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Ramón Díaz Eterovic – El color de la piel (PDF-EPUB)

Ramón Díaz Eterovic – El color de la piel (PDF-EPUB)

Ramón Díaz Eterovic - El color de la piel (PDF-EPUB)

Ramón Díaz Eterovic – El color de la piel (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Ramón Díaz Eterovic – El color de la piel (PDF-EPUB)

En el comienzo de una tranquila noche de verano, el barrio vivía sin sobresaltos su rutina de construcciones viejas y calles en penumbras.

Una franja azul se reflejaba sobre las lejanas cumbres de la cordillera de Los Andes, negándose a seguir al sol en su muerte cotidiana. Desde la oficina, y con algo de imaginación, podía escuchar el murmullo del río Mapocho avanzando sobre piedras y matorrales, sin entusiasmo, convertido en un hilillo barroso, anémico. Mi reloj indicaba las ocho de la noche y pese a que el anochecer convertía el paisaje en una mancha rosada, el aire cálido, ardiente a ratos, que deambulaba desde la mañana por los rincones del barrio, seguía entrando por la ventana entreabierta.

Los bares y restaurantes del barrio comenzaban a llenarse de clientes. Desde sus interiores brotaba el eco bullicioso de las conversaciones animadas por la cerveza.

Preparé una taza de café, encendí un cigarrillo y luego de recuperar mi lugar junto a la ventana, pensé que había tenido un día bueno, de esos en los cuales todos los dardos parecen dar en el blanco.

Por la mañana había cobrado unos honorarios con los que saldé mis deudas con la dueña del departamento y abastecí de gasolina el estanque de mi auto. El precio del combustible subía todas las semanas, pero eso no preocupaba a mi viejo Chevy, que llevaba tres días inactivo, sediento, abandonado a su suerte de chatarra de otra época, anterior a la existencia de los cambios automáticos y a la invasión de los autos coreanos y japoneses que colapsaban las calles.

Sobre el escritorio estaba el diario que compraba cada mañana, y encima de éste, despatarrado, tapando los titulares que anunciaban alguna nueva catástrofe en el mundo, mi gato Simenon se aseaba minuciosamente, con la paciencia de un felino que no sabe de horarios ni deberes. Si existía la posibilidad de vivir otra vida, yo deseaba regresar a la tierra convertido en un gato de ojos oscuros, sin más preocupación que tenderme sobre una alfombra, al amparo de los rayos del sol, indiferente a todo, incluida la silueta de una sabrosa laucha.

—¿Te acicalas para salir a recorrer los tejados? —le pregunté, acercándome a su lado con la precaución de no interrumpir su aseo.

Su limpieza era el rito al que Simenon dedicaba buena parte del día, utilizando la parte áspera de su lengua para despojarse del polvo, los pelos muertos o los residuos de su alimentación.

—¿Tienes cita con alguna gatita ingenua? —insistí, al tiempo que lo observaba relamer sus largos bigotes.

—Las gatitas ingenuas no existen, Heredia. A tu edad ya deberías saber que a la menor provocación hasta la gata más recatada muestra sus garras.

—Cualquiera diría que has padecido muchas decepciones.

—No tantas como tú, Heredia. Solo las suficientes como para desconfiar de un lindo par de ojos.

—¿Qué sabes de mi vida, gato metiche?

—Todo.

—Entonces debes saber que deseo una cerveza helada.

—¿Qué te retiene? La flojera de abrir y cerrar la puerta.

Tomé la chaqueta que colgaba en el respaldo de mi sillón y salí del departamento sin prestar atención a la última impertinencia de Simenon. Una vez en la calle, respiré profundo y dejé que mis pasos me guiaran lentamente hasta el boliche ubicado frente a la entrada del edificio donde vivo, en la esquina de las calles Bandera y Aillavilú, el corazón de un barrio de restaurantes populares, tiendas de ropa usada, cabarés, relojerías y pequeños quioscos donde venden un sinfín de cachureos y baratijas de plástico.

Entré al bar «Touring» y me acodé sobre su barra. Sus paredes seguían revestidas de azulejos y alrededor de sus maltrechas mesas de madera se congregaba una amplia colección de hombres y mujeres que parecían alegres y despreocupados. Pedí una copa de vino y me ubiqué junto a un hombre bajo, de cabellos negros y ojos saltones.

Su piel era morena y brillante. Lucía un bigote ralo, negruzco, que contrastaba con el blanco intenso de sus dientes. El hombre sonrió levemente y enseguida se llevó a los labios el copón de cerveza que tenía a su alcance. Luego, cuando lo dejó sobre el mesón, observó a su alrededor con una expresión de alivio en el rostro.

—Bonita noche —dijo, amistoso. Su voz tenía un timbre claro, que me sonó extraño en medio de las voces altisonantes que brotaban desde las distintas mesas del bar.

Título: El color de la piel (PDF-EPUB)
Autores: Ramón Díaz Eterovic
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.2 MB
Formato: PDF-EPUB

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Ramón Díaz Eterovic - El color de la piel (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Ramón Díaz Eterovic - El color de la piel (PDF-EPUB) En el comienzo de una tranquila noche de verano, el barrio vivía sin sobresaltos su rutina de construcciones viejas y calles en penumbras. Una franja azul se reflejaba sobre las lejanas cumbres de la cordillera de Los Andes, negándose a seguir al sol en su muerte cotidiana. Desde la oficina, y con algo de imaginación, podía escuchar el murmullo del río Mapocho avanzando…

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