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Philippa Gregory – La otra Bolena (PDF-EPUB)

Philippa Gregory – La otra Bolena (PDF-EPUB)

Philippa Gregory - La otra Bolena (PDF-EPUB)

Philippa Gregory – La otra Bolena (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Philippa Gregory – La otra Bolena (PDF-EPUB)

Podía oír un redoble apagado de tambores. Pero no veía nada aparte de los cordones del corpiño de la mujer que estaba delante de mí y que me impedía ver el patíbulo. Yo llevaba más de un año en la corte y había acudido a cientos de celebraciones. Pero nunca a una como ésta.

Haciéndome a un lado y alargando el cuello, pude ver al condenado, acompañado por su sacerdote, caminando lentamente, desde la Torre, hacia el prado donde esperaba la plataforma de madera, el bloque de madera situado en el centro de la plataforma, el verdugo en mangas de camisa, con un capuchón negro sobre la cabeza.

Más que un acontecimiento real, parecía un espectáculo y yo lo observaba como si fuera un entretenimiento de la corte. El rey, sentado en el trono, parecía distraído, como si repasara mentalmente el discurso de absolución. Tras él se erguía mi marido desde hacía un año, William Carey, mi hermano, Jorge, y mi padre, sir Thomas Bolena, todos con semblante grave. Moví los dedos de los pies dentro de las zapatillas de seda y deseé que el rey se apresurara a otorgar su clemencia para que todos pudiéramos ir a desayunar. Sólo tenía trece años, siempre tenía hambre.

El duque de Buckinghamshire, alejado del patíbulo, se quitó la gruesa capa.

Nuestro parentesco era lo suficientemente cercano como para que lo llamara tío, Había venido a mi boda y me había regalado un brazalete dorado. Mi padre me dijo que había ofendido al rey de varias maneras: tenía sangre real en las venas y mantenía un séquito de hombres armados demasiado numeroso para la tranquilidad de un rey aún inseguro en el trono. Lo peor de todo es que se suponía que había dicho que el rey carecía de heredero, que no podría conseguirlo y que probablemente moriría sin un hijo que le sucediera en el trono.

Un comentario así no debe decirse en voz alta. El rey, la corte, todo el país sabía que la reina debía dar a luz un niño, y pronto. Sugerir otra cosa era dar el primer paso por un camino que conducía a la escalera del patíbulo, por la cual el duque, mi tío, subía ahora con firmeza y sin temor. Un buen cortesano nunca comenta ninguna verdad desagradable. La vida de la corte siempre debe ser feliz.

Mi tío Stafford se dirigió al frente del patíbulo para decir sus últimas palabras.

Estaba demasiado alejada de él para oírlo y, de todas maneras, yo miraba al rey, esperando el momento en que se adelantara y ofreciera el perdón real. Ese hombre que estaba en pie ante el patíbulo, a la luz del amanecer, había sido pareja del rey en el tenis, rival en el campo de justas, amigo durante innumerables rondas de bebida y juego, habían sido camaradas desde que el rey era niño. El rey le estaba dando una lección, una poderosa lección pública, luego le perdonaría y todos podríamos ir a desayunar.

La pequeña figura remota se volvió hacia el confesor. Inclinó la cabeza para la bendición y besó el rosario. Se arrodilló ante el bloque y lo asió con ambas manos.

Me pregunté cómo sería poner la mejilla sobre la madera pulida y encerada, oler el viento cálido que venía del río, oír en lo alto los gritos de las gaviotas. Incluso sabiendo, como sabía, que era una mascarada, para mi tío debía de ser raro poner ahí la cabeza y saber que el verdugo estaba detrás.

El verdugo alzó el hacha. Miré hacia el rey. Retrasaba mucho su intervención.

Volví a mirar el patíbulo. Mi tío, con la cabeza apoyada, extendió los brazos en señal de consentimiento, la señal para que el hacha cayera. Volví a mirar al rey, debía levantarse en ese momento. Pero seguía sentado, su apuesto semblante, adusto. Y mientras aún seguía mirándolo sonó otro redoble de tambores, que enmudeció repentinamente y después el ruido sordo del hacha, el primero, luego otra vez y una tercera: el sonido del tajo sobre la madera. Increíblemente, vi la cabeza de mi tío rebotando contra la paja y un chorro de sangre escarlata que salía de su cuello, extrañamente corto. El hombre con capucha negra apartó a un lado la enorme hacha, manchada de sangre, y alzó la cabeza sujetándola por el espeso cabello rizado, para que todos pudiéramos apreciar aquella cosa extraña parecida a una máscara: negra debido al antifaz y con los dientes al descubierto, en una última sonrisa desafiante.

El rey se levantó del asiento con lentitud y pensé, infantilmente: «Dios mío, esto va a ser terriblemente embarazoso. Lo ha retrasado demasiado. Todo ha ido mal. No ha hablado a tiempo.»

Título: La otra Bolena (PDF-EPUB)
Autores: Philippa Gregory
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 2.8 MB
Formato: PDF-EPUB

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Philippa Gregory - La otra Bolena (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Philippa Gregory - La otra Bolena (PDF-EPUB) Podía oír un redoble apagado de tambores. Pero no veía nada aparte de los cordones del corpiño de la mujer que estaba delante de mí y que me impedía ver el patíbulo. Yo llevaba más de un año en la corte y había acudido a cientos de celebraciones. Pero nunca a una como ésta. Haciéndome a un lado y alargando el cuello, pude ver al condenado, acompañado por su sacerdote, caminando lentamente,…

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