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Marcela Serrano – Lo Que Está En Mi Corazón (PDF-EPUB-MOBI-FB2)

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Introduccion del Libro Marcela Serrano – Lo Que Está En Mi Corazón (PDF-EPUB-MOBI-FB2)

Un viaje a Chiapas, con el fin de escribir un reportaje para una revista, brinda a Camila la oportunidad de huir de la pena y de la monotonía de su vida. La voz sugerente de la protagonista nos descubre su reencuentro con la pasión en una historia intensa e inolvidable. Lo que está en mi corazón (frase con que las mujeres mayas terminan siempre sus relatos) reafirma a Marcela Serrano como una de las grandes narradoras latinoamericanas, gracias al brillante retrato de una mujer capaz de resistir y de renacer.

Prólogo

A los veinte días de iniciado el siglo, un automóvil blanco sin patente, ocupado por tres individuos, arrolló el cuerpo de una mujermientras cruzaba una oscura calle de piedras a las ocho de la noche. Al decir de la única testigo de los hechos, el vehículo no se detuvo, por lo que ella, al ver una figura derribada en la acera por el impacto, llamó a una ambulancia sin aproximarse a comprobar si vivía: la intuición de la sangre la contuvo.

Yo había acudido puntualmente a mi cita en el Café del Museo y ya sorbía solitaria mi primer espresso cuando a las ocho y quince minutos un niño pequeño, sucio y descalzo, al que nunca había visto, se acercó a mi mesa y me avisó del accidente. Cumplida su tarea desapareció de inmediato, dejándome con la sorpresa y las preguntas extendidas. En el hospital Regional, me dijo, allí se encuentra. Tardé un poco en reaccionar, en pagar la cuenta y ponerme en acción. No supe si caminar o correr a la plaza en busca de un taxi, no fui capaz de adivinar las calles para indagar a qué distancia estaba el hospital. Retrocedí hacia el café y averigüé con el muchacho que me había atendido: en la avenida Insurgentes con Julio M. Corso, todo trayecto es corto en la ciudad.

A pie, me dirigí hacia allá, alarmada y confundida. No conté las cuadras, pero han de haber sido al menos siete u ocho. Al llegar al hospital me desviaron a urgencias, en la calle posterior. Entré corriendo y, aparte de las ambulancias que alcancé a divisar en el patio y algunos hombres deambulando por él, solo encontré una puerta cerrada precedida de un pequeño espacio techado, un cuadrado mínimo al aire libre que jugaba a sala de espera, donde tres mujeres indígenas ocupaban el único banco, aguardando, la paciencia milenaria acomodada en sus expresiones mientras un par de niños revoloteaban a sus pies. Tiene que llamar a la puerta, me advirtieron. Con fuerza y quizás un poco de prepotencia, pues no controlaba bien mis ademanes, la abrí sin llamado alguno y me introduje en el recinto. Todo tan desolado, ni siquiera una antesala al interior que nos abrigara o contuviera. Me recibió el olor inevitable, aquel de los hospitales, aquel de la pobreza.

No, no puede verla; por cierto, no pretendo verla, solo pido información, llegó en mal estado, se la está evaluando, el doctor está con ella, deberá esperar, ¿dónde?, afuera, con las demás, ya le avisaremos.

Era una noche fría aquella del mes de enero.

Luego de buscar un teléfono y efectuar al menos dos llamadas, me recliné contra la muralla, ya que no había un lugar donde sentarse, ni una mísera silla. Las indígenas me miraron imperturbables, cuatro mujeres, en silencio, esperamos. Solo el llanto de una criatura escondida bajo el rebozo de una de ellas nos interrumpía de tanto en tanto cuando la madre, cansada de amamantarla, le quitaba el pecho de la boca. Ni leche me queda ya, comentó a la que estaba a su lado, pero a él le gusta igual. ¿Esperarían a sus maridos, a un hijo, a un hermano?

Cuando una hora más tarde nadie salió a buscarme, como habían prometido, volví a irrumpir en el interior del hospital. Esta vez, sumida en el frío y en la angustia, exigí hablar con el doctor. Agradecí que mi piel fuese suficientemente blanca, único elemento con el que contaba para ser escuchada. Llegó en un estado lamentable, fue el comentario del doctor cuando por fin decidió atenderme, sufrió un impacto brutal. Un traumatismo encefalocraneal cerrado, una pierna y tres costillas rotas, múltiples hematomas y heridas.

La mantendrían en observación.

Caminé de vuelta hacia María Adelina Flores, la calle del Café del Museo, que resultaba ser la misma de mi hotel, dudando si detenerme a comer algo. Ya eran las diez de la noche y la ciudad estaba completamente vacía, como siempre a esa hora. Cada cuadra me pareció más y más larga que la anterior y, por vez primera desde mi llegada, la soledad de las calles se me antojó aventurada, expuesta, riesgosa. El mundo se me hacía más hostil, mi desamparo más evidente; no en vano se alejaba de mí, esfumándose caótica, la imagen más próxima –más cercana, más familiar– de este nuevo universo en el que yo había aterrizado.

Un cuerpo es un cuerpo, es un cuerpo, es un cuerpo, diría la literatura. Pero en mí, el lastimoso cuerpo de una mujer había sido embestido, tibio aún, identificable, real. Era el cuerpo de Reina Barcelona.

Título: Lo Que Está En Mi Corazón (PDF-EPUB-MOBI-FB2)
Autores: Marcela Serrano
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 3.4 MB
Formato: PDF-EPUB-MOBI-FB2

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Marcela Serrano - Lo Que Está En Mi Corazón (PDF-EPUB-MOBI-FB2) Introduccion del Libro Marcela Serrano - Lo Que Está En Mi Corazón (PDF-EPUB-MOBI-FB2) Un viaje a Chiapas, con el fin de escribir un reportaje para una revista, brinda a Camila la oportunidad de huir de la pena y de la monotonía de su vida. La voz sugerente de la protagonista nos descubre su reencuentro con la pasión en una historia intensa e inolvidable. Lo que está en mi corazón (frase con que las mujeres mayas terminan…

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