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Stefan Zweig – Romain Rolland (PDF-EPUB)

Stefan Zweig –  Romain Rolland (PDF-EPUB)

Stefan Zweig -  Romain Rolland (PDF-EPUB)

Stefan Zweig – Romain Rolland (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Stefan Zweig –  Romain Rolland (PDF-EPUB)

Romain Rolland nació en un año de guerra, en el año de Sadova, el 29 de enero de 1866. Clamecy, lugar natal del novelista Claude Tilliers (el autor de Mi tío Benjamín), lo vió nacer; un pueblo de la Borgoña por lo demás poco conocido, antiquísimo y que con los años ha llegado a la mayor calma; allí vive tranquilamente la familia Rolland, que pertenece a la vieja burguesía y es respetada. El padre, en su calidad de escribano público, se contó entre los honorables de la villa, mientras que la madre, beata y seria, vivía desde la muerte trágica de una hijita, desgracia a la que nunca se había podido sobreponer, dedicada exclusivamente a la educación de dos hijos: el niño delicado y su hermanita menor. La atmósfera quieta de la burguesía intelectual, encierra en aquel tiempo el círculo de la vida diaria, pero en la sangre de los padres se hallaban los contrastes remotos del pasado francés, que aún no se han conciliado. De la parte paterna, los antepasados de Rolland fueron luchadores de la Convención, fanáticos de la Revolución, que sellaron con su sangre; de parte de la madre heredó el espíritu jansenista, el sentido de investigación de Port Royal; de ambos, pues, la misma fe en opuestos ideales. Y esa disención secular y archifrancesa del amor religioso y de las ideas de libertad, de la religión y de la revolución, resultó fructífera más tarde en el artista.

Rolland menciona en Antonieta algunos aspectos de su primera infancia, la que transcurrió a la sombra de la derrota de 1870; la vida tranquila en la ciudad tranquila.

Habitaban los Rolland una casa a la ribera de un canal fatigado; pero los primeros entusiasmos de ese muchacho apasionado, pese a su débil constitución, no procedían de ese mundo estrecho.

Desde lejanías desconocidas y desde un pasado inconcebible le elevó un ímpetu enorme, y a temprana edad descubrió el idioma de los idiomas, el primer gran mensaje del alma: la música. Su cuidadosa madre lo inició en el piano. Los sonidos fueron formando el mundo infinito del sentimiento, traspasando pronto las fronteras de las naciones, pues mientras el alumno penetraba curioso y seducido a la esfera espiritual de los clásicos franceses, vibraba en su alma joven la música alemana. Él mismo cuenta en la forma más hermosa cómo le llegó ese mensaje. Teníamos en casa cuadernos viejos con trozos de música alemana. ¿Alemana? ¿Sabía yo lo que significaba esa palabra? Creo que en nuestra región nunca nadie había visto un nativo de ese país… Abrí los viejos cuadernos y los deletreé, tecleando en el piano… y esas pequeñas acequias, esos pequeños arroyos de música que humedecían mi corazón, se infiltraron y parecían desaparecer en mí como la lluvia absorbida por la tierra. Bienaventuranza amorosa, dolores, anhelos, sueños de Mozart y Beethoven, que se han convertido en mi carne, yo los he incorporado, son míos, son parte de mí… ¡Cuánto bien me han hecho! Cuando, siendo niño, estaba enfermo y temía morir, alguna melodía de Mozart vigilaba en mi almohada como una amante… Más adelante, en las crisis de la duda y del decaimiento, una melodía de Beethoven (aún la recuerdo perfectamente) volvía a despertar en mí la vibración de la vida interna…

En cada momento en que sentía reseco mi espíritu y mi corazón, tenía el piano cerca y me bañaba en música.

Temprano comenzó, pues, en el niño, la comunión con el lenguaje sin palabras de la humanidad entera y la victoria sobre la estrechez de la ciudad, de la provincia, de la nación y de los tiempos, por medio del sentimiento comprensivo. La música fue su primera oración a las fuerzas demoníacas de la vida, repetida diariamente en otra forma, y aun hoy, al cabo de medio siglo, son raras las semanas y los días en que no se expresa a través de la música de Beethoven. También le llegó de la lejanía el otro santo de su infancia, Shakespeare; su primer amor colocó al niño, inconsciente ya, más allá de la separación de las naciones. En la vieja biblioteca, entre los cachivaches de un desván, descubrió las entregas de las obras que su abuelo, siendo estudiante en París —en los tiempos del joven Víctor Hugo y de la shakespearomanía— había comprado y luego arrinconado. Un tomo de grabados empalidecidos, la Galerie des femmes de Shakespeare, atrajo la curiosidad del niño con sus rostros extrañamente bellos y encantadores y los nombres mágicos de Perdida, Imogen y Mirando. Pero pronto descubrió, por la lectura, los mismos dramas y penetró, perdido para siempre, en la espesura de los acontecimientos y de las figuras. Permanecía sentado horas enteras en el silencio del galpón solitario, al que sólo llegaba raras veces el ruido de los caballos del establo, o por cuya ventana penetraba el entrechocar de cadenas de una embarcación en el canal. Se hallaba sentado, olvidado de todo y de sí mismo, en una gran poltrona, con el libro admirado que, como el de Próspero, puso a su disposición todos los espíritus del Universo. Disponía delante de sí y en un amplio círculo, una cantidad de sillas con oyentes invisibles: ellos constituían una muralla de su mundo espiritual contra el mundo real.

Como siempre, comenzó en este caso una vida grande con grandes sueños. Su primer entusiasmo se inflamó en lo más grandioso, en Shakespeare y Beethoven, y esa mirada apasionadamente elevada hacia la grandeza, la legó el niño al joven y al hombre. El que ha sentido tal llamado, difícilmente puede quedar encerrado en un círculo estrecho. Ya pronto la escuela de la pequeña villa no logró enseñar nada más al niño con tan grandes aspiraciones. Los padres no se podían decidir a dejar marchar a su hijo solo a la metrópoli, y prefirieron, con desprendimiento heroico, sacrificar la propia y tranquila existencia. El padre renunció a su situación independiente y lucrativa de escribano público, que le había convertido en eje del pueblito, y se convirtió en uno de los innumerables empleados de un banco de París. Sacrificó todo, la casa familiar desde antiguo y la existencia patriarcal, para poder ser testigo de los años de estudio y de los progresos del niño en París. Toda una familia concentró sus miradas sobre el muchacho, quien conoció así, a temprana edad, lo que otros consiguen sólo en los años de madurez: la responsabilidad…

Título: Romain Rolland (PDF-EPUB)
Autores: Stefan Zweig
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.4 MB
Formato: PDF-EPUB

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Stefan Zweig -  Romain Rolland (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Stefan Zweig -  Romain Rolland (PDF-EPUB) Romain Rolland nació en un año de guerra, en el año de Sadova, el 29 de enero de 1866. Clamecy, lugar natal del novelista Claude Tilliers (el autor de Mi tío Benjamín), lo vió nacer; un pueblo de la Borgoña por lo demás poco conocido, antiquísimo y que con los años ha llegado a la mayor calma; allí vive tranquilamente la familia Rolland, que pertenece a la vieja burguesía y es respetada. El padre, en…

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