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Ray Bradbury – El Flautista (PDF)

Ray Bradbury – El Flautista (PDF)

Ray Bradbury - El Flautista (PDF)

Ray Bradbury – El Flautista (PDF)

Introduccion del Libro Ray Bradbury – El Flautista (PDF) 

– ¡Ahí está!, ¡Señor! ¡Míralo! ¡Ahí está! – cloqueó el viejo, señalando con un calloso dedo -. ¡El viejo flautista! ¡Completamente loco! ¡Todos los años igual!

El muchacho marciano que estaba a los pies del viejo agitó sus rojizos pies en el suelo y clavó sus grandes ojos verdes en la colina funeraria donde permanecía inmóvil el flautista.

– ¿Y por qué hace esto? – preguntó.

– ¿Qué? – el apergaminado rostro del viejo se frunció en un laberinto de arrugas -.

Está loco, eso es todo. No hace más que permanecer ahí, soplando su música desde el anochecer hasta el alba.

El tenue sonido de la flauta se filtraba en la penumbra, creando apagados ecos en las bajas prominencias y perdiéndose poco a poco en el melancólico silencio. Luego aumentó su volumen, haciéndose más alto, más discordante, como si llorara con una voz aguda.

El flautista era un hombre alto, delgado, con el rostro tan pálido y vacío como las lunas de Marte, los ojos de color cárdeno; se mantenía erguido recortándose contra el tenebroso cielo, con la flauta pegada a los labios, y tocaba. El flautista… una silueta… un símbolo… una melodía.

– ¿De dónde viene el flautista? – preguntó el muchacho.

– De Venus – dijo el viejo. Se quitó la pipa de la boca y la atacó -. ¡Oh!, hace más de veinte años, a bordo del mismo proyectil que trajo a los terrestres. Yo llegué en la misma nave, procedente de la Tierra: ocupamos dos asientos contiguos.

– ¿Cómo se llama? – la voz del muchacho era infantil, curiosa.

– No lo recuerdo. En realidad, creo que nunca he llegado a saberlo.

Les alcanzó un impreciso ruido de roces. El flautista seguía tocando, sin prestar ninguna atención. Procedentes de las sombras, recortándose contra el horizonte tachonado de estrellas, estaban empezando a llegar formas misteriosas que se arrastraban, se arrastraban.

– Marte es un mundo que se muere – dijo el viejo -. Ya no ocurre nada importante aquí. Creo que el flautista es un exiliado.

Las estrellas se estremecían como un reflejo en el agua, danzando al ritmo de la música.

– Un exiliado – prosiguió el viejo -. Un poco como un leproso. Le llamaban el Cerebro. Era el compendio de toda la cultura venusiana hasta que llegaron los terrestres con sus sociedades ávidas y sus malditos libertinajes. Los terrestres lo declararon fuera de la ley y lo enviaron a Marte para que terminara aquí sus días.

– Marte es un mundo que se muere – repitió el chiquillo -. Un mundo que se muere.

¿Cuántos marcianos hay ahora, señor?

El viejo dejó oír una risita.

– Creo que tú eres tal vez el único marciano de pura raza que queda con vida, muchacho. Pero hay muchos millones más.

– ¿Dónde viven? Nunca he visto ninguno.

– Eres joven. Tienes aún mucho que ver, mucho que aprender.

– ¿Dónde viven?

– Allá abajo, tras las montañas, más allá de las profundidades de los mares muertos, más allá del horizonte, al norte, en las cavernas, muy por debajo del suelo…

Título: El Flautista (PDF)
Autores: Ray Bradbury
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 90 KB
Formato: PDF

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Ray Bradbury - El Flautista (PDF) Introduccion del Libro Ray Bradbury - El Flautista (PDF)  - ¡Ahí está!, ¡Señor! ¡Míralo! ¡Ahí está! - cloqueó el viejo, señalando con un calloso dedo -. ¡El viejo flautista! ¡Completamente loco! ¡Todos los años igual! El muchacho marciano que estaba a los pies del viejo agitó sus rojizos pies en el suelo y clavó sus grandes ojos verdes en la colina funeraria donde permanecía inmóvil el flautista. - ¿Y por qué hace esto? - preguntó. - ¿Qué? - el apergaminado rostro del viejo se…

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