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Pittacus Lore – Los archivos perdidos, los legados de seis (PDF)

Pittacus Lore – Los archivos perdidos, los legados de seis (PDF)

Pittacus Lore – Los archivos perdidos, los legados de seis (PDF)

Pittacus Lore – Los archivos perdidos, los legados de seis (PDF)

Introduccion del Libro Pittacus Lore – Los archivos perdidos, los legados de seis (PDF)

Cuando John conoce a Número Seis en Soy el Número Cuatro, ella es fuerte, poderosa y está lista para luchar. Pero, ¿quién es ella? ¿Cómo ha estado entrenando? ¿Cuándo desarrolló sus Legados? ¿Y cómo sabe tanto de los mogadorianos?

En Soy el Número Cuatro: Los Archivos Perdidos: Los Legados de Seis, descubre la historia detrás de Seis. Antes de Paradise, Ohio, antes de John Smith, Seis estaba viajando por el Oeste de Texas con su cêpan, Katarina. Lo que pasó ahí cambiaría a Seis para siempre…

Prólogo

Katarina dice que hay más de una forma de ocultarse.

Antes de que llegáramos aquí a México, vivíamos en un suburbio de Denver. Entonces, mi nombre era Sheila, un nombre que odio incluso más que mi nombre de hoy en día, Kelly.

Vivimos ahí por dos años, y yo llevaba broches en el cabello y pulseras de goma color rosa en mis muñecas como las demás chicas en mi escuela. Pasé la noche fuera de casa con algunas de ellas, las chicas a las que llamaba “mis amigas.” Fui a la escuela durante el año escolar, y en el verano fui a un campamento de nadadores en la YMCA1. Me agradaban mis amigas y la vida que teníamos ahí estaba bien, pero ya había ido y venido con mi cêpan Katarina lo suficiente para saber que no iba a ser permanente. Sabía que no era mi vida real.

Mi vida real se llevaba a cabo en nuestro sótano, donde Katarina y yo hacíamos entrenamiento de combate. Durante el día, era una sala de recreación ordinaria, con un enorme y cómodo sofá y una televisión en una esquina y una mesa de ping pong en la otra.

Por la noche, era un gimnasio de entrenamiento de combate bien surtido, con sacos de boxeo, colchonetas, armas e incluso un caballete.

En público, Katarina actuaba el papel de mi madre, asegurando que su “esposo” había sido asesinado en un accidente de coche cuando yo era una niña. Nuestros nombres, nuestras vidas, nuestras historias, todas eran inventadas, identidades para mí y Katarina tras las que escondernos. Pero esas identidades nos permitían sobrevivir en público, actuar normales.

Mezclarse: esa era una forma de ocultarse.

Pero nos equivocamos. Hasta este día puedo recordar nuestra conversación mientras nos marchábamos de Denver dirigiéndonos a México, sin ninguna razón además de que nunca habíamos estado ahí, ambas intentando averiguar como habíamos arruinado nuestra cubierta exactamente.

Algo que le había dicho a mi amiga Eliza había contradicho algo que Katarina le había dicho a la madre de Eliza. Antes de Denver habíamos vivido en Nueva Escocia por un frío, frío invierno, pero como yo recordaba nuestra historia, la mentira que habíamos acordado era que habíamos vivido en Boston antes de Denver. Katarina lo recordaba de forma diferente, y aseguró que Tallahassee fue nuestro hogar anterior, luego Eliza le dijo a su madre y ahí fue cuando la gente comenzó a sospechar.

Difícilmente era una exposición calamitosa. No teníamos razón inmediata para creer que nuestro desliz elevaría el tipo de sospecha que atraería a los mogadorianos a nuestra ubicación, pero nuestra vida se había vuelto agria allí, y Katarina calculó que ya nos habíamos quedado lo suficiente.

Así que nos mudamos de nuevo.

El sol es brillante y fuerte en Puerto Blanco, el aire imposiblemente seco. Katarina y yo no hicimos intento de mezclarnos con los otros residentes, granjeros mexicanos y sus hijos.

Nuestro único contacto regular con los locales es en nuestro viaje semanal a la ciudad para comprar alimentos necesarios en la pequeña tienda. Somos las únicas blancas en muchos kilómetros, y aunque ambas hablamos buen español, no hay forma de que nos confundan con nativos del lugar. Para nuestros vecinos somos las gringas, blancas extrañas y solitarias.

“A veces puedes ocultarte con la misma eficacia al resaltar,” dice Katarina.

Parece tener razón, hemos estado aquí casi un año y no hemos sido molestadas ni una vez.

Llevamos una vida solitaria pero ordenada, en una extensa cabaña de un piso ubicada entre dos grandes parches de tierras de cultivo. Despertamos con el sol, y antes de comer o ducharme, Katarina me hace ejecutar los ejercicios en el patio: correr arriba y abajo por una colina pequeña, hacer calistenia2, y practicar tai chi. Tomamos ventaja de las dos horas relativamente frías de la mañana.

Los ejercicios matutinos son seguidos por un desayuno ligero, luego tres horas de estudios: idiomas, historia mundial, y cualquier otra materia que Katarina pueda desenterrar de internet. Ella dice que su método de enseñanza y la materia son “eclécticos”. No sé lo que significa la palabra, pero estoy agradecida por la variedad.

Katarina es silenciosa, una mujer pensativa, y aunque es la cosa más cercana que tengo a una madre, es muy diferente a mí. Los estudios son, probablemente, lo más destacado de su día; yo prefiero los ejercicios.

Después de los estudios, de vuelta al sol abrazador, donde el calor me marea lo suficiente para casi aluciar mis enemigos imaginarios. Batallo con hombres de paja: disparándoles con flechas, apuñalándolos con cuchillos, o simplemente golpeándolos con mis puños desnudos. Pero medio cegada por el sol, los veo como mogadorianos, y saboreo la oportunidad de desgarrarlos en pedazos. Katarina dice que aunque solo tengo trece años, soy tan ágil y tan fuerte que fácilmente podría acabar incluso con un adulto bien entrenado…

Título: Los archivos perdidos, los legados de seis (PDF)
Autores: Pittacus Lore
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 875 KB
Formato: PDF

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Pittacus Lore – Los archivos perdidos, los legados de seis (PDF) Introduccion del Libro Pittacus Lore – Los archivos perdidos, los legados de seis (PDF) Cuando John conoce a Número Seis en Soy el Número Cuatro, ella es fuerte, poderosa y está lista para luchar. Pero, ¿quién es ella? ¿Cómo ha estado entrenando? ¿Cuándo desarrolló sus Legados? ¿Y cómo sabe tanto de los mogadorianos? En Soy el Número Cuatro: Los Archivos Perdidos: Los Legados de Seis, descubre la historia detrás de Seis. Antes de Paradise,…

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