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Patricia D. Cornwell – Niebla roja (PDF-EPUB)

Patricia D. Cornwell – Niebla roja (PDF-EPUB)

Patricia D. Cornwell - Niebla roja (PDF-EPUB)

Patricia D. Cornwell – Niebla roja (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Patricia D. Cornwell – Niebla roja (PDF-EPUB)

La doctora Kay Scarpetta, reputada patóloga forense, directora del Centro Forense de Cambridge (Massachusetts) y colaboradora del Departamento de Defensa, se encuentra ante una difícil encrucijada: la resolución lógica de una serie de brutales asesinatos que está cometiendo una retorcida mente criminal en Savannah (Georgia) y su instinto de mujer, que le dicta normas que van más allá de las pruebas imputables y de la ciencia forense.

Lejos de su laboratorio, Scarpetta deberá confiar más en su intuición que en las avanzadas técnicas forenses que habitualmente utiliza para esclarecer las más macabras e incomprensibles muertes que un ser humano pueda llegar a cometer. ¿Será capaz de resolver este nuevo caso aun cuando su reputación e incluso su vida también están en juego?

Prólogo

Los rieles de hierro de color pardo rojizo como la sangre vieja cruzan el pavimento agrietado de la carretera que se adentra en Lowcountry. Mientras atravieso las vías pienso que la prisión para mujeres de Georgia se encuentra en el lado equivocado y que tal vez debería tomármelo como otro aviso y dar la vuelta. Aún no son las cuatro de la tarde del jueves 30 de junio. Estoy a tiempo de coger el último vuelo a Boston, pero sé que no lo haré.

Esta parte de la costa de Georgia es un terreno sombrío de bosques lúgubres, cubiertos de musgo de Florida y marismas atravesadas por arroyos serpenteantes que dan paso a grandes planicies de hierba inundadas de luz. Las garcetas blancas como la nieve y las grandes garzas azules vuelan bajo sobre el agua salobre, arrastrando las patas, y luego el bosque se cierra de nuevo a ambos lados de la estrecha carretera asfaltada en la que ahora me encuentro. El kudzu estrangula la maleza y cubre las copas con capas oscuras de hojas escamosas, y los gigantescos cipreses con gruesas rodillas nudosas se elevan desde los pantanos como criaturas prehistóricas que chapotean al acecho. Aunque todavía no he visto un caimán o una serpiente, estoy segura de que están ahí, y son conscientes de mi gran máquina blanca que ruge, resopla y petardea.

No sé cómo he acabado metida en esta ratonera que se pasea por toda la carretera y huele a comida basura y cigarrillos con un toque a pescado podrido. No es lo que le pedí a Bryce, mi jefe de personal, que me alquilara: un seguro y confortable sedán de tamaño mediano, con preferencia un Volvo o un Camry, con airbags laterales y frontales y GPS. Cuando me encontré fuera de la terminal del aeropuerto con un joven, en una camioneta de carga blanca, sin aire acondicionado y ni siquiera un mapa, le dije que aquello era un error. Que me habían dado por equivocación el vehículo de otra persona. Me respondió que en el contrato figuraba mi nombre, Kate Scarpetta, y yo le dije que mi nombre es Kay no Kate y que no me importaba el nombre que apareciera en el papel. Una camioneta de carga no era lo que había pedido.

Lowcountry Concierge Connection lo lamentaba mucho, dijo el joven muy bronceado y vestido con una camiseta sin mangas, pantalones cortos de camuflaje y zapatos de pescador. No podía imaginar qué había pasado. Obviamente, un problema informático. Estaría encantado de conseguir otro vehículo, pero mucho más tarde, o lo más probable al día siguiente.

Hasta ahora nada va como había planeado e imagino a mi marido, Benton, diciéndome que él ya me lo había advertido. Le veo apoyado en la encimera de mármol travertino en la cocina, ayer por la noche, alto y delgado, con el pelo canoso, un rostro apuesto mirándome con una expresión sombría mientras discutíamos otra vez sobre mi venida aquí. Hace solo un rato que ha desaparecido el último vestigio de mi dolor de cabeza. No sé por qué una parte de mí todavía cree, contrariamente a la evidencia, que media botella de vino va a resolver nuestras diferencias. Podría haber sido más de la mitad. Era un Pinot Grigio muy bueno por el dinero que costó, luminoso y limpio, con un toque de manzana.

El aire que sopla a través de las ventanas abiertas es denso y caliente, y huelo el olor penetrante del azufre de las plantas en descomposición, de las marismas saladas y el lodo espeso. La camioneta vacila y se mueve a trompicones por una curva soleada donde los aura gallipavos devoran algo muerto. Estas aves, grandes y feas, con sus alas deshilachadas y sus cabezas peladas, remontan el vuelo con un lento batir de alas mientras esquivo la carcasa dura de un mapache, el aire sofocante cargado con un fuerte hedor pútrido que conozco demasiado bien. Animal o humano, no importa.

Puedo reconocer la muerte a distancia y si saliese de la camioneta para mirar de cerca, probablemente podría determinar la causa exacta de la muerte de aquel mapache, cuándo ocurrió y también reconstruir la manera cómo lo golpearon y tal vez qué lo golpeó.

La mayoría de las personas se refieren a mí como examinadora médica, pero algunos creen que soy médico forense, y de vez en cuando me confunden con una médico de la policía. Para ser más precisos, soy médico con una especialidad en patología, y subespecialidades en patología forense, radiología tridimensional o el uso de escáneres de tomografía computarizada, TC, para ver el interior de un cadáver antes de tocarlo con un escalpelo. Soy licenciada en Derecho y tengo el rango de coronel reservista especial de la Fuerza Aérea, y, por lo tanto, una afiliación en el Departamento de Defensa, que el año pasado me designó para dirigir el Centro Forense de Cambridge, que han financiado, junto al estado de Massachusetts, el Massachusetts Institute of Technology (MIT) y Harvard.

Soy una experta en determinar el mecanismo de lo que mata o por qué algo no lo hace, ya se trate de una enfermedad, un veneno, una mala praxis médica, un acto divino, una pistola o un artefacto explosivo improvisado (AEI). Todas mis acciones tienen que tener una justificación legal correcta. Se espera que ayude al Gobierno de Estados Unidos en lo que sea necesario y en todo aquello que se me pida. Juro y testifico bajo juramento, y lo que todo esto significa es que, en realidad, no tengo derecho a vivir de la misma manera que la mayoría de la gente. No es una opción para mí no ser objetiva y clínica. En ningún caso debo tener opiniones personales o reacciones emocionales, no importa el horror o la crueldad. Aun cuando la violencia me ha impactado directamente, como el atentado contra mi vida de hace cuatro meses, debo mantenerme tan impasible como un poste de hierro o una piedra. Debo mantenerme firme en mi determinación, tranquila y fría.

Título: Niebla roja (PDF-EPUB)
Autores: Patricia D. Cornwell
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 3.0 MB
Formato: PDF-EPUB

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Patricia D. Cornwell - Niebla roja (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Patricia D. Cornwell - Niebla roja (PDF-EPUB) La doctora Kay Scarpetta, reputada patóloga forense, directora del Centro Forense de Cambridge (Massachusetts) y colaboradora del Departamento de Defensa, se encuentra ante una difícil encrucijada: la resolución lógica de una serie de brutales asesinatos que está cometiendo una retorcida mente criminal en Savannah (Georgia) y su instinto de mujer, que le dicta normas que van más allá de las pruebas imputables y de la ciencia forense. Lejos de su laboratorio, Scarpetta…

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