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Lauren DeStefano – Efímera (PDF)

Lauren DeStefano – Efímera (PDF)

Lauren DeStefano - Efímera (PDF)

Lauren DeStefano – Efímera (PDF)

 Introduccion del Libro Lauren DeStefano – Efímera (PDF)

Espero. Nos mantienen encerradas a oscuras tanto tiempo que ya no sabemos si tenemos los ojos cerrados o abiertos. Dormimos acurrucadas las unas contra las otras como ratas, con la mirada perdida, soñando que nuestros cuerpos se balancean.

Sé cuando una de las chicas se topa con una pared. Empieza a golpearla y a chillar —el sonido es metálico—, pero ninguna de nosotras la ayudamos. Llevamos guardando silencio demasiado tiempo y todo cuando hacemos es escondernos aún más en la oscuridad.

La puerta se abre.

La luz es escalofriante. Es como la luz del mundo que uno ve por el canal de nacimiento y a la vez como la del cegador túnel que vemos al morir. Horrorizada, me escondo bajo las mantas con las otras chicas, sin querer experimentar lo uno ni lo otro.

Cuando nos dejan salir, avanzamos tambaleándonos, las piernas no nos responden.

¿Cuánto tiempo llevamos encerradas? ¿Días? ¿Horas? El inmenso cielo azul sigue en el mismo lugar.

Formo una fila con las otras chicas mientras los hombres de abrigo gris nos examinan.

Había oído decir que esto pasaba. De donde yo vengo, hace ya mucho tiempo que las chicas desaparecen. Desaparecen de sus camas o de la calle. Le pasó a una chica de mi vecindario. Después de ese incidente, su familia entera se mudó a otra parte para dar con ella o porque sabían que nunca más regresaría.

Ahora me ha tocado a mí. Sabía que las chicas desaparecían, pero no tenía idea de la suerte que corrían. ¿Me asesinarían y se desharán de mi cadáver? ¿Me vendrán como prostituta? Todas estas cosas ya han pasado antes. Solo tengo otra opción más. Podría convertirme en una esposa. Las había visto por la tele, unas bellas adolescentes forzadas a ir cogidas del brazo de un hombre acaudalado al que le faltaba poco para cumplir la mortal edad de los veinticinco.

Las otras chicas nunca llegaban a salir por la tele. Las que no superaban la inspección eran enviadas a los prostíbulos. A algunas las encontraban en las cunetas asesinadas, descomponiéndose, con la mirada clavada en el sol abrasador porque los Recolectores se habían desecho de ellas sin el menor miramiento. Otras desaparecían como si se les hubiera tragado la tierra y sus familias no volvían a saber de ellas nunca más.

Las secuestraban a partir de los trece años, cuando sus cuerpos están lo bastante desarrollados para tener hijos, y cumplir los veinte el virus se lleva a las mujeres de mi generación.

Nos miden las caderas para evaluar nuestro vigor, nos abren la boca y examinan los dientes para ver nuestro estado de salud. Una de las chicas vomita. Creo que es la que chillaba. Aterrada, se limpia la boca con el dorso de la mano, temblando. No me dejo intimidar por la escena, decidida a no llamar la atención ni a mostrarme dispuesta a ayudar.

Me siento demasiado viva en esta hilera de chicas moribundas con los ojos entreabiertos. Sé que sus corazones apenas laten, en cambio el mío me palpita con furia en el pecho. Después de haber estado tanto tiempo encerrada a oscuras en una furgoneta, nos hemos fusionado. Somos una masa sin nombre compartiendo este extraño infierno.

No quiero llamar la atención. No quiero llamar la atención.

Pese a todo, la llamo. Alguien se ha fijado en mí. Es un hombre que camina delante de nosotras observándonos. Deja que los tipos con abrigo gris nos palpen mientras nos examinan. Parece amable y complacido.

Sus ojos, verdes, se encuentran como dos interrogantes con los míos. Sonríe. Veo el destello de sus dientes de oro, un signo de riqueza. Qué raro, es demasiado joven como para que se le caigan los dientes. Sigue andando y yo clavo la mirada en el suelo. ¡Seré estúpida! No tenía que haber alzado la vista. El extraño color de mis ojos llama mucho la atención.

Le dice algo a los hombres de abrigo gris. Nos miran a todas y después asienten. El hombre de los dientes de oro sonríe de nuevo mirando hacia mi dirección y luego se sube a un coche que deja una pequeña estela de grava en el aire al alejarse por la carretera.

Meten de nuevo a la chica que ha vomitado en la furgoneta, junto con una docena de otras más, un hombre con abrigo gris se sube también con ellas. Solo quedamos tres de nosotras. Los hombres intercambian unas palabras y se dirigen hacia donde estamos.

«Subid al coche», nos ordenan y les obedecemos. Una limusina aparcada en un camino de gravilla con la puerta abierta nos está esperando. Estamos en algún camino rural muy alejado de la carretera. Oigo el rumor del tráfico. Y veo las luces nocturnas de una ciudad empezando a aparecer en la distante bruma purpúrea. No reconozco el lugar. Este camino tan solitario se encuentras muy lejos de las concurridas calles en las que yo vivo.

Las otras dos chicas elegidas avanzan delante de mí, yo soy la última en subirme a la limusina. Los cristales que nos separan del conductor están tintados. Antes de que alguien cierre la puerta, oigo un ruido seco dentro de la furgoneta en la que han obligado a subir a las otras chicas.

Es el primero de lo que reconoceré como una docena más de disparos…

Título: Efímera (PDF)
Autores: Lauren DeStefano
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.0 MB
Formato:PDF

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Lauren DeStefano - Efímera (PDF)  Introduccion del Libro Lauren DeStefano - Efímera (PDF) Espero. Nos mantienen encerradas a oscuras tanto tiempo que ya no sabemos si tenemos los ojos cerrados o abiertos. Dormimos acurrucadas las unas contra las otras como ratas, con la mirada perdida, soñando que nuestros cuerpos se balancean. Sé cuando una de las chicas se topa con una pared. Empieza a golpearla y a chillar —el sonido es metálico—, pero ninguna de nosotras la ayudamos. Llevamos guardando silencio demasiado tiempo y todo cuando hacemos es escondernos aún más…

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