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Richelle Mead – Los Días Que Nos Separan (PDF)

Richelle Mead – Los Días Que Nos Separan (PDF)

Richelle Mead - Los Días Que Nos Separan (PDF)

Richelle Mead – Los Días Que Nos Separan (PDF)

Introduccion del Libro Richelle Mead – Los Días Que Nos Separan (PDF)

El sonido del viento y la lluvia se percibía lejano tras aquellos gruesos y viejos muros. Abril se miró una vez más la palma de la mano, donde se había apuntado con rotulador la referencia topográfica del libro que quería, y siguió andando entre las estanterías hasta llegar a la que estaba buscando. Empezó a seguir la hilera de libros con nerviosismo. El servicio de préstamo estaba a punto de cerrar, y lo último que quería era haber ido hasta allí para nada. Por suerte, encontró rápidamente la novela que buscaba.

Justo en el estante más alto, el único que no alcanzaba.

Se puso de puntillas y estiró todo su cuerpo para intentar cogerlo.

–¿Necesitas ayuda? –se ofreció una voz inesperada.

Abril se volvió de golpe, pero se mantuvo de puntillas y con el brazo estirado. Detrás de ella, un chico de pelo levemente rizado y oscuro la miraba con el ceño fruncido.

–Puedo sola –aseguró, y para probarlo saltó para coger la novela. Al no conseguir sacarla de entre los otros libros, suspiró profundamente y admitió–: De acuerdo, no puedo.

–¿Cuál quieres?

–Peter Pan en los jardines de Kensington y Peter Pan y Wendy . Están los dos en un tomo. Es el verde –respondió ella, dubitativa. Se sintió repentinamente avergonzada. ¿No debería estar en la sección de clásicos, buscando a Austen o a Dickens, en lugar de en la sección infantil a la caza de un cuento para niños?

El desconocido torció los labios en una extraña sonrisa. Cogió el libro de la estantería sin ningún esfuerzo y se quedó mirándolo fijamente.

–¿Cuál buscas tú? –preguntó ella para romper el silencio.

–Este –respondió él señalando con la barbilla el libro que tenía entre las manos.

–Oh –musitó. Alzó la vista para comprobar que no había ningún otro ejemplar en la estantería y añadió–: Llévatelo. Lo has cogido tú.

–No te preocupes, no tengo prisa. Lo reservaré. Ya lo cogeré cuando lo devuelvas –dijo mientras le daba el libro.

Abril abrió la boca para insistir, pero en aquel momento sus manos se rozaron y una descarga eléctrica la paralizó. Durante unos eternos segundos, no pudo despegar la vista del desconocido, que la miraba sin expresión, completamente ajeno al torbellino de energía que estaba sacudiendo el cuerpo de Abril.

Sentía las piernas débiles y sus labios no respondían a sus estímulos. Sin ser consciente de lo que hacía, apretó el libro contra su pecho, dio unos pasos hacia atrás y se alejó de allí arrastrando los pies, sin darle las gracias ni despedirse. Ni siquiera cuando llegó a la puerta se sintió capaz de hacerlo. Se limitó a volverse hacia la sección infantil y observar bien al chico. No demasiado alto, de complexión flacucha y pose altiva. Unas cejas simétricas y pobladas resguardaban unos ojos de color café, y una barba casi imperceptible rodeaba unos labios cortados por el frío. El color sonrosado de sus mejillas y su nariz, probablemente consecuencia del viento helado, escondía una tez rosada y de rasgos suaves.

Aunque estaba absorto mirando los libros que lo rodeaban, debió de notar que lo observaba, porque se dio la vuelta repentinamente hacia donde estaba Abril, que bajó la mirada, ruborizada. Se miró la mano y empezó a bajar las escaleras de dos en dos mientras recordaba la extraña sensación que se había adueñado de ella al rozar la piel de aquel desconocido. Aún se sentía aturdida.

Fuera seguía lloviendo. Abril guardó cuidadosamente el libro en la mochila y echó a correr bajo la lluvia al tiempo que un trueno ensordecedor acallaba el ruido de la ciudad. Al llegar a la boca de metro, bajó por las escaleras con cuidado de no resbalar. Buscó el billete en sus bolsillos con las manos congeladas y tras dos intentos fallidos consiguió introducirlo en la máquina de entrada. Llegó al andén jadeando, en el momento en el que las luces del metro aparecían en la oscuridad del túnel.

Suspiró aliviada. Los lugares cerrados nunca le habían gustado, y mucho menos si estaban bajo tierra, de modo que cuanto menos rato pasase en el metro, mejor. Aunque había asientos libres, se apoyó en una de las frías barras de metal. Se oyeron unos pitidos agudos, las puertas se cerraron y el tren dio una sacudida antes de ponerse en marcha.

Miró su reloj y suspiró sonoramente. Estaba agotada. Después de las clases, que habían terminado a las cuatro de la tarde, se había quedado en la biblioteca de la universidad casi tres horas para hacer un trabajo en grupo. Cuando estaba ya en el ferrocarril de vuelta a casa, su madre la había llamado y le había pedido que fuera a comprar algunas cosas y que preparara la cena, porque ella volvería a llegar tarde del trabajo. Los encargos la habían tenido entretenida más de una hora. Por suerte, aún había encontrado unos minutos para acercarse a su biblioteca municipal favorita y conseguir el libro que hacía tanto que buscaba…

Título: Los Días Que Nos Separan (PDF)
Autores: Richelle Mead
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.0 MB
Formato: PDF

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Richelle Mead - Los Días Que Nos Separan (PDF) Introduccion del Libro Richelle Mead - Los Días Que Nos Separan (PDF) El sonido del viento y la lluvia se percibía lejano tras aquellos gruesos y viejos muros. Abril se miró una vez más la palma de la mano, donde se había apuntado con rotulador la referencia topográfica del libro que quería, y siguió andando entre las estanterías hasta llegar a la que estaba buscando. Empezó a seguir la hilera de libros con nerviosismo. El servicio de préstamo…

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