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Morris West – La Salamandra (PDF-EPUB)

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Morris West – La Salamandra (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Morris West – La Salamandra (PDF-EPUB)

Entre la medianoche y el amanecer, mientras sus conciudadanos romanos estaban celebrando el final el Carnaval, el conde Massimo Pantaleone, general del Estado Mayor, murió en su cama. Soltero y con algo más de sesenta años, soldado de hábitos espartanos, murió solo.

Su sirviente, un sargento de Caballería retirado, le llevó al general su café a la hora habitual, las siete de la mañana, y lo halló yaciendo de espaldas, totalmente vestido, con la boca abierta y mirando al techo artesonado. El criado depositó cuidadosamente el café, se persignó, cubrió con dos piezas de cincuenta liras los ojos muertos, y luego telefoneó al ayudante del general, capitán Girolamo Carpi.

Carpi telefoneó al director. El director me telefoneó a mí. Encontrarán mi nombre en el dossier Salamandra: Dante Alighieri Matucci, coronel de los Carabinieri, asignado para una misión especial al Servicio de Información de la Defensa.

Al Servicio se le denomina habitualmente por sus iniciales en italiano: SID (Servizio Informazione Difensa). Como cualquier otro servicio de inteligencia, emplea gran cantidad del dinero de los contribuyentes en perpetuarse a sí mismo, y una cantidad inferior en recoger información que se supone protegerá a la República contra los invasores, traidores, espías, saboteadores y terroristas políticos. Ya habrán comprendido que yo siento un cierto escepticismo acerca del valor de todo esto. Y tengo derecho a ello. Trabajo en este organismo, y cada hombre que pertenece a él se desilusiona, de alguna manera. El Servicio no es muy apto para que uno siga manteniendo su inocencia, pues trata de lograr instrumentos de política maleable.

Pero estoy apartándome del tema…

El conde Massimo Pantaleone, general del Estado Mayor, estaba muerto. Se me encargó disponer un discreto mutis alrededor del cadáver. Necesitaba ayuda. El Ejército me la suministró bajo la forma de un oficial superior médico, con el grado de coronel, y un abogado castrense, con el grado de mayor. Fuimos juntos en coche al apartamento del general. Nos recibió el capitán Carpi. El sirviente del general estaba llorando en la cocina sobre un vaso de grappa. Hasta ahora, todo iba bien. No había confusión. No había vecinos en aquel piso. No se había informado aún a los parientes. No sentía mucho respeto por Carpi, pero tuve que reconocer su discreción.

El oficial médico efectuó un examen sumario y decidió que el general había muerto por una sobredosis de barbitúricos, autoadministrados. Extendió un certificado en el que se declaraba que la causa de la muerte había sido un fallo cardíaco, lo firmó y se lo hizo firmar como testigo al abogado castrense. No era un documento falso, sino sólo un documento conveniente. El corazón del general había fallado. Era una pena que no lo hubiera hecho años antes. Un escándalo nobeneficiaría a nadie. Podría dañar a mucha gente inocente.

A las ocho y media llegó una ambulancia militar y se llevó el cadáver. Permanecí en el apartamento con Carpi y el criado. Éste nos hizo café, y mientras lo bebíamos, lo interrogué. Sus respuestas establecieron una serie de hechos simples.

El general había cenado fuera. Había regresado veinte minutos antes de la medianoche, retirándose inmediatamente a su dormitorio. El sirviente había cerrado puertas y ventanas, conectado la alarma contra ladrones, y se había ido a la cama. Se había levantado a las seis y media y preparado el café matutino… ¿Visitantes?

Ninguno… ¿Intrusos? Ninguno. Las alarmas no habían funcionado… ¿Llamadas telefónicas, en uno u otro sentido? No había forma de saberlo. El general hubiera usado la línea privada que había en su alcoba. Desde luego, el teléfono del criado no había sonado… ¿El comportamiento del general? Normal. Era un hombre taciturno.

Resultaba difícil saber lo que estaban pensando en cualquier momento. Eso era todo… Le di una palmada en el hombro y lo mandé a la cocina.

Carpi cerró la puerta tras él, sirvió dos vasos del whisky del general, me entregó uno e hizo una pregunta:

—¿Qué decimos a sus amigos… y a la Prensa?

Era el tipo de pregunta que él hacía: trivial e irrelevante.

—Ya vio el certificado de defunción, firmado y legalizado: causas naturales, fallo cardíaco.

Título: La Salamandra (PDF-EPUB) 
Autores: Morris West
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.7 MB
Formato: PDF-EPUB

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Morris West - La Salamandra (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Morris West - La Salamandra (PDF-EPUB) Entre la medianoche y el amanecer, mientras sus conciudadanos romanos estaban celebrando el final el Carnaval, el conde Massimo Pantaleone, general del Estado Mayor, murió en su cama. Soltero y con algo más de sesenta años, soldado de hábitos espartanos, murió solo. Su sirviente, un sargento de Caballería retirado, le llevó al general su café a la hora habitual, las siete de la mañana, y lo halló yaciendo de espaldas, totalmente vestido, con la boca…

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