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Pierre Louÿs – Leda o la alabanza de las dichosas tinieblas (PDF-EPUB)

Pierre Louÿs – Leda o la alabanza de las dichosas tinieblas (PDF-EPUB)

Pierre Louÿs - Leda o la alabanza de las dichosas tinieblas (PDF-EPUB)

Pierre Louÿs – Leda o la alabanza de las dichosas tinieblas (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Pierre Louÿs – Leda o la alabanza de las dichosas tinieblas (PDF-EPUB)

En aquel tiempo no había tumbas en los caminos ni templos en las colinas.

Los hombres casi no existían: no se hablaba. La tierra se abandonaba a la alegría de los dioses y favorecía el nacimiento de divinidades monstruosas. Era cuando Equidna alumbró a la Quimera y Pasifae al Minotauro. Los niños palidecían en los
bosques por el miedo al vuelo de los dragones.

Pues bien, en las húmedas orillas del río Eurotas, donde los árboles son tan altos que no se ve nunca la luz, vivía una jovencita extraordinaria, azulada como la noche, misteriosa como la luna menguante y dulce como la Vía Láctea. Por eso la llamaban Leda.

Ciertamente, casi era azul, pues la sangre de los lirios corría por sus venas, y no como en las vuestras la sangre de las rosas. Sus uñas eran más azules que sus manos, sus papilas más azules que su pecho, sus codos y sus rodillas azuladas por completo.

Sus labios brillaban con el color de sus ojos, que eran azules como el agua profunda.

Sus sueltos cabellos eran oscuros y azulados como el cielo nocturno y caían a lo largo de sus brazos, de forma que parecía alada.

Ella tan sólo amaba el agua y la noche.

Su placer era caminar por las esponjosas orillas de los ríos, donde sentía el agua sin verla y sus pies desnudos tenían los escalofríos del gozo de mojarse oscuramente.

Pues no se bañaba en el río por temor a las celosas náyades ni quería abandonarse por completo al agua. Sin embargo, ¡cómo le gustaba sentir la humedad! Metía en la rápida corriente las puntas de sus cabellos y los pegaba a su pálida piel con dibujos lentamente curvados. O bien tomaba en el hueco de su mano un poco del frescor del río, que ella hacía resbalar entre sus jóvenes senos hasta el pliegue de sus piernas redondas, donde se perdía. O bien se recostaba en el húmedo musgo para beber dulcemente de la superficie del agua, como un cervatillo silencioso.

Así pasaba su vida y pensando en los sátiros. Algunos se habían acercado por sorpresa, pero huyeron asustados pues la tomaron por Febe, cruel con quienes la ven desnuda. Habría querido hablarles si se hubieran detenido cerca de ella. Su aspecto la llenaba de asombro. Una noche que caminó por el bosque porque había llovido y la tierra estaba muy mojada, vio de cerca a uno de estos semidioses dormido; pero tuvo miedo y regresó rápidamente. Desde entonces se inquietaba por las cosas que no comprendía.

También había comenzado a observarse, se encontraba misteriosa. Fue una época en que se sintió muy sentimental y lloró sobre sus cabellos.

Cuando las noches eran claras, se miraba en el agua. Una vez pensó que lo mejor sería recoger y anudar la cabellera para desnudar su nuca, pues al acariciársela con la mano consideró que era hermosa. Escogió un junco flexible para hacerse un moño azul y se fabricó una corona con cinco largas hojas acuáticas y un lánguido nenúfar.

Después decidió pasearse así, pero nadie la miraba porque estaba sola. Entonces se sintió desgraciada y dejó de jugar consigo misma.

Aunque su espíritu no se conocía, su cuerpo esperaba ya el batir de las alas del Cisne.

Una tarde, en que apenas se había despertado y deseaba retomar el sueño pues un largo río de luz amarilla brillaba aún en la noche del bosque, un ruido en el cañaveral atrajo su atención y contempló la aparición del Cisne.

La hermosa ave era blanca como una mujer, esplendorosa y rosada como la luz y radiante como una nube. Parecía la idea misma del mediodía, su forma, su esencia alada. Por eso se llamaba Zeus.

Leda observó que revoloteaba al andar un poco. De lejos, giró en torno a la ninfa y la contempló de lado. Cuando estuvo muy cerca, se aproximó más y, elevándose sobre sus largas patas rojas, desplegó lo más alto que pudo la gracia undosa de su cola ante los jóvenes muslos azulados y hasta el dulce pliegue sobre la cadera.

Las asombradas manos de Leda tomaron con cuidado la cabecita y la colmaron de caricias. Cada pluma del ave se estremeció. Con sus alas profundas y suaves abrazó las piernas desnuda y las hizo plegarse. Leda se dejó caer en la tierra…

Título:Leda o la alabanza de las dichosas tinieblas (PDF-EPUB)
Autores: Pierre Louÿs
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 4.9 MB
Formato: PDF-EPUB

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Pierre Louÿs - Leda o la alabanza de las dichosas tinieblas (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Pierre Louÿs - Leda o la alabanza de las dichosas tinieblas (PDF-EPUB) En aquel tiempo no había tumbas en los caminos ni templos en las colinas. Los hombres casi no existían: no se hablaba. La tierra se abandonaba a la alegría de los dioses y favorecía el nacimiento de divinidades monstruosas. Era cuando Equidna alumbró a la Quimera y Pasifae al Minotauro. Los niños palidecían en los bosques por…

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