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Molière – El Ricachón En La Corte (PDF)

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Molière – El Ricachón En La Corte (PDF)

Introduccion del Libro Molière – El Ricachón En La Corte (PDF)

MAESTRO DE MÚSICA (A los músicos). -Venid…, entrad en estamsala y aguardad sentados a que llegue.

MAESTRO DE BAILE (A los bailarines). -Y vosotros también, peroma este otro extremo.

MAESTRO DE MÚSICA (Al discípulo). -¿Está ya eso?

DISCIPULO. -Sí.

MAESTRO DE MÚSICA. -Veamos.

MAESTRO DE BAILE. -¿Algo nuevo?

MAESTRO DE MÚSICA. -Sí. Una serenata que le ha mandado hacermaquí mismo, en tanto que nuestro hombre se sacude las sábanas.

MAESTRO DE BAILE. -¿Se puede ver?

MAESTRO DE MÚSICA. -Ahora, cuando él salga, podréis oírla, conmsus recitativos y todo. Poco puede tardar ya.

MAESTRO DE BAILE. -Nuestras ocupaciones actuales, tanto lasmvuestras como las mías, no son grano de anís.

MAESTRO DE MÚSICA. -Ciertamente. Ambos hemos hallado almhombre que necesitábamos. Monsieur Jourdain, con sus ínfulas de cortesano, que se le han subido a la cabeza, es para nosotros una finca.

¡Lástima que no le imitaran los demás, para bien de vuestras danzas y de mi música!

MAESTRO DE BAILE. -Según y conforme… Yo estimo que no le estarían de más algunos conocimientos que le permitieran darse cuenta de nuestros trabajos.

MAESTRO DE MÚSICA. -Es verdad que no tiene ni idea de ellos, pero los paga bien, y, precisamente, esto es lo que ante todo, necesitan las artes.

MAESTRO DE BAILE. -Para mí la gloria es el mejor sustento, y no tengo inconveniente en confesaros que los aplausos me llegan a lo más íntimo. No puede haber mayor suplicio para un artista que el de producir para un público de ignorantes y padecer el juicio estúpido de un imbécil. No me neguéis que se experimenta un placer inefable ejecutando ante personas capaces de sentir la emoción del arte; que saben acoger con agrado las bellezas de una obra, y que, con su lisonjera aprobación, os recompensan de vuestro trabajo… Sí, la retribución más halagüeña que puede recibir el artista es la de verse comprendido, la de sentirse acariciado por el aplauso; nada hay, en mi concepto, que pague mejor nuestras fatigas; nada más exquisito que los elogios del entendido.

MAESTRO DE MÚSICA. -De acuerdo; y, como vos, yo disfruto igualmente de esas dulzuras. No hay nada, seguramente, que cosquillee nuestro amor propio como el aplauso; pero el incienso no alimenta. Los puros elogios no colocan a un hombre a cubierto de sus necesidades: hay que agregar algo más positivo, y la mejor manera de elogiar es abriendo la mano. Este hombre, en efecto, es muy corto de luces; habla a tontas y a locas y aplaude a destiempo… ; pero su dinero rectifica los yerros de su espíritu. Sus bolsillos están llenos de discreción; sus elogios están acuñados. He aquí por qué este ricachón ignorante nos es más útil que el ilustrado señorón que nos introdujo en esta casa…

Título: El Ricachón En La Corte (PDF)
Autores: Molière
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 226 KB
Formato: PDF

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