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Pedro Antonio De Alarcón – Diario De Un Testigo De La Guerra De África (PDF-EPUB-MOBI)

Pedro Antonio De Alarcón – Diario De Un Testigo De La Guerra De África (PDF-EPUB-MOBI)

Pedro Antonio De Alarcón - Diario De Un Testigo De La Guerra De África (PDF-EPUB-MOBI)

Pedro Antonio De Alarcón – Diario De Un Testigo De La Guerra De África (PDF-EPUB-MOBI)

Introduccion del Libro Pedro Antonio De Alarcón – Diario De Un Testigo De La Guerra De África (PDF-EPUB-MOBI)

Nacido al pie de Sierra–Nevada, desde cuyas cimas se alcanza a ver la tierra donde de la morisma duerme su muerte histórica; hijo de una ciudad que conserva clarísimos vestigios de la dominación musulmana, como que fue una de sus últimas trincheras en el siglo XV y figuró después grandemente en la rebelión de los moriscos; amamantado con las tradiciones y crónicas de aquella raza que, como las aguas del Diluvio, anegó a España y la abandonó luego, pero dejando en montes y llanuras señales indelebles del cataclismo; habiendo pasado mi niñez en las ruinas de alcázares, mezquitas y alcazabas, y acariciado los sueños de la adolescencia al son de cantos de los moros, inspirado por su poesía, quizá bajo los mismos techos que cobijaron sus últimos placeres, natural era que desde mis primeros años me sintiese solicitado por la proximidad del África y anhelase cruzar el Mediterráneo para tocar, digámoslo así, en aquel continente, la increíble realidad de lo pasado.

Más tarde, cuando los movimientos de mi corazón y los delirios de mi fantasía se convirtieron en ideas; cuando mi afición a lo extraordinario y maravilloso se trocó en amor a la patria, cifrándose en ardiente afán de su prosperidad y de su gloria; cuando, más español y cristiano que poeta amante de los moros, mis propensiones individuales principiaron a convertirse en aspiraciones colectivas y a dilatarse por el horizonte político, ya no fue mero deseo de cumplir una peregrinación romántica lo que me llevó a soñar de nuevo con la cercana morería; fue el convencimiento de que en África estaba el camino de aquella verdadera grandeza nacional que los españoles perdimos por resultas del descubrimiento de América y del casamiento de la hija de los Reyes Católicos con un príncipe de la Casa de Austria; fue el pensar que todos los tesoros que nos llegaron de las Indias y todos los triunfos alcanzados en Italia, en Flandes y en Alemania por Carlos V y Felipe II, de nada sirvieron para impedir que España decayera miserablemente el día que a la expulsión de los judíos sucedió la de los moriscos; fue el ver tan claro como la luz del sol que la política exterior de la nación española debía reducirse a una constante expansión material o moral, guerrera o política, comercial o religiosa, civilizadora, en una palabra, hacia aquel continente que se percibía desde nuestras costas y en el que ya teníamos asentada la planta; fue, por último, el temor de que, en otro caso, Francia o Inglaterra, o las dos juntas, nos arrebatasen esa misión providencial, dejándonos bloqueados entre los mares y el Pirineo, y privados de todo horizonte en que desenvolver la actividad de nuestro pueblo, que no siempre ha de estar condenado a destrozarse en guerras civiles.

Ahí tenéis recapitulados en compendio los sentimientos que me impulsaron desde primera hora en 1859 a tomar parte en la Guerra de África, primero en calidad de aficionado y de cronista, y muy luego como soldado voluntario; sentimientos que ya había yo formulado años antes en prosa o verso, y que estallaron en mi alma, como explosión de júbilo y entusiasmo, cuando declaró al fin España la guerra al ensoberbecido imperio de Marruecos.

Los antecedentes históricos y diplomáticos del conflicto, así como la relación de los combates que se riñeron cerca de Ceuta antes de mi llegada a África con el Tercer Cuerpo de ejército, irán, por vía de Apéndice, al final de la obra, para que resulte completo el relato de aquella inmortal campaña. Tócame aquí (y tal es el humilde objeto de este Prólogo) responder a innumerables preguntas que durante veinte años se me han hecho, y deshacer muchas equivocaciones en que varios escritores han incurrido, acerca de mi verdadero papel en la Guerra de África; con lo que todos quedarán ya enterados de cómo pude ser juntamente historiador de lo que cada día iba sucediéndonos, y soldado raso del Batallón Cazadores de Ciudad–Rodrigo; de cómo iba casi siempre a caballo, siendo de infantería; de cómo senté plaza, cuando ni por mi casa ni por mi modo de vivir era del todo pobre; de qué puesto ocupaba en las filas los días de acción, etcétera, etc.

Escasísimo interés ofrecerían tales pormenores, y yo no entretuviera hoy con ellos al público, si no constituyesen una especie de auténtica del DIARIO DE UN TESTIGO, sirviendo de base a la autoridad de mi testimonio y a la mayor o menor fe que hayan de prestarle los lectores; cosa importante a sumo grado, cuando se considera que este DIARIO es hasta hoy la única historia circunstanciada y completa de la Guerra de África, y que en todo tiempo tendrán que consultarlo y seguirlo los verdaderos historiadores, máxime si están seguros, como en justicia pretendo que lo estén, de que efectivamente fue redactado en el campamento, bajo la tienda, en el teatro mismo de cada combate, y en ocasiones durante la misma lucha, o sea en presencia del enemigo, como pueden acreditarlo miles de jefes y oficiales que un día y otro me vieron escribir hojas y hojas de mi libro de memorias, ya sobre la trinchera, ya en las guerrillas, ya en los armones de nuestra artillería metida en fuego, ya sobre el arzón de la silla de mi caballo, ya en los hospitales de sangre, todo lo cual compaginaba yo a la noche, o al día siguiente, si nos tocaba descansar, y lo remitía a Madrid, en donde se daba a la estampa…

Para mayor prueba de que así se escribió el DIARIO DE UN TESTIGO DE LA GUERRA DE ÁFRICA y de que, por consiguiente, es un documento auténtico o, mejor dicho, una especie de fotografía de la campaña, inserto al fin de este Prólogo mi Licencia absoluta y Hoja de servicios, de las cuales resulta oficialmente comprobado que asistí a diez acciones y dos batallas; lo cual, si bien no constituye ningún mérito, pues cuarenta mil españoles hicieron otro tanto, o mucho más, en aquellos memorables días, demuestra lo que me importa dejar fuera de toda duda con relación al presente libro; a saber, que su denominación está justificada, dado que vi con mis propios ojos todas las cosas que en él refiero… Pero, aun así y todo, bueno será explicar, contestando a las mencionadas preguntas y equivocaciones, cómo y de qué manera marché a la Guerra de África, y cuál fue mi posición y estado en aquel ejército.

Título: Diario De Un Testigo De La Guerra De África (PDF-EPUB-MOBI)
Autores: Pedro Antonio De Alarcón
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 2.7 MB
Formato: PDF-EPUB-MOBI

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Pedro Antonio De Alarcón - Diario De Un Testigo De La Guerra De África (PDF-EPUB-MOBI) Introduccion del Libro Pedro Antonio De Alarcón - Diario De Un Testigo De La Guerra De África (PDF-EPUB-MOBI) Nacido al pie de Sierra–Nevada, desde cuyas cimas se alcanza a ver la tierra donde de la morisma duerme su muerte histórica; hijo de una ciudad que conserva clarísimos vestigios de la dominación musulmana, como que fue una de sus últimas trincheras en el siglo XV y figuró…

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