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Lord Dunsany – La Ciudad Ociosa (PDF)

Lord Dunsany – La Ciudad Ociosa (PDF)

Lord Dunsany - La Ciudad Ociosa (PDF)

Lord Dunsany – La Ciudad Ociosa (PDF)

Introduccion del Libro Lord Dunsany – La Ciudad Ociosa (PDF)

Hubo en un tiempo una ciudad que era una ciudad ociosa donde los hombres contaban cuentos vanos.

Y era costumbre de esta ciudad imponer a todos los hombres que entraban en ella el portazgo de una historia ociosa a la puerta.

De manera que todos los viajeros pagaban a los guardas de la puerta el portazgo de un cuento ocioso, y entraban en la ciudad sin ser detenidos ni molestados. Y a cierta hora de la noche, cuando el rey de aquella ciudad se levantaba y se paseaba agitado por la cámara en que dormía pronunciando el nombre de la reina muerta, cerraban la puerta los vigilantes, entraban en la cámara del rey y, sentados en el suelo, contábanle las historias que habían recogido. Y escuchándolos venía cierta quietud al ánimo del rey, que luego de algún tiempo tendíase otra vez, y al fin se quedaba dormido.

Entonces se levantaban los vigilantes en silencio y salían de puntillas de la cámara.

Un día que erraba sin rumbo llegué a la puerta de aquella ciudad. En aquel momento levantábase un hombre a pagar su portazgo a los vigilantes. Estaban éstos sentados con las piernas cruzadas en el suelo, entre el hombre y la puerta, y cada uno de ellos tenía una lanza. Junto a este hombre sentábanse otros dos viajeros sobre la ardiente arena esperando. Y el hombre decía:

«Entonces, la ciudad de Nombros abandonó el culto de los dioses y se volvió hacia Dios. Así es que los dioses cubriéronse el rostro con sus mantos y se alejaron de la ciudad, e internándose en la niebla de los montes, atravesaron los olivares cuando el sol se ponía. Mas cuando ya habían dejado la tierra, volviéronse y miraron a través de los dorados pliegues del crepúsculo por última vez a su ciudad; parecían entre airados y tristes; después volviéronse de nuevo y se alejaron para siempre.

Pero enviaron allá una Muerte, que llevaba una guadaña, diciéndole: «Mata a media ciudad, pero deja viva a la otra media para que pueda acordarse de los viejos dioses que abandonó.”

«Pero Dios mandó un ángel exterminador para mostrar que El era Dios, y le dijo: “Baja, muestra la fuerza de mi brazo a esa ciudad, mata a la mitad de sus habitantes, mas deja vivir a la otra mitad para que conozca que yo soy Dios.”

«Y al punto empuñó su espada el ángel exterminador, y la espada salió de su vaina con un profundo suspiro, como el resuello que el fornido leñador toma antes de descargar el primer golpe sobre la gigante encina. En esto el ángel, dirigiendo sus brazos hacia abajo y tendiendo entre ellos su cabeza, se inclinó sobre el borde del cielo, y con una flexión de los tobillos, se arrojó con las alas plegadas. Bajó sesgando hacia la Tierra al atardecer, con la espada extendida, y era como si la jabalina disparada por un cazador tornase al suelo; pero antes de tocarle irguió la cabeza, desplegó sus alas adelantando las plumas inferiores y fue a posarse en la orilla del ancho Flavro, que divide la ciudad de Nombros. Y desde la orilla del Flavro fue revolando bajo, como el halcón sobre el rastrojo recién cortado cuando las pequeñas criaturas del sembrado no hallan cobijo; y al mismo tiempo, por la otra orilla, venía guadañando la Muerte enviada por los dioses.

«Viéronse de pronto, y el ángel fulminaba con sus ojos a la Muerte, y la Muerte mirábale de soslayo, y las llamas de los ojos del ángel iluminaban con rojo fulgor la niebla que llenaba las huecas órbitas de la Muerte. Súbitamente se precipitaron el uno contra el otro, espada contra guadaña. Y el ángel se apoderó de los templos de los dioses y puso sobre ellos el signo de Dios, y tomó la Muerte los templos de Dios e introdujo en ellos los sacrificios y ceremonias de los dioses; y en tanto deslizábanse pacíficamente los siglos bajando por el Flavro hacia el mar.

«Y unos adoran a Dios en el templo de los dioses, y adoran otros a los dioses en el templo de Dios; y aún no ha tornado el ángel a los coros regocijados, ni ha vuelto la Muerte a morir con los dioses muertos, sino que luchan sin cesar por toda Nombros, y aún vive la ciudad sobre las márgenes del Flavro.»…

Título: La Ciudad Ociosa (PDF)
Autores: Lord Dunsany
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 235 KB
Formato: PDF

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Lord Dunsany - La Ciudad Ociosa (PDF) Introduccion del Libro Lord Dunsany - La Ciudad Ociosa (PDF) Hubo en un tiempo una ciudad que era una ciudad ociosa donde los hombres contaban cuentos vanos. Y era costumbre de esta ciudad imponer a todos los hombres que entraban en ella el portazgo de una historia ociosa a la puerta. De manera que todos los viajeros pagaban a los guardas de la puerta el portazgo de un cuento ocioso, y entraban en la ciudad sin ser detenidos ni molestados. Y a…

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