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Luis Spota – El rostro del sueño (PDF-EPUB)

Luis Spota – El rostro del sueño (PDF-EPUB)

Luis Spota - El rostro del sueño (PDF-EPUB)

Luis Spota – El rostro del sueño (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Luis Spota – El rostro del sueño (PDF-EPUB)

Exactamente a la hora prometida en repetidos boletines de radio y televisión, y confirmada por avisos en matutinos y diarios del mediodía, entra en el valle, lento ya y no muy alto, el gran jet italiano. Con las dos Torres Olid como referencia, enfila hacia la Pista Cinco del Aeropuerto Internacional Maclovio Borges.

Ese año también uno entre «Los Diez Hombres Mejor Vestidos de la República», Jacinto Olmedo, de TV-Olid 9, describe para el auditorio del país, «el más numeroso reunido en la historia de nuestra televisión», lo que de interesante ocurre en la plataforma central (ocupada por prelados de Roma, Turín y América; autoridades del Ayuntamiento; miembros del Gabinete y del Cuerpo Diplomático; banqueros, industriales, y expertos en cuestiones de seguridad que a su cargo tienen garantizar la de tantos personajes) y en las espaciosas tribunas metálicas, instaladas por la Alcaldía para acomodar en ellas a quienes, «quizá unos quinientos mil fervorosos y entusiastas», adquirieron, a cambio de un donativo, derecho a asistir, desde ese lugar de privilegio, a la ceremonia.

—… y de este modo, al tocar tierra nacional el aparato que nos trae al Santo Sudario, se origina en el graderío una conmoción indescriptible; una trepidación semejante a la que provocaría un terremoto, al tiempo que de cientos de miles de gargantas se levanta, como un borbotón de fe, el clamoreo gigantesco…

Guarda su propia voz. Desaparece su imagen para que las cámaras, colocadas dentro y fuera del aeropuerto, muestren otras escenas: hombres y mujeres, niños y ancianos, cantando, agitando banderitas, orando puestos de rodillas, los brazos en cruz, las manos frente al pecho unidas por las palmas; las campanas de la Catedral Metropolitana en pleno vaivén; los silbatos de las locomotoras enviando su saludo; los bocinazos de millares de taxis, autobuses, colectivos y coches particulares; el ulular de las sirenas de fábricas, refinerías y fundidoras.

Reaparece el rostro de Olmedo:

—Es el canto, la expresión total del júbilo de una muchedumbre reunida aquí, en el Aeropuerto y en la ciudad, para dar la bienvenida a La Sábana Santa, a La Divina Mortaja, que envolvió el Cuerpo del Salvador. El Lienzo que por primera vez, en dos milenios, sale de tierras de Oriente o de Europa, y viene a pasar tres días entre nosotros… Tres días que dejarán profunda huella en el Libro de la Historia; que habrán de ser inolvidables para quienes, en vivo como los presentes, contemplan el desarrollo de este evento; o para quienes lo siguen por la televisión, ese otro milagro de la tecnología que anula fronteras y distancias… Tres días que estará expuesta a la veneración del pueblo en la Basílica del Santo Sudario, que mañana habrá de ser consagrada en solemnísima ceremonia, y que fue construida por el filántropo don Miguel Rebul como homenaje a la memoria de esa dama admirable que fue, en vida, su señora esposa, doña Erika de Rebul…

Peligrosamente, la más extensa de las tribunas, la que de lleno recibe el sol de las cuatro y media, se cimbra cuando los miles que la ocupan se levantan a un mismo tiempo. Los gritos, las porras, los vivas, ahogan el rechinar de los hierros, el crujir de algunos soportes, el ruido que al ceder un poco producen los pernos de sostén.

Se alzan también, pero su acción sólo origina un modesto desorden en las sillas con asiento y respaldo de bejuco, los invitados de honor: unos quinientos hombres de frac, chistera y condecoraciones, los diplomáticos; de traje de calle gris Oxford o azul marino republicano, los funcionarios y políticos; ancianos casi todos (y ninguno más que Su Ilustrísima Maximiliano Cardenal Castro y Antuñano) envueltos en purpúreas sedas esplendorosas y tocados con centelleantes bonetes, los religiosos que acudirán a recibir, al pie de la escalerilla de la aeronave, el arca de madera, «que sólo puede ser abierta por las llaves que poseen el Príncipe de Saboya, el Arzobispo de Turín y el Curador de la Sábana Santa, dentro de la cual se halla guardada desde 1578», como menciona Jacinto Olmedo, «la más Venerada Reliquia de la Cristiandad…».

Título: El rostro del sueño (PDF-EPUB)
Autores: Luis Spota
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 2.0 MB
Formato: PDF-EPUB

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Luis Spota - El rostro del sueño (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Luis Spota - El rostro del sueño (PDF-EPUB) Exactamente a la hora prometida en repetidos boletines de radio y televisión, y confirmada por avisos en matutinos y diarios del mediodía, entra en el valle, lento ya y no muy alto, el gran jet italiano. Con las dos Torres Olid como referencia, enfila hacia la Pista Cinco del Aeropuerto Internacional Maclovio Borges. Ese año también uno entre «Los Diez Hombres Mejor Vestidos de la República», Jacinto Olmedo, de…

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