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León Tolstoi – El Sitio De Sebastopol (PDF)

León Tolstoi – El Sitio De Sebastopol (PDF)

León Tolstoi - El Sitio De Sebastopol (PDF)

León Tolstoi – El Sitio De Sebastopol (PDF)

Introduccion del Libro León Tolstoi – El Sitio De Sebastopol (PDF)

El crepúsculo matutino colorea el horizonte hacia el monte, Sapun; la superficie del mar, azul obscura, va, surgiendo de entre las sombras, de la noche y sólo espera el primer rayo de sol para cabrillear alegremente; de la bahía, cubierta de brumas, viene frescachón el viento; no se ve ni un copo de nieve; la tierra está negruzca, pero, la escarcha hiere el rostro y cruje bajo los pies. Sólo el incesante rumor de las olas, interrumpido a intervalos por el estampido sordo del cañón, turba la calma del amanecer.

En los buques de guerra todo permanece en silencio. El reloj de arena acaba de marcar las ocho, y hacia el Norte la actividad del día reemplaza poco a poco a la calma de la noche. Aquí, un pelotón de soldados que va a relevar a los centinelas; óyese el ruido metálico de sus fusiles; un médico, que se dirige apresuradamente hacia su hospital; un soldado que se desliza fuera de su choza para lavarse con agua helada el rostro curtido, y vuelta la faz a Oriente reza su oración, acompañada de rápidas persignaciones. Allá, enorme y pesado furgón de crujientes ruedas, tirado por dos camellos, llega al cementerio donde recibirán sepultura los muertos que, apilados, llenan el vehículo. Al pasar por el puerto, produce desagradable sorpresa la mezcla de olores; huele a carbón de piedra, a estiércol, a humedad, a carne muerta.

Mil y mil objetos varios; madera, harina, gaviones, carne, vense arrojados en montón por todas partes.

Soldados de diferentes regimientos, unos con fusiles y morrales, otros sin morrales ni fusiles, agólpanse en tropel, fuman, discuten y transportan los fardos al vapor atracado junto al puente de tablas y próximo a zarpar. Botes y lanchas particulares llenos de gente de todas clases, soldados, marinos, vendedores y mujeres, abordan al desembarcadero y desatracan de él sin cesar.

-Por aquí, Vuestra, Nobleza; a la Grafskaya!- y dos o tres marineros viejos, de pie en sus botes, os ofrecen sus servicios. Escogéis el más próximo, pasando sin pisar sobre el cadáver medio descompuesto de un caballo negro sumergido en el fango, a dos pasos de la barquilla, y vais a sentaros a popa, cogiendo la caña del timón. Os alejáis de la ribera; en torno vuestro brilla el mar herido por el sol de la mañana; ante vos, un atezado marinero, envuelto en su gabán de piel de camello, y un muchacho de cabellera rubia, reman rápidamente. Dirigís la vista hacia los buques gigantescos, de casco pintado a franjas, por la rada esparcidos; a las lanchas, puntos negros que bogan sobre el azul rielante de las olas ,á los lindos edificios de la ciudad, de colores claros que el sol naciente tiñe de sonrosado matiz; a la línea blanca, de espuma que rodea el rompeolas y los barcos sumergidos, de los que surgen tristemente, sobre la superficie del agua, las negras puntas de los mástiles; hacia la escuadra enemiga, que sirve de faro en el lejano cristal de las aguas, y en fin, a las ondas rizadas en que juguetean los glóbulos salinos que los remos hacen saltar con sus golpeteos. Y oís al propio tiempo el sonido uniforme de las voces que el agua os trae, y el tronar grandioso del cañoneo, que parece ir aumentando en Sebastopol.

Y ante la idea de que estáis asimismo, en el propio Sebastopol, sentís, invadida el alma por una sensación de orgullo y valentía, y la sangre circula con mayor rapidez en vuestras venas.

Vuestra Nobleza, vía al Constantino -os dice el marinero volviéndose para rectificar el rumbo que con el timón dais al bote.

¡Toma! Conserva aún todos sus cañones – exclama el muchacho rubio, mientras que la lancha se desliza junto al costado del navío.

Es nuevo; debe tenerlos todos; Korniloff ha estado en él -replica el viejo, examinando a su vez el buque de guerra.

¡Allí ha reventado! -grita el chico tras un rato de silencio, fijando los ojos en una nubecilla, blanca, de humo, que se disipa tras de aparecer súbitamente en el cielo sobre la bahía del Sur, acompañada del ruido estridente que produce la explosión de una granada.

Es de la batería nueva que tira hoy añade el marino, escupiéndose tranquilamente en las manos.

-¡Vamos, Nichka, boga! a adelantarnos a aquella lancha…

Título: El Sitio De Sebastopol (PDF)
Autores: León Tolstoi
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 475 KB
Formato: PDF

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León Tolstoi - El Sitio De Sebastopol (PDF) Introduccion del Libro León Tolstoi - El Sitio De Sebastopol (PDF) El crepúsculo matutino colorea el horizonte hacia el monte, Sapun; la superficie del mar, azul obscura, va, surgiendo de entre las sombras, de la noche y sólo espera el primer rayo de sol para cabrillear alegremente; de la bahía, cubierta de brumas, viene frescachón el viento; no se ve ni un copo de nieve; la tierra está negruzca, pero, la escarcha hiere el rostro y cruje bajo los pies.…

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