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Patricia Hervías – Te Enamoraste De Mi Sin Saber Que Era Yo (PDF-EPUB)

Patricia Hervías – Te Enamoraste De Mi Sin Saber Que Era Yo (PDF-EPUB)

Patricia Hervías - Te Enamoraste De Mi Sin Saber Que Era Yo (PDF-EPUB)

Patricia Hervías – Te Enamoraste De Mi Sin Saber Que Era Yo (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Patricia Hervías – Te Enamoraste De Mi Sin Saber Que Era Yo (PDF-EPUB)

Lucía estaba realmente harta de este tipo de fiestas. Música lounge, un disyóquey gafapasta, luces cálidas que cambian despacio y gente guapa por todas partes, postureando. Sí, porque, si la palabra posturear no hubiera estado ya en uso, es probable que la RAE la hubiera acuñado en ese mismo momento, con el disyóquey como testigo.

Y además no tenía el día idóneo para disfrutar, era como si supiera que algo desagradable iba a pasar.

Pensó que la culpa debía tenerla el trabajo; esa semana un cliente se había marchado de la agencia, y había discutido con su compañera y amiga Lourdes por culpa de ese suceso.

Pero Gonzalo, su novio, había insistido demasiado en salir como para negarse.

No estaban pasando su mejor momento como pareja, ya que tenía el convencimiento de que no le era fiel, aunque no podía probarlo.

La música llenaba el ambiente y en ese instante sujetaba un Americano con la mano. No, no un señor de ese continente, sino un cóctel italiano a base de Campari y vermut rojo.

Miraba a un lado y al otro en busca de Gonzalo, pero éste, al ir a la barra a por su bebida, había desaparecido; tampoco le parecía extraño, ya que siempre se encontraba con alguno de sus clientes del bufete de abogados en el que trabajaba y, cuando le interesaba presentar a su chica, se le acercaba, la agarraba de la cintura y lucía trofeo.

Se encontró con un par de miradas conocidas; algunas personas se acercaron a saludarla, charlaron con ella de cosas banales y lucieron la mejor de sus sonrisas Profident. Repetir siempre local para tomar copas es lo que tiene: al final conoces a todo el mundo, y el mundo te conoce a ti.

Desgraciadamente, después de esa semana «maligna», Lourdes también había decidido ir al mismo sitio en el que Lucía y Gonzalo estaban pasando el rato.

Sus miradas se encontraron y, esquivándose, cambiaron su rumbo. Sí, eran amigas, las mejores, pero esa semana no era su semana, así que se saludaron con los ojos y cada una tomó un camino diferente. En ese instante, Lucía decidió marcharse al servicio; apuró su cóctel, dejó la copa en la barra y puso rumbo al lavabo.

Dentro y el silencio era absoluto; casi mejor. Resultaba raro que los baños estuvieran vacíos, y por ello aprovechó para arreglarse un poco. Se miró al espejo para intentar controlar que las hondas que se había hecho en su pelo moreno no estuvieran muy a su aire; ella lo tenía liso. Repasó un poco con el delineador sus ojos castaños y retocó el carmín de sus carnosos labios. Cuando se miraba al espejo, pocas veces lograba gustarse. Pero no tenía mal cuerpo. Medía un metro setenta y pesaba sesenta y pocos kilos… Quería irse a casa, pero antes, ya que estaba allí, aprovechó para entrar en uno de los retretes. Se dispuso a hacer pis cuando sonó la puerta de entrada.

—Atráncala con cualquier cosa. —Oyó la voz de una chica.

—Voy. —Una voz masculina respondió.

—Súbeme aquí, en el lavabo, no llevo bragas.

Los ojos de Lucía se abrieron de par en par; estaba encerrada en el baño mientras, fuera, una pareja pretendía dar rienda suelta a sus instintos más básicos. Lo peor de todo era que no sabía qué hacer, aunque, en realidad, tenía perfectamente claro que no iba a salir del baño hasta que esos dos hubieran acabado. Ni de broma…

—¡Oh, sí! —Los palmetazos entre los dos cuerpos eran sonoros—. Sigue así y me correré rápido.

—¡Mira que me gustas! —gruñó el tipo que estaba con ella.

Al escuchar la frase de aquel sujeto, los ojos de Lucía se abrieron desmesuradamente. Podría jurar que era la voz de Gonzalo; vamos, mataría si alguien le dijera que no lo era.

—Estoy a punto, bombón —añadió él, para disgusto de ella; era su novio—.

Mira que me gusta follarte.

Tenía que hacer algo, esta vez no iba a quedarse en su cubículo, así que abrió la puerta del aseo con total altivez y miró a Gonzalo a los ojos a través del espejo del lavamanos.

—¡Coño, Lucía! ¿Qué haces aquí? —le preguntó aún en una posición bastante incómoda para mantener cualquier conversación. Su partenaire se cubrió los pechos a la vez que se separaba de él, dejando en una postura bastante vergonzante al que hasta el momento era su novio…

Título: Te Enamoraste De Mi Sin Saber Que Era Yo (PDF-EPUB)
Autores: Patricia Hervías
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 820 KB
Formato: PDF-EPUB

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Patricia Hervías - Te Enamoraste De Mi Sin Saber Que Era Yo (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Patricia Hervías - Te Enamoraste De Mi Sin Saber Que Era Yo (PDF-EPUB) Lucía estaba realmente harta de este tipo de fiestas. Música lounge, un disyóquey gafapasta, luces cálidas que cambian despacio y gente guapa por todas partes, postureando. Sí, porque, si la palabra posturear no hubiera estado ya en uso, es probable que la RAE la hubiera acuñado en ese mismo momento, con el disyóquey como…

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