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Maria Border – Como Perro Y Gato (PDF-EPUB)

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Introduccion del Libro Maria Border – Como Perro Y Gato (PDF-EPUB)

Estiró las piernas, saludó como todas las mañanas, a su orgullo entre ellas.

Sintió respirar a alguien junto a él. Abrió los ojos.

«Mierda, me quedé dormido».

Buscó en la mesa de noche, su reloj.

«¡Las siete y media!»

Se había quedado dormido en casa de<, de< En fin. En casa de la chica del boliche de la noche anterior. Se llevó las manos a la cara tratando de espabilarse un poco. Comenzó a recordar. Estaba en Caballito, mínimo cuarenta minutos hasta su departamento. Tenía que bañarse, vestirse, pasar por el estudio a buscar los legajos; a las nueve y media sí o sí lo esperaban en el juzgado. No haría a tiempo.

«Por el amor de Dios, que no me la cruce a Rebeca», rogó, pero sabía que arriba no lo escucharían.

Sin importar la hora, Rebeca siempre estaba en el estudio. Como si se hubiera instalado a vivir allí. Como si fuera parte del mobiliario. No solo para cumplir con su puesto de secretaria. Estaba allí de sargento, de mandona. Era la última vez que le permitiría a Miranda la flamante esposa de su amigo y colega, que seleccionara secretaria sin primero supervisar él la elección.

Tomó la ropa, se vistió, se acercó a la mujer de la que no recordaba el nombre.

Le dio un beso en la nuca. Ella refregó su cara en la almohada.

—Me tengo que ir, se me hace tarde —susurró en su oído— ¿Me abrís?

Correr, siempre correr de un lado a otro. Desde que Santiago se fue de luna de miel con Miranda, su vida era una maratón. Y no precisamente del tipo a la que estaba acostumbrado entre sábanas. No. Corría del estudio al juzgado, al despacho de algún cliente, a su casa, a la noche, a las sábanas y otra vez al estudio, al juzgado<

«No se puede vivir así, tengo que aflojar con el laburo».

—Buen día —saludó Rebeca con cara de pocos amigos y el dedo índice marcando su reloj pulsera— Se le hace tarde, lo esperan en el juzgado.

—Ya sé, ya sé —contestó malhumorado ingresando a su despacho— “Buen día, se le hace tarde” —refunfuñó imitándola—. Si tuvieras quien te diera un revolcón de vez en cuando, seguro que vos también llegabas tarde.

—¿Habla solo? —preguntó Rebeca apoyada en la puerta— ¿O le habla a los legajos? ¿Necesita que se los revuelque un poco para encontrar el que busca?

Miró hacia las cámaras instaladas por su padre en la oficina. Señaló con furia a quien seguramente se estaba partiendo de risa mirando la escena, es decir, Manuel Salerno, su padre.

Rebeca estaba cerca de cumplir los cincuenta años, aunque aparentaba más.

Era una mujer soltera, voz ronca, creyente, ordenada, meticulosa, espantadora de amantes ajenas como ninguna. La secretaria perfecta según Miranda y su padre.

Una arpía digna de figurar en Guinness, según él. Era una idea, la postularía para el de ese año. Imaginarla con ese trofeo, lo hizo sonreír.

Miró su reloj, nueve y diez.

Rebeca continuaba en la puerta del despacho, como una madre cerciorándose que el nene está bien vestidito antes de ir al colegio.

—¿Puede dejarme pasar Rebeca? Se me hace tarde.

—¿Lleva la credencial?

«Mierda, la credencial», recordó y la buscó en su cajón.

La secretaria tomó la tarjeta de junto al legajo de Suárez, se acercó a Franco y la puso frente a sus narices—: La credencial, doctor.

Tenía que llamarlo a Mércuri, su colega de penales. No estaba seguro de cuántos años daban por matar secretarias pelotudas.

—Y no se olvide de explicarle a la señorita Morena —dijo antes de que se fuera de su alcance—, que es usted el que se niega a atender sus llamados.

Antes de salir de la oficina todavía pudo escucharla diciendo: “No se atreve a decirle a la cara que no la quiere ver más y la tengo que aguantar yo”

Salió del despacho del juez, contento. Era un as. Una maravilla hecha hombre y en cuanto a su profesión se trataba también. Se hubiera dado unos besos, si pudiera. Le guiñó el ojo a la doctora Ferrari. Esa era otra que en cualquier momento caía en sus redes. Un poco orgullosita, pero en el estrado una fiera, sin dudas también lo sería en la cama. Estaba apurado, en ese momento no tenía tiempo de intentar nada con ella. El ascensor se abrió y entró con ímpetu sin mirar.

—¿Quién lo corre Salerno? —le preguntó la representante del estudio que llevaba la sindicatura del caso Murray.

Había que tener mala suerte. Atropellar justo a ella y a días de que la mujer presentara su informe en el caso que junto a Santiago llevaban más de un año peleando.

—Perdoname, no te vi. Estoy apurado.

—Que yo sepa —dijo la síndica con cara de pocos amigos y apoyando su dedo en la corbata de Franco—, no hemos sido formalmente presentados. Motivo por el cuál, le solicito tenga a bien evitar tomarse la atribución de tutearme como si acab{ramos de compartir “un grato momento juntos”.

Título: Como Perro Y Gato (PDF-EPUB)
Autores: Maria Border
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 2.0 MB
Formato: PDF-EPUB

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Maria Border - Como Perro Y Gato (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Maria Border - Como Perro Y Gato (PDF-EPUB) Estiró las piernas, saludó como todas las mañanas, a su orgullo entre ellas. Sintió respirar a alguien junto a él. Abrió los ojos. «Mierda, me quedé dormido». Buscó en la mesa de noche, su reloj. «¡Las siete y media!» Se había quedado dormido en casa de&lt;, de&lt; En fin. En casa de la chica del boliche de la noche anterior. Se llevó las manos a la cara tratando de&hellip;

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