Libros y Solucionarios Más Descargados
Inicio » Literatura » Literatura 3 » Marcel Proust – Albertina Desaparecida (PDF)

Marcel Proust – Albertina Desaparecida (PDF)

Marcel Proust – Albertine Desaparecida (PDF)

Marcel Proust - Albertine Desaparecida (PDF)

Marcel Proust – Albertine Desaparecida (PDF)

Introduccion del Libro Marcel Proust – Albertina Desaparecida (PDF)

La presente edición reproduce el texto del ejemplar mecanografiado de Albertine disparue, parcialmente corregido por Marcel Proust.

El texto mecanografiado se ha cotejado con los cuadernos manuscritos «en limpio» a partir de los cuales había sido fijado (fundamentalmente el cuaderno XII; algunas páginas del cuaderno XV). La secretaria de Marcel Proust, Yvonne Albaret, reproduce las indicaciones a veces confusas del escritor, cuando, en el cuaderno manuscrito, éste vacila sobre la ordenación de determinados pasajes. Comoquiera que el ejemplar mecanografiado no fue ordenado por él, hemos tratado de ceñirnos al máximo a sus instrucciones. A veces, los resultados difieren bastante de los obtenidos por A. Ferré, para la «Bibliothèque de la Pléiade» (cf. pp.73-77 y III, 458-461). Como nuestros predecesores, nos hemos visto obligados a decidir incorporar algunos añadidos marginales, a restablecer o suplir construcciones, a modificar en determinados casos la puntuación. Cuando la lectura errónea se producía en un pasaje que Proust, al ponerlo «en limpio», había vuelto a copiar o dictado textualmente de un cuaderno de apuntes, a veces hemos logrado localizar la primera versión y sustituir el texto erróneo.

El fondo Proust de la Bibliothèque nationale nos fue generosamente abierto por Madame Florence Callu, conservadora en la Sección de Manuscritos, y se nos brindaron toda clase de facilidades para nuestro trabajo en el Institut des Textes et Manuscrits modernes dirigido por Bernard Brun. Reciban ambos nuestro más sincero agradecimiento.

«Aquí comienza Albertine desaparecida, continuación de la novela anterior La prisionera.»

Prólogo

¡Y así, lo que me figuraba que no suponía nada para mí, representaba ni más ni menos que toda mi vida! Cómo nos ignoramos. Urgía poner fin a mi sufrimiento; cariñoso conmigo como mi madre con mi abuela moribunda, con esa buena voluntad que se pone en no dejar sufrir al ser querido, me decía a mí mismo: «Ten un segundo de paciencia, hallaremos remedio, tranquilízate, no te dejaremos sufrir así. Todo esto no tiene ninguna importancia porque la haré volver en seguida. Examinaré los medios, pero de un modo u otro ella estará aquí esta noche. Conque inútil preocuparse». «Todo esto no tiene ninguna importancia», no me limité a decírmelo, procuré dar esa impresión a Françoise no dejando que nada se trasluciese. Era tal la costumbre que tenía de que estuviese conmigo Albertine y, de repente, veía un nuevo rostro de la Costumbre. Se me había antojado hasta el momento un poder aniquilador que suprime la originalidad y hasta la conciencia de las percepciones; la veía ahora como una terrible divinidad, tan asociada a nosotros, tan incrustado su insignificante rostro en nuestra alma, que, de desprenderse, de apartarse de nosotros, esa deidad que apenas distinguíamos nos inflige sufrimientos más tremendos que ninguna, pasando a ser entonces tan cruel como la muerte.

Lo que más urgía era leer su carta, puesto que quería estudiar los medios de hacerla volver. Los sentía míos pues, al ser el futuro lo que no existe sino en nuestro pensamiento, nos parece aún modificable merced a la intervención in extremis de nuestra voluntad.

Pero al mismo tiempo recordaba que había visto actuar sobre él fuerzas ajenas a la mía contra las que me había sentido impotente, aun disponiendo de más tiempo. ¿De qué sirve que no haya aún llegado la hora si nada podemos hacer sobre lo que ha de acaecer?

Cuando Albertine estaba en casa, me hallaba firmemente decidido a mantener la iniciativa de nuestra separación. Y se había ido. Abrí su carta. Se expresaba en estos términos:

«Perdóname, querido, por no haberme atrevido a decirte de viva voz lo que sigue, pero soy tan cobarde, siempre he sentido tanto miedo ante ti, que aun forzándome no me he visto con ánimos para hacerlo. He aquí lo que hubiera debido decirte: la vida entre los dos se ha vuelto imposible, por tu escena de la otra noche notarías además que algo ha cambiado en nuestras relaciones. Lo que pudo arreglarse esa noche pasaría a ser irreparable dentro de unos días. Mucho mejor es pues, ya que hemos tenido la suerte de reconciliarnos, que nos separemos como buenos amigos; por eso, cariño, te mando estas líneas y te ruego que tengas la bondad de perdonarme si te causo algún dolor, pensando en lo grande que será el mío. Cielo, no quiero convertirme en tu enemiga, bastante duro me resultará serte poco a poco, y muy pronto, indiferente; por eso, como mi decisión es irrevocable, antes de dar esta carta a Françoise para que te la entregue, le habré pedido mis baúles. Adiós, te dejo lo mejor de mí misma. Albertine.»

Título: Albertina Desaparecida (PDF)
Autores: Marcel Proust
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 558 KB
Formato: PDF

LINKS DE DESCARGA:
Comparte Nuestros Libros!
Facebook
Twitter
Google +
Youtube
Correo
Marcel Proust - Albertine Desaparecida (PDF) Introduccion del Libro Marcel Proust - Albertina Desaparecida (PDF) La presente edición reproduce el texto del ejemplar mecanografiado de Albertine disparue, parcialmente corregido por Marcel Proust. El texto mecanografiado se ha cotejado con los cuadernos manuscritos «en limpio» a partir de los cuales había sido fijado (fundamentalmente el cuaderno XII; algunas páginas del cuaderno XV). La secretaria de Marcel Proust, Yvonne Albaret, reproduce las indicaciones a veces confusas del escritor, cuando, en el cuaderno manuscrito, éste vacila sobre la ordenación de determinados pasajes. Comoquiera…

Review Overview

0%

User Rating: Be the first one !
0

Deja un Comentario

Tu dirección de email no será publicada.