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Lois Lowry – El Dador De Recuerdos (PDF)

Lois Lowry – El Dador De Recuerdos (PDF)

Lois Lowry - El Dador De Recuerdos (PDF)

Lois Lowry – El Dador De Recuerdos (PDF)

 Introduccion del Libro Lois Lowry – El Dador De Recuerdos (PDF)

Era casi diciembre y Jonás empezaba a estar asustado. «No, no es ésa la palabra», pensó. Estar asustado es tener esa sensación profunda y odiosa de que va a pasar algo terrible. Asustado había estado un año antes, cuando un avión no identificado sobrevoló por dos veces la Comunidad. Jonás lo vio las dos veces. Guiñando los ojos para mirar al cielo, vio pasar el esbelto reactor, una forma casi borrosa por la velocidad que llevaba, y un segundo más tarde oyó el estampido que lo seguía. Y luego otra vez, al cabo de unos instantes y en la dirección contraria, el mismo avión.

Al principio le llamó mucho la atención, pero nada más. Era la primera vez que veía pasar un avión tan cerca, porque era contrario a las Normas que los Pilotos sobrevolaran la Comunidad. A veces, cuando los aviones de carga traían suministros a la pista de aterrizaje que había al otro lado del río, los niños iban en bici hasta la orilla y  contemplaban con curiosidad la descarga, y luego el despegue hacia el oeste, siempre alejándose de la Comunidad.

Pero el avión del año pasado era otra cosa. No era uno de aquellos aviones de carga chatos y panzudos, sino un reactor monoplaza de morro afilado. Jonás, mirando con alarma a todas partes, había visto que otros, adultos y niños, interrumpían sus ocupaciones y se quedaban esperando, confusos, la explicación de aquel hecho inquietante.

Entonces se había dado orden a todos los ciudadanos de entrar en el edificio más próximo y no moverse de allí. “INMEDIATAMENTE”, había dicho la voz rasposa que salía por los altavoces. “DEJEN SUS BICICLETAS DONDE ESTÉN.”

Al instante Jonás, obedientemente, había dejado la bici tendida en el camino de detrás de su casa. Había corrido a casa y había permanecido allí, solo. Sus padres estaban en sus trabajos y su hermanita, Lily, estaba en el Centro Infantil, donde iba al salir de la escuela.

Jonás se asomó a la ventana de delante, pero no vio a nadie: ni uno de los atareados equipos vespertinos de Limpieza Viaria, Paisajismo y Distribución Alimentaria que solían circular por la Comunidad a esas horas. No vio más que bicis tiradas por el suelo; en una todavía giraba una rueda lentamente.

Entonces se asustó. La impresión de su Comunidad enmudecida, a la espera, le revolvió el estómago. Y tembló.

Pero no había sido nada. Pasados unos minutos los altavoces volvieron a sonar, y la voz, ahora tranquilizadora y menos imperiosa, explicó que un Piloto en Formación, interpretando mal sus instrucciones de vuelo, había hecho un giro indebido, y había intentado desesperadamente volver antes de que se advirtiera su error.

“POR SUPUESTO, SERÁ LIBERADO”, dijo la voz, y a esas palabras siguió el silencio. Había en aquel mensaje final un tono irónico, como si al locutor le hiciera gracia; y Jonás había sonreído levemente, aunque sabía que era una afirmación muy seria. Que un ciudadano activo fuera liberado de la Comunidad era una decisión concluyente, un castigo terrible, una sentencia de fracaso inapelable.

Incluso a los niños se les reñía si usaban esa palabra en sus juegos para burlarse del compañero que no había parado la pelota o se había caído en una carrera. Jonás lo hizo una vez; gritó a su mejor amigo: “¡La hiciste, Asher! ¡Eres liberado!”, cuando por una torpeza de Asher, su equipo perdió el partido. Entonces el entrenador le llamó aparte para hablarle en pocas palabras, pero con severidad, y él volvió cabizbajo, lleno de remordimiento y de vergüenza, y al acabar el partido pidió disculpas a Asher.

Ahora, pensando en la sensación de miedo mientras pedaleaba hacia casa por el camino del río, recordaba aquel momento de terror palpable, de vacío en la boca del estómago, cuando pasó el avión dejando su estela. No era eso lo que sentía en aquellos momentos, al ver que se acercaba diciembre. Buscó la palabra adecuada para expresar su sentimiento.

Jonás ponía atención en las palabras. No como su amigo Asher, que hablaba demasiado deprisa y se embarullaba, y con las palabras y las frases hacía tales mezclas que no había quien las reconociera, y muchas veces el resultado era muy divertido…

Título: El Dador De Recuerdos (PDF)
Autores: Lois Lowry
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 436 KB
Formato:PDF

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Lois Lowry - El Dador De Recuerdos (PDF)  Introduccion del Libro Lois Lowry - El Dador De Recuerdos (PDF) Era casi diciembre y Jonás empezaba a estar asustado. «No, no es ésa la palabra», pensó. Estar asustado es tener esa sensación profunda y odiosa de que va a pasar algo terrible. Asustado había estado un año antes, cuando un avión no identificado sobrevoló por dos veces la Comunidad. Jonás lo vio las dos veces. Guiñando los ojos para mirar al cielo, vio pasar el esbelto reactor, una forma…

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