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Mircea Eliade – Relatos fantásticos (PDF-EPUB)

Mircea Eliade – Relatos fantásticos (PDF-EPUB)

Mircea Eliade - Relatos fantásticos (PDF-EPUB)

Mircea Eliade – Relatos fantásticos (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Mircea Eliade – Relatos fantásticos (PDF-EPUB)

Avanzaban ambos de puntillas, con paso cauteloso, y cuando el piso crujía se paraban en seco conteniendo el aliento. Y entonces, casi de forma mecánica, Ieronim apretaba el botón de la linterna y se quedaban a oscuras.

—No tengas miedo —le dijo poco después, cuando se le trabaron los pies con una cuerda que no había podido ver y, al apoyarse en un armario para no caer, una de las puertas se abrió lentamente produciendo un largo chasquido que parecía un gemido sordo—. No temas. No hay nadie en toda la casa.

—¿Por qué, entonces, hablas tan bajo? —le preguntó el otro.

Ieronim volvió a encender la linterna y giró el haz luminoso alrededor del muchacho pero sin alumbrarle la cara. No era necesario. La veía bastante bien. Era una cara mustia de estudiante de bachillerato, con unos ojos anormalmente hundidos en las órbitas, labios delgados y pelo a cepillo con un pequeño flequillo cayéndole sobre la frente.

—Has dicho que te llamas Vlad, ¿no es cierto?

—Sí, Vlad. Vladimir Iconaru.

—Pues quiero que sepas, amigo Iconaru —dijo acercando la cabeza—, que jamás nadie, en ninguna obra de teatro, en ninguna novela ni en ninguna poesía, nadie, repito, se ha atrevido a hablar en un tono de voz normal cuando se mete por la noche en el desván de una casa extraña y lo hace, como nosotros, con un plan muy concreto: dar con el arca donde la viuda del héroe de guerra, el general Iancu Calomfir, guardó con unción los uniformes de gala de su marido; dar con el arca, como te digo, forzar la cerradura y robar los dos uniformes. Repito, robar dos uniformes de general.

—Pero tú decías que erais parientes…

—Y lo somos. Es más, mi padre era su sobrino predilecto. Era el sobrino predilecto de la viuda del general Iancu Calomfir. ¿Pero eso qué tiene que ver? Nos hemos introducido en este desván con llaves falsas, al anochecer, para buscar un objeto determinado y robarlo. Es verdad, un objeto de arte, quizá de cierto interés histórico, pero sin valor: dos uniformes.

—Y también una colección de coleópteros —añadió Vladimir.

Ieronim volvió a alzar la linterna y esta vez concentró la luz sobre la cabeza del muchacho y a continuación le hizo señas de que lo siguiera. Pero tras dar unos pasos se detuvo.

—Hace muchos años que no he estado en este desván —dijo con voz incolora—.

Pero recuerdo muy bien todos los objetos, todos estos armarios, cajones y baúles. Y se los señaló alumbrando con la linterna a lo largo de las paredes. También recuerdo perfectamente el sitio donde estaba el arca de los uniformes; es allí, unos diez metros delante de nosotros, aunque no podemos verla aún porque la tapan un sinfín de cajones, baúles y muchos, muchísimos paquetes de periódicos viejos. Pero hay una cosa, una sola, que no recuerdo, Vladimir Iconaru: no recuerdo haberte hablado de ninguna colección de coleópteros. Únicamente te dije que en esta casa había muchos insectarios, especialmente una rica colección de mariposas.

—¡Qué lástima! Las mariposas también son hermosas pero mi gran pasión son los coleópteros.

Ieronim echó la cabeza hacia atrás y lo miró sorprendido y escrutador.

—Interesante —dijo al cabo de unos instantes—, y he de reconocer que no me lo esperaba. Si alguna vez escribo un tratado de moral, tendré que plantear tu caso. Y es que eres un hombre interesante. En pocas palabras, aceptas con entusiasmo la condición de ladrón por una colección de coleópteros pero vacilas o, más exactamente, te llenas de escrúpulos al saber que se trata sólo de mariposas.

—¡No vacilo! —protestó Iconaru ruborizándose—. Porque, en realidad, no es un robo. Sois parientes. Se trata de la misma familia. Y, además —añadió bajando la voz —, todos están muertos.

—¿Por qué dices todos?

—Todos los que han vivido en esta casa, el general y su viuda y los hijos que tuvieron y que murieron, unos en la guerra y otros en los bombardeos. ¿No me dijiste anteayer que todos habían muerto y que la casa estaba vacía? ¿Y que si nadie había venido a vivir era porque estaba falsa a causa de las bombas y tal vez la derriben en primavera?

Ieronim se le quedó mirando con gran tristeza y seguidamente apagó la linterna.

—Así es —musitó—. Todos han muerto. O, para ser más exactos, casi todos.

Pero ¿qué tiene que ver? No tenemos derecho a perder la esperanza. Cuando te vi anteayer por la mañana…

Título: Relatos fantásticos (PDF-EPUB)
Autores: Mircea Eliade
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.0 MB
Formato: PDF-EPUB

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Mircea Eliade - Relatos fantásticos (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Mircea Eliade - Relatos fantásticos (PDF-EPUB) Avanzaban ambos de puntillas, con paso cauteloso, y cuando el piso crujía se paraban en seco conteniendo el aliento. Y entonces, casi de forma mecánica, Ieronim apretaba el botón de la linterna y se quedaban a oscuras. —No tengas miedo —le dijo poco después, cuando se le trabaron los pies con una cuerda que no había podido ver y, al apoyarse en un armario para no caer, una de las puertas se abrió lentamente produciendo…

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