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Marie Lu – Prodigy (PDF)

Marie Lu – Prodigy (PDF)

Marie Lu - Prodigy (PDF)

Marie Lu – Prodigy (PDF)

 Introduccion del Libro Marie Lu – Prodigy (PDF)

June y Day llegan a Vegas justo cuando sucede lo impensable: el Elector Primo muere y su hijo Anden toma su lugar. Con la República acercándose al caos, los dos se unen a un grupo de Patriotas rebeldes deseosos de ayudar a Day a rescatar a su hermano y les ofrecen paso a las Colonias. Sólo tienen una condición… June y Day deben asesinar al nuevo Elector.

Es su oportunidad de cambiar la nación, de dar voz a un pueblo silenciado durante demasiado tiempo.

Pero mientras June se da cuenta de que este Elector no es nada como su padre, es perseguida por la futura elección. ¿Qué pasa si Anden es un nuevo comienzo? ¿Y si la revolución debe ser algo más que pérdida y venganza, ira y sangre? ¿Qué si los Patriotas están equivocados?

Prólogo

Day despierta sobresaltado a mi lado. Su frente está cubierta de sudor, y sus mejillas están mojadas con lágrimas. Está respirando pesadamente.

Me inclino sobre él y le aparto un mechón de cabello mojado de la cara. La herida en mi hombro ha cicatrizado ya, pero mi movimiento la hace contraerse de nuevo. Day se sienta, se frota una mano con cansancio en sus ojos, y mira alrededor de nuestro tambaleante vagón como si buscara algo. Observa primero entre las pilas de cajas en un rincón oscuro, luego entre la arpillera que recubre el suelo y la pequeña bolsa de comida y agua puesta entre nosotros. Le toma un momento reorientarse, recordar que estamos robando un paseo en un tren con destino a Vegas. Unos segundos pasan antes de que él suelta su postura rígida y se deje apoyar contra la pared.

Toco suavemente su mano.

—¿Estás bien? —Esa se ha convertido en mi pregunta constante.

Day se encoge de hombros.

—Sí —murmura—. Pesadillas.

Nueve días han pasado desde que huimos del Sector Batalla y escapamos de Los Ángeles. Desde entonces, Day ha tenido pesadillas cada vez que ha cerrado los ojos.

Cuando nos alejamos por primera vez y pudimos conseguir unas horas de descanso en un patio de trenes abandonados, Day despertó sobresaltado y gritando. Tuvimos la suerte de que ningún soldado o policía callejera lo escuchara. Después de eso, he desarrollado el hábito de acariciar su cabello inmediatamente después para que duerma, de besar sus mejillas, frente y párpados. Todavía se despierta jadeando con lágrimas, sus ojos cazando frenéticamente por todo lo que ha perdido. Pero al menos lo hace en silencio.

A veces, cuando Day está así de tranquilo, me pregunto qué tan bien está colgando de su cordura. La idea me asusta. No puedo darme el lujo de perderlo. Me sigo diciendo que es por razones prácticas: tendríamos pocas posibilidades de sobrevivir solos en este punto, y sus habilidades complementan las mías. Además… no tengo a nadie que proteger. He tenido mi parte de lágrimas también, aunque yo siempre espero hasta que él se duerma para llorar. Lloré por Ollie anoche. Me siento un poco tonta llorando por mi perro cuando la República mató a nuestras familias, pero no puedo evitarlo. Metias fue el que lo llevó a casa, una bola blanca de patas gigantes y orejas caídas y ojos marrones cálidos, la más dulce criatura torpe que jamás había visto. Ollie era mi hijo, y yo lo dejé atrás.

—¿Qué sueñas? —le susurro a Day.

—Nada memorable. —Day se remueve, luego hace una mueca mientras se roza accidentalmente su pierna herida contra el suelo. Su cuerpo se tensa por el dolor, y puedo notar cuán duros son sus brazos por debajo de su camisa, nudos de músculo magro obtenidos de las calles. Una respiración dificultosa escapa de sus labios. La forma en que me había empujado contra aquella pared del callejón, el hambre en su primer beso. Dejo de concentrarme en su boca y me sacudo el recuerdo, avergonzada.

Él asiente hacia las puertas de los vagones.

—¿Dónde estamos ahora? Debemos estar acercándonos, ¿verdad?

Me levanto, contenta por la distracción, y me apoyo contra la pared meciéndose mientras me asomo a la ventana pequeña del vagón. El paisaje no ha cambiado mucho, interminables filas de torres de apartamentos y fábricas, chimeneas antiguas y carreteras arqueadas, todo ello bañado en tonos azules y morados grisáceo por la lluvia de la tarde. Todavía estamos pasando por los sectores marginales. Se ven casi idénticos a los barrios bajos de Los Ángeles. A lo lejos, un enorme embalse se extiende hasta la mitad a través de mi línea de visión. Espero hasta que una pantalla gigante pasa destellando, luego, entrecierro los ojos para ver las letras pequeñas en la parte inferior de la pantalla.

—Ciudad de Boulder, Nevada —digo—. Muy cerca ahora. El tren probablemente se detendrá aquí por un tiempo, pero después no debería tomar más de treinta y cinco minutos en llegar a Vegas.

Day asiente. Se inclina, desata el saco de comida y busca algo para comer.

—Bueno. Cuanto antes lleguemos, más pronto vamos a encontrar a los Patriotas.

Él parece distante. A veces Day me dice de qué van sus pesadillas: faltar a su Juicio o perder a Tess en las calles o huir de las patrullas de la peste. Pesadillas acerca de ser el criminal más buscado de la República. Otras veces, cuando está así y se guarda sus sueños para sí, sé que deben estar relacionadas con su familia: la muerte de su madre, o de John. Tal vez sea mejor que no me cuente sobre ellas. Tengo lo suficiente de mis propios sueños para atormentarme, y no estoy segura de tener el coraje de saber sobre los suyos.

—Estás realmente enfocado en encontrar a los Patriotas, ¿cierto? —digo cuando Day saca un trozo duro de masa frita de la bolsa de comida. Esta no es la primera vez que me he cuestionado su insistencia en ir a Vegas, y soy cuidadosa con la forma en que me acerco al tema. La última cosa que quiero que Day piense es que no me preocupo por Tess, o que tengo miedo de reunirme con el grupo rebelde más conocido de la República—. Tess fue con ellos de buena gana. ¿No estamos poniéndola en peligro al tratar de traerla de vuelta?

Day no responde de inmediato. Desgarra la masa frita en dos y me ofrece un pedazo.

—Toma un poco, ¿sí? No has comido en mucho tiempo.

Sostengo en alto una mano cortésmente.

—No, gracias —respondo—. No me gusta la masa frita…

Título: Prodigy (PDF)
Autores: Marie Lu
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.7 MB
Formato:PDF

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Marie Lu - Prodigy (PDF)  Introduccion del Libro Marie Lu - Prodigy (PDF) June y Day llegan a Vegas justo cuando sucede lo impensable: el Elector Primo muere y su hijo Anden toma su lugar. Con la República acercándose al caos, los dos se unen a un grupo de Patriotas rebeldes deseosos de ayudar a Day a rescatar a su hermano y les ofrecen paso a las Colonias. Sólo tienen una condición... June y Day deben asesinar al nuevo Elector. Es su oportunidad de cambiar la nación, de dar voz a…

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