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Rosario Raro – Volver A Canfranc (PDF-EPUB-MOBI-FB2)

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Introduccion del Libro Rosario Raro – Volver A Canfranc (PDF-EPUB-MOBI-FB2)

Marzo de 1943. Agazapados dentro de una habitación secreta, varias personas contienen la respiración mientras aguardan a que el sonido de las botas reforzadas con metal de los soldados alemanes se aleje. En la estación internacional de Canfranc, en el Pirineo, la esvástica ondea sobre la playa de vías. En medio de la oscuridad, Laurent Juste, jefe de la aduana, Jana Belerma, camarera del hotel, y el bandolero Esteve Durandarte arriesgan sus vidas para devolverles la libertad.Volver a Canfranc es su historia. Jana y Esteve, armados tan solo con la valentía que da el amor, lucharon porque miles de ciudadanos judíos consiguieran atravesar esta estación mítica. Además de ellos, otras personas guiadas por la generosidad decidieron enfrentar el terror y ayudarlos. Para miles de perseguidos por el régimen nazi la esperanza se llamó Canfranc.

Prólogo

Faltaban pocos minutos para las cuatro de la madrugada y de forma automática, sin pensarlo, en un intento inconsciente de buscar el refugio que siempre proporcionan las costumbres, Laurent Juste, jefe de la aduana internacional de la estación de Canfranc, encendió una cerilla y su llama escasa lo iluminó. Juste tapó el resplandor con su espalda para que, afuera, los guardias no percibieran el menor indicio de su presencia. Sin embargo, él los intuía muy cerca; en el centro de su imaginación cada sombra vestía abrigo alemán.

Escuchaba amplificados los mil sonidos mínimos que componen la noche como heraldos que anunciaban su detención. Acercó el fósforo al fogón para prepararse un café angoleño. Mientras esperaba no dejó de mirarse el reloj de pulsera.

Apenas se acercó la taza a los labios, se dio cuenta de que no le era posible tomarla y la abandonó sobre el banco de la cocina.

Los soldados estaban apostados a ambos lados de la entrada del vestíbulo de la terminal, a escasos metros de la puerta de su vivienda, y de ninguna manera debían advertir que estaba en pie una hora antes de lo habitual. Juste recorría a tientas aquel interior burgués con el que se sentía premiado por el desempeño de su cargo, pero que entonces le daba igual: muebles de maderas valiosas importados de las colonias, ánforas de metal labrado recubiertas de plata con la única función de decorar… Pasó bajo la lámpara de cristales de bohemia, ciega en aquel momento, pero que cuando se iluminaba en el centro del salón mostraba sus piezas talladas de forma que cada una parecía una urna que contuviera paisajes.

Canfranc era su segundo destino español, ya que antes había pasado unos años en Irún, acompañado también de su familia: su mujer, Arlette, y sus tres hijos: la mayor, Maude, la mediana, Solange y el pequeño, Auguste.

Entró en el dormitorio principal. Además de no alertar a los brigadistas bávaros tampoco quería despertar a Arlette. Sentía en sus oídos un zumbido tan inaguantable que le producía mareos.

Se acercó hasta una mesa que era a la vez tocador y escritorio y, después de apoyarse sobre su tabla, sacó de allí la llave para abrir el armario que contenía el cuadro de luces. La guardaba por encargo del jefe de estación, quien se la había encomendado por ser el que permanecía día y noche en aquellas instalaciones. La apretó con fuerza. Era el amuleto que le ayudaba en sus objetivos.

Volvió al pasillo. Según la época del año, los búcaros abrazaban lilas, flores de jazmín o nardos, y en aquel momento olía a primavera. Acarició al pasar el piano de cola negro marca Steinway, lacado, con adornos de hojas que salían de sus vetas, como si se despidiera de él. Lo había seguido en todas sus mudanzas, igual que los libros y los cuadros. Juste sentía la boca muy seca y la mandíbula enclavijada como si bajo las orejas tuviera dos bisagras oxidadas y frías. Siempre había creído que en ayunas mantenía la mente más despejada, pero esa noche no le servía de nada porque le asaltaban imágenes terribles de cadáveres descuartizados bajo las bombas, de botas solitarias abandonadas con la pierna que resguardaban dentro, sin el resto del cuerpo. Quiso evocar otros lugares, los de su Bretaña natal; pensó en su madre y como resultado de la tensión sonrió, apenas una décima de segundo, al recordar que muchos les decían que su mayor parecido radicaba en la tozudez de ambos. Entonces notó debajo de la lengua la saliva muy amarga.

Necesitaba la normalidad que le proporcionaba el aroma de los cruasanes, asomarse a la ventana del horno para verlos henchirse y brillar frotados de mantequilla, quería llegar con vida hasta aquel mediodía y que lo honrara el olor del laurel y el pescado de la sopa bretona, del yod kerc’h, de la crema de avena o del cocido escapándose entre las tiras de la cortina. El pánico lo remitía a lo más primitivo, pero también a lo más necesario…

Título: Volver A Canfranc (PDF-EPUB-MOBI-FB2)
Autores: Rosario Raro
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 3.3 MB
Formato: PDF-EPUB-MOBI-FB2

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Rosario Raro - Volver A Canfranc (PDF-EPUB-MOBI-FB2) Introduccion del Libro Rosario Raro - Volver A Canfranc (PDF-EPUB-MOBI-FB2) Marzo de 1943. Agazapados dentro de una habitación secreta, varias personas contienen la respiración mientras aguardan a que el sonido de las botas reforzadas con metal de los soldados alemanes se aleje. En la estación internacional de Canfranc, en el Pirineo, la esvástica ondea sobre la playa de vías. En medio de la oscuridad, Laurent Juste, jefe de la aduana, Jana Belerma, camarera del hotel, y el bandolero Esteve Durandarte arriesgan sus…

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