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Maurice Druon – La Flor De Lis El León (PDF-EPUB)

Maurice Druon – La Flor De Lis El León (PDF-EPUB)

Maurice Druon - La Flor De Lis El León (PDF-EPUB)

Maurice Druon – La Flor De Lis El León (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Maurice Druon – La Flor De Lis El León (PDF-EPUB)

De todas las parroquias de la ciudad, tanto de una parte como de la otra del río, de Saint-Denis, de Saint-Cuthbert, de Saint-Martin-cum-Gregory, de Saint-Mary-Senior y SaintMary-Junior, de los Shambles, de Tanner Row, de todas partes, el pueblo de York subía desde hacía dos horas en ininterrumpidas filas hacia el Minster, hacia la gigantesca catedral, todavía inacabada en su parte occidental, cuya inmensa mole alta, alargada, maciza, ocupaba la parte alta de la ciudad.

En Stonegate y Deangate, las dos tortuosas calles que desembocaban en el Yard, la muchedumbre estaba bloqueada. Los adolescentes, encaramados en los muros, no veían más que cabezas, nada más que cabezas, un progresivo aumento de cabezas, que cubrían por entero la explanada. Burgueses, mercaderes, matronas con numerosos hijos, inválidos con muletas, sirvientas, dependientes de artesanos, clérigos con capuchón, soldados con cotas de mallas, y mendigos cubiertos de andrajos se confundían con las ramitas agavilladas de heno. Los ladrones de ágiles dedos hacían su agosto. En las ventanas que daban a la explanada se veían rostros arracimados.

Pero ¿era una luz propia del mediodía la de aquella mañana brumosa y húmeda, que despedía un frío vaho, y envolvía con nubes algodonosas el enorme edificio y a la multitud que chapoteaba en el barro? La muchedumbre se apretujaba para conservar su propio calor.

24 de enero de 1328. Ante monseñor William de Merlton, arzobispo de York y primado de Inglaterra, el rey Eduardo III, que no tenía aún dieciséis años, se desposaba con Felipa de Hainaut, su prima, que apenas contaba catorce.

No había ni un solo lugar vacante en la catedral, reservada para los dignatarios del reino, los miembros del alto clero, los del Parlamento, los quinientos caballeros invitados y los cien nobles escoceses con sus trajes cuadriculados, llegados para ratificar, aprovechando la ocasión de la boda, el tratado de paz.

En seguida sería celebrada la misa solemne, cantada por ciento veinte chantres.

Pero, por el momento, la primera parte de la ceremonia, la boda propiamente dicha, se desarrollaba delante de la puerta sur, en el exterior de la iglesia y a la vista del pueblo, según el antiguo rito y las costumbres particulares de la archidiócesis de York.

La niebla dejaba húmedas hilachas en el rojo terciopelo del dosel levantado junto al pórtico, se condensaba en las mitras de los obispos, se deslizaba por las pieles que cubrían los hombros de la familia real reunida en torno a la joven pareja.

—Here i take thee, Philippa, to my wedded wife, to have and to hold at bed and at hoard… Aquí te tomo, Felipa, por mi mujer desposada, para tenerte y guardar en mi lecho y casa…

La voz del rey, que surgía de aquellos tiernos labios, de aquel rostro imberbe, sorprendió por su fuerza, claridad e intensidad de vibración. La reina madre Isabel se emocionó, al igual que messire Juan de Hainaut, tío de la novia, y todos los asistentes de las primeras filas, entre los cuales se veía a los condes Edmundo de Kent y de Norfolk, al conde de Lancaster o Cuello-Torcido, jefe del consejo de regencia y tutor del rey.

—… for fairer for fouler, for better for worse, in sickness and in health… Para lo hermoso y lo feo, para lo mejor y lo peor, en la enfermedad y en la salud…

Los murmullos de la multitud iban cesando progresivamente. El silencio se extendía como una onda circular, y la resonancia de la joven voz real se propagaba por encima de los millares de cabezas, audible casi en el otro extremo de la plaza. El rey pronunciaba lentamente la larga fórmula del voto, que había aprendido la víspera; pero se hubiera dicho que la estaba inventando, a juzgar por lo bien que destacaba algunas frases, como si las pensara para cargarlas con su sentido más grave y profundo. Eran como las palabras de una plegaria destinada a no decirse más que una vez y para toda la vida.

Por aquella boca de adolescente se expresaba un alma adulta, de hombre seguro de su compromiso ante el Cielo, de príncipe consciente de su papel entre Dios y su pueblo. El nuevo rey tomaba a sus parientes más allegados, sus grandes oficiales y barones, sus prelados, a la población de York y a toda Inglaterra como testigos del amor que juraba a Felipa.

Título: La Flor De Lis El León (PDF-EPUB)
Autores: Maurice Druon
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.7 MB
Formato: PDF-EPUB

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Maurice Druon - La Flor De Lis El León (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Maurice Druon - La Flor De Lis El León (PDF-EPUB) De todas las parroquias de la ciudad, tanto de una parte como de la otra del río, de Saint-Denis, de Saint-Cuthbert, de Saint-Martin-cum-Gregory, de Saint-Mary-Senior y SaintMary-Junior, de los Shambles, de Tanner Row, de todas partes, el pueblo de York subía desde hacía dos horas en ininterrumpidas filas hacia el Minster, hacia la gigantesca catedral, todavía inacabada en su parte occidental, cuya inmensa…

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