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Rafael Chirbes – Mimoun (PDF-EPUB)

Rafael Chirbes -Mimoun (PDF-EPUB)

Rafael Chirbes - Mimoun (PDF-EPUB)

Rafael Chirbes – Mimoun (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Rafael Chirbes -Mimoun (PDF-EPUB)

A medida que lo absurdo e irracional prolifera en torno nuestro y nos tambalea una creciente sensación de provisionalidad, más se nos van quitando las ganas de acudir a la literatura en busca de soluciones ni respuestas, y más agradecemos —o por lo menos yo— esa sombra ambigua y confortable de los textos que espejan nuestras propias perplejidades. Me refiero a esos relatos que no dejan clara la frontera entre lo vivido y lo soñado, entre el espacio y el tiempo, entre la verdad y la mentira, a los que Todorov, en su espléndido ensayo sobre la literatura fantástica, ha aludido como «textos de la ambigüedad».

«La fe absoluta, lo mismo que la incredulidad total», dice Todorov, «nos conduciría fuera de los dominios de lo fantástico. Es la incertidumbre lo que le da vida.»

Sí: lo que da vida al texto que ha ido surgiendo y lo que atrae al reticente lector.

De la misma manera que cuando estamos en conflicto con nosotros mismos o con el mundo (es decir, casi siempre) nos puede ofrecer cobijo un amigo desengañado, pero nunca otro que no admita fisura alguna en sus convicciones y nos las proponga como panacea, así también hemos ido dando en desconfiar de tanto explicoteo lógico sobre la conducta, y en trances de zozobra preferimos pedir albergue a los autores que no parecen haber cogido la pluma soñando con tener razón ni con recibir respuesta alguna. Tal vez por eso la reciben, por no exigirla.

La mejor literatura ha sido siempre fruto de la perplejidad, un desafío a la lógica, un rechazo frente a las apariencias de lo necesario. Pero dentro de este enfoque, que (especialmente a partir de Kafka, inquilino y maestro sublime de la ambigüedad) ha tentado a muchos escritores noveles, hay —como en todas las cosas— empeños puramente artificiosos, vacíos y miméticos, y otros que desde el principio no suenan a hueco, sino que reflejan una lucha profunda y genuina por parte de la persona que los emprende y dan fe de una búsqueda de orden dentro del caos, a través de la cual se pone en juego la propia identidad amenazada de asfixia. Éste es el caso de Mimoun, la novela de Rafael Chirbes que quiero comentar brevemente.

Conviene decir, en primer lugar, que Rafael Chirbes no se ha convertido en escritor de la noche a la mañana, sino que lleva muchos años en esta búsqueda a la vez paciente y desesperada, ensayando el oficio, guardando en un cajón novelas que no le satisfacían del todo, podando su prosa de excrecencias innecesarias y viviendo sin prisas una etapa ascética de aprendiz exigente, hasta dar por buenas las 134 páginas que hoy edita Anagrama.

Mimoun, desde sus primeras líneas, consigue ese tono sugerente y misterioso con que aciertan a iniciar su relato los buenos narradores orales y cuya llamada envolvente despierta nuestra atención aletargada, esos —que no son tantos— a los que pedimos enseguida, si hacen una pausa: «Sigue contando, por favor.»

Como nunca me ha gustado emitir una opinión como se emite un decreto-ley, antes de ponerme a comentar esta novela me parece oportuno reproducir sus doce líneas iniciales, que fueron el anzuelo por medio del cual me enganchó a mí, con la esperanza de que en otros aficionados a la literatura provoquen un eco parecido:

«Cuando tomé la precipitada decisión de vivir en Marruecos, no imaginaba que, en un país que había recorrido en varias ocasiones y que siempre me había parecido desértico, pudiese llover tanto. Sin embargo, aquel invierno que pasé en Mimoun llovió durante semanas enteras. El viento se ensañaba con las ramas de los árboles, y las ramas de los árboles, al moverse, torturaban mi imaginación. Conseguían, con su triste sonido, trastornar mis sentimientos y arrastrarme a estados de ánimo más propios de un adolescente que del hombre que, ya por entonces, era.»

Este narrador en primera persona, del que sólo sabremos que se llama Manuel, que antes de venir a Marruecos vivía en Madrid y que los cambios de clima repercuten notablemente en la ciclotimia de sus humores, navega por la novela presa de sus indecisiones, como en busca de claves o a la espera de algún acontecimiento exterior que justifique su permanencia en ese país extraño e irreal, un bosque de árboles aislados unos de otros y que le parecen guardar entre sí secretas y ocultas comunicaciones.

«Vagabundeaba por las calles tortuosas», dice en un momento determinado, «como si, a fuerza de andar, fuera a conseguir hacerme con las claves que me abriesen aquel mundo que imaginaba mágico.»

Pero estas claves no las encuentra en el paisaje, en la ciudad polvorienta y carente de estímulos, en la entrega al alcohol que va disolviendo progresivamente su voluntad, ni en los personajes igualmente borrosos e invertebrados con los que se va encontrando y con los que mantiene contactos furtivos, esporádicos e insatisfactorios.

En Mimoun no solamente es extranjero el narrador, ni siquiera los europeos que le rodean y en cuyas mentes lucha el país que inventaron con aquel en que viven, sino también los propios marroquíes, que se temen unos a otros, que se ocultan unos de otros, poseedores de un código indescifrable cambiante como las señales de humo.

Todos están perdidos y golpean suplicantes en el espejo del prójimo, requiriendo una imagen que les devuelva la propia identidad. Pero parecen estar cegados los conductos de información, más o menos inexacta, que suministra la fusión con los demás, y cada uno existe como imposibilidad de llegar a ser otro y confundiendo su punto de vista, su aliento y su cuerpo con el ajeno.

Título: Mimoun (PDF-EPUB)
Autores: Rafael Chirbes
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 856 KB
Formato: PDF-EPUB

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Rafael Chirbes -Mimoun (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Rafael Chirbes -Mimoun (PDF-EPUB) A medida que lo absurdo e irracional prolifera en torno nuestro y nos tambalea una creciente sensación de provisionalidad, más se nos van quitando las ganas de acudir a la literatura en busca de soluciones ni respuestas, y más agradecemos —o por lo menos yo— esa sombra ambigua y confortable de los textos que espejan nuestras propias perplejidades. Me refiero a esos relatos que no dejan clara la frontera entre lo vivido y lo soñado, entre el espacio y el…

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