuel (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Ted Dekker – Sangre de Emanuel (PDF-EPUB)

Un oscuro relato de tiempos pasados; una historia de amor y profunda seduccion; una historia de terrible anoranza y valiente sacrificio. Tanto entonces como ahora, el mal inicia su cortejo bajo un manto de luz, y asi el corazon abraza aquello de lo que deberia huir y olvida que alguna vez tuvo un amor verdadero. Con un beso, el mal devasta cuerpo, alma y mente.Pero aun hay esperanzas, porque el corazon no conoce fronteras. El amor demostrara que es mas fuerte que la lujuria, el sacrificio superara a la seduccion, y correra sangre, porque el corazon siempre se encuentra con violentos adversarios en sus batallas. Si estas desesperado por beber de esta fuente de vida, entra.

Prólogo

Me llamo Toma Nicolescu y fui un guerrero al servicio de Su Majestad la emperatriz de Rusia, Catalina la Grande, quien por su propia mano y tierno corazón me envió a cumplir aquella misión a instancias de su consejero de mayor confianza, Grigory Potyomkin, en el año de nuestro Señor de 1772.

Era un año de guerra; en este caso se trataba de la guerra ruso-turca, una de tantas con el Imperio Otomano. A la hora de dar muerte al enemigo yo me mostraba más vehemente que la mayoría de los que estaban al humilde servicio de la emperatriz, o al menos eso dijeron. Habiéndome ganado la total confianza de Su Majestad por mi lealtad y habilidad, fui enviado por ella al sureste, atravesando Ucrania hasta llegar al principado de Moldavia, exactamente al norte del Mar Negro y al oeste de Transilvania, a la hacienda de la familia Cantemir, enclavada al pie de los Montes Cárpatos.

A mi entender, existía una deuda con los descendientes de la familia de Dimitrie Cantemir, último príncipe de Moldavia, por su lealtad a Rusia. En realidad, se decía que el camino al corazón de Moldavia pasaba por el escudo de Cantemir, pero esto no era más que política. No era de mi incumbencia.

Aquel día yo tenía que viajar a ese remoto y exuberante valle del oeste de Moldavia y dar protección a esta importante familia que se retiraba a su finca cada verano.

Rusia había ocupado Moldavia. Por aquellos alrededores había enemigos con afilados cuchillos y claras intenciones. La peste negra se había cobrado la vida de muchos en las ciudades, sin piedad. En breve sería elegido un gobernante leal a Catalina la Grande para tomar las riendas de este importante principado. La familia Cantemir tendría un papel crítico en esa decisión, ya que gozaba de gran respeto entre todos los moldavos.

Mi encargo era simple: a esta familia, los Cantemir, no podía ocurrirle ningún mal.

El sol se hundía entre los picos de los Cárpatos, a nuestra izquierda, cuando Alek Cardei, mi compañero de armas, y yo detuvimos nuestras monturas y contemplamos el valle a nuestros pies. El gran castillo blanco se alzaba sobre hierba de color esmeralda, con sus pináculos gemelos, a una hora a caballo bajando por aquel sendero sinuoso. Un alto muro de piedra se alzaba a lo largo de todo el costado sur donde el camino llegaba hasta la propiedad. Extensiones de verde césped y jardines rodeaban la propiedad, abarcando diez veces el tamaño de la casa. La finca había sido habilitada por Dimitrie Cantemir en 1711, cuando fue príncipe de Moldavia durante un breve tiempo antes de retirarse a Turquía.

—Veo los pináculos gemelos, pero no veo faldas —dijo Alek entrecerrando los ojos y mirando hacia el valle. Su mano enguantada reposaba sobre la empuñadura dorada de su espada. Una armadura de cuero igual a la mía envolvía su pecho y sus muslos.

Una perilla le cubría la barbilla y se unía a su bigote, pero se había afeitado el resto de la cara un poco antes en el arroyo, adelantándose a su entrada a la ciudad: el héroe que llegaba del extranjero.

Alek, el amante.

Toma, el guerrero.

Miré al anillo de oro que llevaba en mi dedo con la insignia de la emperatriz y me reí para mis adentros. El ingenio y el encanto de Alek resultaban ser siempre buenos amigos durante un largo viaje y él los esgrimía ambos con la misma facilidad y precisión con la que yo movía mi espada.

Hice un gesto con la cabeza a mi rubio amigo cuando volvió sus ojos azules hacia mí.

—Estamos aquí para proteger a las hermanas y su familia, no para casarnos con ellas.

—Así que no puedes negarlo: estás pensando en las hermanas. Ni en la madre ni en el padre, ni en la familia, sino en las hermanas. Esas dos hembras retozonas que son tema de conversación en toda Ucrania —bromeó Alek y volvió la cara hacia el valle con una mueca divertida—. Por fin las perras están en celo.

Por el contrario, aunque Alek no lo sabía, yo había jurado a Su Majestad que no me vería involucrado en nada mientras estuviera aquí en Moldavia. Ella conocía muy bien la reputación de las hermanas y me sugirió que mantuviera la mente clara durante esta larga misión que podía fácilmente proporcionarnos mucho tiempo de ocio.

—Toma, quiero pedirte un favor —dijo ella.

—Por supuesto, Vuestra Majestad.

—Mantente alejado de las hermanas, te lo ruego. Uno de ustedes dos, al menos, debe mantener una mente clara.

—Por supuesto, Vuestra Majestad.

Pero Alek era un tema aparte y no había razón para rechazar su broma. Siempre conseguía animarme.

Si yo fuera mujer me habría enamorado de Alek. Si fuera rey, le habría pagado para que permaneciera en mi corte. Si fuera un enemigo, habría salido corriendo y me habría escondido porque allí donde se encontraba Alek también estaba Toma y tendría la muerte segura a menos de jurar lealtad a la emperatriz.

Pero yo no tenía nada de mujer, nunca aspiré a ser rey y no tenía más enemigo mortal que yo mismo.

Mi vicio era el honor: la caballerosidad cuando procediera, pero en primer lugar lealtad a mi deber. Yo era el amigo de confianza y más cercano de Alek y habría dado mi vida por él sin pensarlo.

Resopló con exasperación.

—He ido contigo al fin del mundo, Toma, y lo volvería a hacer. Pero esta misión nuestra es tarea de tontos. ¿Acaso hemos venido aquí a sentarnos con niños pequeños mientras los ejércitos se alimentan de conquistas?

—Llevas una semana dejándolo bien claro —respondí—. ¿Qué ha ocurrido con tus ansias por las hermanas? Como tú mismo has dicho, se rumorea que son hermosas.

—¡Rumores! Lo único que sabemos es que son gordos y mimados perritos falderos.

¿Qué puede ofrecer este valle que uno no encuentre en las noches de Moscú? Estoy acabado, te lo digo. Preferiría atravesarme con una espada ahora y no tener que sufrir durante un mes en esa mazmorra de ahí abajo.

Yo ya había calado su juego…

Título: Sangre de Emanuel (PDF-EPUB)
Autores: Ted Dekker
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.4 MB
Formato: PDF-EPUB

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Ted Dekker - Sangre de Emanuel (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Ted Dekker - Sangre de Emanuel (PDF-EPUB) Un oscuro relato de tiempos pasados; una historia de amor y profunda seduccion; una historia de terrible anoranza y valiente sacrificio. Tanto entonces como ahora, el mal inicia su cortejo bajo un manto de luz, y asi el corazon abraza aquello de lo que deberia huir y olvida que alguna vez tuvo un amor verdadero. Con un beso, el mal devasta cuerpo, alma y mente.Pero aun hay esperanzas, porque el corazon no…

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