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Patricia Briggs – Silver Borne (PDF)

Patricia Briggs – Silver Borne (PDF)

Patricia Briggs - Silver Borne (PDF)

Patricia Briggs – Silver Borne (PDF)

Introduccion del Libro Patricia Briggs – Silver Borne (PDF)

El motor de arranque se quejaba como si le diese la vuelta al pesado motor del viejo Buick. Sentía mucha simpatía por éste desde que los enfrentamientos externos de mi clase de artes marciales eran algo con lo que estaba íntimamente familiarizada. Soy una cambiaformas que se convierte en coyote, jugando en un mundo de hombres lobo y vampiros —pasado de rosca es quedarse corto.

—Una vez más,—le dije a Gabriel, mi encargado de la oficina de diecisiete años, que estaba sentado en el asiento del conductor del Buick de su madre. Sorbí y me sequé la nariz en el hombro de mi mono de trabajo. Las narices que moquean son parte integral del trabajo en invierno.

Me encanta ser mecánica, con la nariz moqueando, grasa en las manos y todo.

Es una vida llena de frustración y corteza en tus nudillos, seguido por breves momentos de triunfo que hacen que todo lo demás valga la pena. Encuentro esto como un refugio al caos que mi vida ha sido últimamente: es probable que nadie muera si puedo arreglar su coche.

Más aun si éste es el coche de su madre. Había sido un corto día de colegio, y Gabriel había usado su tiempo libre en intentar arreglar el coche de su madre. No lo había traído corriendo desesperadamente, en absoluto, sino que tenía un amigo que lo remolcó a la tienda para ver si podía arreglarlo.

El Buick hacía un poco más de ruido insano. Caminé de vuelta al compartimento del motor abierto. Combustible, fuego y aire hacen funcionar el motor —siempre que el motor en cuestión no esté tostado.

—No lo está cogiendo, Mercy,—dijo Gabriel, como si no lo hubiera notado.

Sujetaba el volante con elegantes manos pero ásperas por el trabajo. Había una mancha de grasa en su pómulo, y un ojo estaba rojo por qué no se había puesto las gafas de seguridad cuando se había arrastrado debajo del coche. Había sido recompensado con una gran mancha de porquería —metal oxidado y grasa—en sus ojos.

A pesar de mi gran corazón estábamos manteniéndonos alejados de un resfriado, ambos llevábamos chaquetas. No hay forma de mantener una tienda verdaderamente caliente cuando estás corriendo las puertas del garaje arriba y abajo todo el día.

—Mercy, mi madre tiene que estar en el trabajo en una hora.

—La buena noticia es que no creo que sea algo que haga, —salí del compartimento del motor y me encontré con sus desesperados ojos. —La mala noticia es que no va a estar en marcha en una hora. Jury no estará en casa aunque estará de vuelta en la carretera después de todo.

Él se deslizó fuera del coche y se apoyó bajo el capó para mirar en el pequeño motor que no funcionaba como si pudiera encontrar algún cable que yo no hubiera notado que milagrosamente lo hiciera funcionar. Le dejé dándole vueltas al asunto y fui a mi oficina cruzando la entrada.

Detrás del mostrador estaba el mugriento tablero, que solía ser blanco, con ganchos donde ponía las llaves de los coches en los que estaba trabajando… y una media docena de misteriosas llaves que eran anteriores a mi adquisición. Tiré de un juego de llaves con mucho cariño de un llavero con un arco iris y una canción de paz, luego troté de vuelta al garaje. Gabriel estaba de vuelta sentado detrás del volante del Buick de su madre y con mirada enferma. Le tendí las llaves por la ventana abierta.

—Coge el Bug,—le dije. —Dile a tu madre que los intermitentes no van bien, así que tendrá que usar las señales manuales. Y dile que no gire el volante demasiado fuerte o se quitará.

Su cara se volvió testaruda.

—Mira,—dije antes de que pudiera protestar, —esto no me va a costar nada. No tendré a todos los chicos,—no es que el Buick lo hiciera; había muchos chicos —y esto no tiene mucho de corazón. Pero anda, y yo no lo estoy usando. Trabajaremos en el Buick después de horas hasta que esté terminado, y podrás deberme muchas horas.

Estaba completamente segura de que el motor había ido al genial cielo de los desguaces… y sabía que Sylvia, la madre de Gabriel, no podía afrontar comprarse un motor nuevo, y mucho menos que pudiera comprarse un coche nuevo. Así que llamaría a Zee, mi viejo maestro, para que se encargara, de trabajar con su magia en esto. Magia en sentido literal —no había demasiado figurativo en Zee. Era un Fae, un gremlin cuyo elemento natural era el metal.

—El Bug es tu coche en proyecto, Mercy,—la protesta de Gabriel fue débil.

Mi último coche restaurado, un Karmann Ghia, lo había vendido. Mi recogida de ganancias, dividida con un terrorífico cuerpo de hombre y un tapicero, habían comprado un Beetle del 71 y un VW Bus del 65 con un pequeño sobrante. El Bus era bonito y no corría; el Bug tenía el problema contrario.

—Trabajaré primero en el Bus. Coge las llaves.

La expresión en su cara era más mayor de lo que debería haber sido. —Solo si dejas a las chicas venir y limpiar los sábados hasta que te devolvamos el Bug…

Título: Silver Borne (PDF)
Autores: Patricia Briggs
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.7 MB
Formato: PDF-EPUB

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Patricia Briggs - Silver Borne (PDF) Introduccion del Libro Patricia Briggs - Silver Borne (PDF) El motor de arranque se quejaba como si le diese la vuelta al pesado motor del viejo Buick. Sentía mucha simpatía por éste desde que los enfrentamientos externos de mi clase de artes marciales eran algo con lo que estaba íntimamente familiarizada. Soy una cambiaformas que se convierte en coyote, jugando en un mundo de hombres lobo y vampiros —pasado de rosca es quedarse corto. —Una vez más,—le dije a Gabriel, mi encargado de la…

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