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Louis Aragon – El aldeano de París (PDF-EPUB)

Louis Aragon – El aldeano de París (PDF-EPUB)

Louis Aragon - El aldeano de París (PDF-EPUB)

Louis Aragon – El aldeano de París (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Louis Aragon – El aldeano de París (PDF-EPUB)

Parece como si, hoy en día, toda idea hubiera superado su fase crítica. Bien sabido es que las nociones abstractas del hombre se han ido agotando paulatinamente con el examen general que han sufrido, que la luz humana se ha filtrado por doquier y que así nada ha escapado a ese proceso universal, susceptible, todo lo más, de ser sometido a revisión. Así, observamos cómo todos los filósofos del mundo se muestran incapaces de afrontar el menor problema sin antes obstinarse en recapitular y refutar todo cuanto de ello hayan dicho sus predecesores. Ni siquiera de ese modo piensan nada que no responda a un error anterior, que no se fundamente en él, que no participe en él. Curioso método extrañamente negador: diríase que tienen miedo del genio, incluso en el terreno donde sólo deberían imponerse el genio, la pura invención y la revelación. Es como si aquellos que hicieron del pensamiento su feudo hubieran tomado, de forma pasajera, conciencia de la insuficiencia de medios dialécticos y de su ineficacia en la vía hacia toda certeza. Pero esta conciencia no les ha empujado sino a discutir acerca de los medios dialécticos, en lugar de hacerlo sobre la propia dialéctica, y menos aún les ha llevado a discutir sobre su objeto, la verdad. O si, de milagro, se han ocupado de ella, ha sido porque la consideran como un objetivo, y no por sí misma. Todos querían unirse al debate acerca de la objetividad de la certeza; mas a nadie se le ocurrió pensar en la realidad de la certeza.

Las características de la certeza varían conforme a los sistemas personales de los filósofos, yendo de la certeza común al escepticismo ideal de algunos que vacilan.

Pero por más que la reduzcamos, por ejemplo a la conciencia del ser, la certeza se presenta ante cuantos la escrutan con características propias y definibles que permiten distinguirla del error. La certeza es realidad. De esta creencia fundamental procede el éxito de la famosa doctrina cartesiana de la evidencia.

Todavía no hemos terminado de descubrir los estragos de esta ilusión. Parecieraque, para la evolución del espíritu, nada jamás ha constituido un escollo tan difícil de evitar como ese sofisma de la evidencia que favorecía una de las formas de pensar más predominantes de los hombres. La encontramos en la base de toda lógica. En ella se resuelve toda prueba que el hombre se ofrece de una proposición que él enuncia.

El hombre hace sus deducciones recurriendo a ella; y recurriendo a ella saca sus conclusiones. Y así es cómo ha construido una verdad cambiante y siempre evidente, acerca de la cual en vano se pregunta por qué no consigue satisfacerle.

Ahora bien, existe un reino negro que los ojos del hombre evitan, porque ese paisaje no es un regalo para sus ojos. Esa sombra, de la cual pretende prescindir para describir la luz, es el error con sus características ignotas, un error que sólo brindaría la indudable prueba de la fugitiva realidad a quien lo considerara en sí mismo. Pero ¿quién ignora que el rostro del error y el de la verdad podrían no tener rasgosdiferentes? El error se acompaña de la certeza. La evidencia se impone a través delerror. Y todo cuanto se dice de la verdad podría asimismo decirse del error: así no nos volveremos a equivocar. No habría error sin la idea misma de la evidencia. Sin ella, jamás repararíamos en el error.

Me hallaba sumido en estos pensamientos cuando, sin que nada lo hubierapresagiado, la primavera irrumpió en la tierra.

Era por la tarde, hacia las cinco de un sábado: de repente, una luz distinta baña todas las cosas, y, sin embargo, todavía hace demasiado frío. Imposible explicar lo que acaba de ocurrir. La cuestión es que mis pensamientos jamás se quedan inmóviles; ahora persiguen, en desbandada, una preocupación imperiosa. La tapadera de la caja acaba de abrirse. Tal es la libertad que siento que ya no soy dueño de mí mismo. Inútil es iniciar nada. No iré más allá del esbozo mientras siga haciendo este tiempo paradisiaco. Soy el ludión de mis sentidos y del azar. Soy como el jugador que está sentado a la ruleta: no vengáis a decirle que invierta su dinero en el petróleo, porque se reirá en vuestra cara. Mi cuerpo es la ruleta, y yo apuesto al rojo. Todo me distrae indefinidamente, salvo de mi propia distracción. Una suerte de nobleza me empuja a preferir este abandono por encima de todas las cosas; y es como si nopudiera escuchar los reproches que me hacéis. En lugar de ocuparos de la conducta delos hombres, mirad a las mujeres que pasan. Son enormes fragmentos de un titilante fulgor, destellos que aún no se han despojado de sus pieles, de sus misterios brillantes y volátiles. No, no querría morir sin haber abordado a cada una de ellas, sin haberla tocado al menos con mis manos, sin sentir que cede y renuncia a la resistencia bajo esa presión y, después, ¡largo de aquí! A veces llego tarde a casa por la noche tras haberme cruzado con quién sabe cuántas de esas deseables iridiscencias, sin haber tratado de adueñarme de una sola de esas vidas imprudentemente dejadas a mi alcance. Entonces, al desvestirme, me pregunto con desprecio qué hago en el mundo.

Título: El aldeano de París (PDF-EPUB)
Autores: Louis Aragon
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 4.2 MB
Formato: PDF-EPUB

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Louis Aragon - El aldeano de París (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Louis Aragon - El aldeano de París (PDF-EPUB) Parece como si, hoy en día, toda idea hubiera superado su fase crítica. Bien sabido es que las nociones abstractas del hombre se han ido agotando paulatinamente con el examen general que han sufrido, que la luz humana se ha filtrado por doquier y que así nada ha escapado a ese proceso universal, susceptible, todo lo más, de ser sometido a revisión. Así, observamos cómo todos los filósofos del…

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