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Peter Debry – Los cuatro ases (PDF-EPUB)

Peter Debry – Los cuatro ases (PDF-EPUB)

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Peter Debry – Los cuatro ases (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Peter Debry – Los cuatro ases (PDF-EPUB)

El director de la «Fundación Monti» examinó la tarjeta de su visitante, después de invitarle a tomar asiento.

—¿Profesor Heinrich Truel? —leyó en la recia cartulina.

Su sonrisa se hizo repentinamente obsequiosa, añadiendo:

—Aunque yo sea un profano en arqueología, su nombre es universalmente conocido, Herr Doktor. Tendré gran placer y honor en poderle ser útil.

En el despacho del director del principal orfanato de Buenos Aires entraba una suave luz diurna matizada la violencia del sol por las lujosas cortinas.

La envarada rigidez del busto corpulento y el claro azul inocente de los ojos eran las características que en el visitante delataban al germano.

Su acento era perfecto, aunque levemente gutural, cuando en excelente español explicó:

—Mi visita obedece a una cuestión de índole sentimental. La ciencia ha sido mi única esposa, y aunque siempre colma y absorbe mi actividad, de vez en cuando echo de menos un afecto sincero. Me gustan mucho los niños, pero soy ya un solterón empedernido…, y si hay algo en el mundo que me inspire verdadero terror, es la idea de casarme.

La carcajada que tras la pausa final a sus palabras emitió Heinrich Truel era clásicamente teutona: ancha, cordial y vulgar.

Agregó, cesando bruscamente de reír:

—Y no quiero casarme mientras conserve plenamente mi lucidez mental.

Resumiendo: deseo adoptar a uno de sus huérfanos, que será mi hijo espiritual, y que continuará mi obra cuando yo cese de existir.

—Me congratulo, Herr Doktor, de estar en condiciones de facilitar a la Humanidad la continuación del beneficio que representa su ciencia. Nuestra fundación, subvencionada por almas filantrópicas, cuida con esmero de la educación de los pobres huérfanos que, anónimamente, son depositados en nuestros tornos.

Al terminar este párrafo, una sonrisa de disculpa apareció en los labios del director, que añadió:

—Yo quisiera, Herr Doktor, que usted interpretase con ecuanimidad lo que a continuación debo exponerle. Nuestra organización vela con sumo celo por el porvenir y bienestar de nuestros educandos, y el Estado nos exige documentados informes sobre…

—Comprendo, comprendo, mi querido señor —y el visitante extendió una mano vellosa, que depositó sobre la mesa una cartera de negocios de negro tafilete—.

Contiene mis credenciales. Entre ellos hallará usted mi pasaporte, un certificado avalando mi solvencia moral firmado por el embajador alemán en la Argentina, documentos de la Academia de Ciencias de Berlín, Praga, Oslo, certificados médicos, créditos bancarios…

—Me basta, Herr Doktor —atajó con amable ademán el director, después de haber hojeado rápidamente el pasaporte y el certificado del embajador—. ¿Puede, con su permiso, sacar mi secretario copia de los datos esenciales para nuestro archivo?

—Disponga cuanto sea preciso. Entregue cartera y contenido a su secretario. Soy admirador de la eficiencia, el control y la organización efectiva.

—Perdón, Herr Doktor. Por distracción, seguramente, ha dejado usted entre su documentación un paquete de billetes de diez dólares.

—¿Ah, sí? Cuéntemelos, ¿me hace el favor?

Dispuesto a no extrañarse ante las mayores excentricidades del sabio arqueólogo, famoso en el mundo entero, el director contó pacientemente dos mil dólares en billetes de a diez.

Título: Los cuatro ases (PDF-EPUB)
Autores: Peter Debry
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.1 MB
Formato: PDF-EPUB

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Peter Debry - Los cuatro ases (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Peter Debry - Los cuatro ases (PDF-EPUB) El director de la «Fundación Monti» examinó la tarjeta de su visitante, después de invitarle a tomar asiento. —¿Profesor Heinrich Truel? —leyó en la recia cartulina. Su sonrisa se hizo repentinamente obsequiosa, añadiendo: —Aunque yo sea un profano en arqueología, su nombre es universalmente conocido, Herr Doktor. Tendré gran placer y honor en poderle ser útil. En el despacho del director del principal orfanato de Buenos Aires entraba una suave luz diurna…

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