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Leigh Bardugo – Sombra y hueso (PDF)

Leigh Bardugo – Sombra y hueso (PDF)

Leigh Bardugo - Sombra y hueso (PDF)

Leigh Bardugo – Sombra y hueso (PDF)

 Introduccion del Libro Leigh Bardugo – Sombra y hueso (PDF)

Rodeada de enemigos, el antaño gran reino de Ravka ha sido dividido en dos por el Abismo de Sombras, una granja de impenetrable oscuridad plagada de monstruos ansiosos de darse un festín con carne humana. Ahora el destino de toda una nación descansará sobre los hombros de una sola refugiada. Alina Starkov nunca ha destacado en nada, pero cuando su regimiento es atacado en el Abismo y su mejor amigo resulta gravemente herido, Alina despierta un poder latente que salva su vida, un poder que podría ser la clave para liberar a su país devastado por la guerra. Apartada de todo lo que conoce, Alina es arrastrada hasta la corte real para ser entrenada como miembro de la Grisha, una élite mágica liderada por el misterioso Darkling. Sin embargo, nada en ese fastuoso mundo es lo que parece. Con la oscuridad al acecho y un reino entero dependiendo de su indomable poder, Alina tendrá que enfrentarse a los secretos de la Grisha, y a los de su corazón.

Prólogo

Los criados los llamaban malenchki, pequeños fantasmas, porque eran los más jóvenes y pequeños, y porque rondaban la casa del duque como fantasmas que no paraban de soltar risitas, saliendo y entrando precipitadamente de las habitaciones, escondiéndose en los armarios para escuchar las conversaciones a escondidas, escabulléndose en la cocina para robar los últimos duraznos de la temporada.

El chico y la chica habían llegado con pocas semanas de diferencia uno del otro, dos huérfanos más de las guerras de la frontera, refugiados de cara sucia apartados de los escombros de algún pueblo lejano y traídos a la finca del duque para aprender a leer y escribir, además de un oficio. El chico era bajo y fornido, tímido pero siempre sonriente. La chica era diferente, y lo sabía.

Apiñados en la alacena de la cocina, escuchando los cotilleos de los adultos, ella escuchó a la ama de llaves del duque, Ana Kuya, decir:

—Ella es una cosita fea. Ningún niño debería lucir así. Pálida y agria, como un vaso de leche que se ha estropeado.

—¡Y tan flaca! —respondió la cocinera—. Nunca acaba su cena.

Agachado junto a la chica, el chico se volteó y le susurró: —¿Por qué no comes?

—Porque todo lo que cocina sabe a barro.

—A mí me sabe bien.

—Tú te comerías cualquier cosa.

Volvieron a pegar sus orejas a la separación entre las puertas de la alacena.

Un momento después el chico susurró:

—Yo no creo que seas fea.

—¡Shhh! —siseó la chica. Pero escondida en las profundas sombras de la alacena, sonrió.

En el verano, aguantaban largas horas de labores seguidas de horas incluso más largas de lecciones en salones sofocantes. Cuando el calor llegaba a sus peores horas, se escapaban al bosque para conseguir nidos de pájaros, para nadar en un pequeño y fangoso riachuelo, o simplemente para pasar las horas tumbados en su pradera, viendo al sol avanzar lentamente sobre sus cabezas, especulando sobre dónde construirían su granja lechera y si tendrían dos o tres vacas blancas. En el invierno, el duque se iba a su otra casa, en la ciudad de Os Alta, y a medida que los días se hacían más cortos y fríos, los profesores se volvían más descuidados en sus tareas, prefiriendo sentarse cerca del fuego y jugar a las cartas o beber kvas.

Aburridos y encerrados dentro de la finca, los niños mayores peleaban más a menudo. Por lo que el chico y la chica se escondían en las habitaciones en desuso de la finca, representando obras de teatro para los ratones e intentando mantenerse calientes.

El día que vinieron los Examinadores Grisha, el chico y la chica estaban sentados en el alféizar de la ventana de una de las habitaciones polvorientas en planta alta, con la esperanza de ver la carroza del correo. En su lugar vieron un trineo, una troica dirigida por tres caballos negros, pasar a través de las puertas de piedra blanca, y entrar en la finca. Observaron su avance silencioso a través de la nieve hasta la puerta principal del duque.

Tres figuras emergieron con elegantes sombreros de piel y pesadas keftas de lana: una carmesí, otra azul oscuro y la última morado brillante.

—¡Grisha! —susurró la chica.

—¡Rápido! —dijo el chico.

En un segundo, se habían quitado los zapatos y estaban corriendo silenciosamente por el pasillo; se deslizaron por la vacía aula de música y se escondieron detrás de una columna en la galería que tenía vistas del salón donde Ana Kuya acostumbraba a recibir invitados.

Ana Kuya ya estaba allí, como un pájaro a causa de su vestido negro, vertiendo té del samovar, su gran llavero tintineando al chocar con su cintura.

—Entonces, ¿sólo lo hay dos este año? —dijo una mujer en voz baja.

Se asomaron por la baranda del balcón y miraron el cuarto que había debajo.

Dos de los Grisha se sentaban cerca del fuego: un hombre guapo vestido de azul y una mujer vestida de rojo, ambos en túnicas y con aires altivos y refinados. El tercero, un joven hombre rubio, se paseaba tranquilamente por la habitación, estirando las piernas…

Título: Sombra y hueso (PDF)
Autores: Leigh Bardugo
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 3.4 MB
Formato:PDF

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Leigh Bardugo - Sombra y hueso (PDF)  Introduccion del Libro Leigh Bardugo - Sombra y hueso (PDF) Rodeada de enemigos, el antaño gran reino de Ravka ha sido dividido en dos por el Abismo de Sombras, una granja de impenetrable oscuridad plagada de monstruos ansiosos de darse un festín con carne humana. Ahora el destino de toda una nación descansará sobre los hombros de una sola refugiada. Alina Starkov nunca ha destacado en nada, pero cuando su regimiento es atacado en el Abismo y su mejor amigo resulta gravemente…

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