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Laura Norton – No Culpes Al Karma De Lo Que Te Pasa Por Gilipollas (PDF)

Laura Norton – No Culpes Al Karma De Lo Que Te Pasa Por Gilipollas (PDF)

Laura Norton - No Culpes Al Karma De Lo Que Te Pasa Por Gilipollas (PDF)

Laura Norton – No Culpes Al Karma De Lo Que Te Pasa Por Gilipollas (PDF)

Introduccion del Libro Laura Norton – No Culpes Al Karma De Lo Que Te Pasa Por Gilipollas (PDF)

Recuerdo el día y el momento exactos en que descubrí a lo que me quería dedicar.

Fue al sentir los aplausos encima de un escenario. Aunque lo mío nada tiene que ver con la interpretación, yo nunca he querido ser actriz.

Ocurrió en el teatro del instituto, el último año antes de entrar en la universidad. En 1998 aún no existía Facebook, ni Twitter, ni Instagram.

Aún escuchábamos la radio, porque un invento como el Spoty a nadie le cabía en la cabeza, y por aquel entonces sonaba Manu Chao a todas horas. «Me llaman el desaparecido…». Y acabé participando en la representación de fin de curso por una razón tan simple y tan obvia como que me gustaba un chico. Aarón. No iba a mi clase, nunca había hablado con él. Solo me lo encontraba por los pasillos.

Era alto, delgado, con un flequillo que le tapaba parte de sus ojos marrones y grandes. Me lo imaginaba con una sonrisa preciosa, aunque nunca lo había visto sonreír. Y era guapo. Era tan guapo que podría estar en la portada de cualquier revista de adolescentes. (Sí, aún había revistas de adolescentes). Y siempre llevaba algo colgado, o una guitarra, o una cámara de fotos, o una bolsa de cuero cargada de novelas.

Y hasta eso me gustaba de él. Tenía un grupo de música, Los Humildes.

Y siempre acababan a mitad de concierto sin camiseta, calentando al personal y luciendo sus abdominales con orgullo. De humildes tenían poco. No eran los mejores músicos del mundo, pero qué gusto daba verlos. Aarón pocas veces llegaba a quitarse la camiseta, solo cuando los otros del grupo directamente lo obligaban. Y tenía cierto atractivo verlos abalanzarse sobre él para desnudarlo. Era el mejor momento del concierto. Yo solo lo presencié un par de veces, pero ay, después, durante semanas, me iba a la cama con esa imagen perturbadora en mi cabeza. Cuatro chicos sin camiseta obligando a desnudarse al chico que me quitaba el sueño. Qué ombligo y qué manera tan encantadora de resistirse.

Cuando iba a verlos a un concierto siempre tenía la secreta intención de acercarme a hablar con él al finalizar. «Qué bien habéis estado hoy… Cada día sonáis mejor…». Mil frases que ensayaba delante del espejo horas antes. El caso es que para armarme de valor bebía una cerveza tras otra, y acababa siempre demasiado borracha como para abordarle. Además, Los Humildes tenían una multitud de groupies dispuestas a lo que fuera por estar a su lado. Y todas eran más guapas, más sexys e iban más sobrias que yo. En resumidas cuentas, no tenía la más mínima oportunidad. Y nunca hacía nada. Él era el centro de todas las miradas, yo transparente.

Por eso cuando lo vi en el pasillo del instituto escribiendo su nombre para formar parte de la obra de teatro no me lo pensé y escribí el mío debajo. Aarón y Sara. Qué bien quedarían dentro de un corazón tallado en el tronco de un árbol. O en una invitación de boda. Aarón y Sara se complacen en invitarlos a su enlace, que tendrá lugar…

Esa iba a ser mi oportunidad de estar cerca de él, sin groupies que lo rodearan, y sin cervezas que llevarme a la boca y me dejaran fuera de combate. Íbamos a representar El sueño de una noche de verano. Una función muy libre, sin apenas atenernos al texto, y en la que el profesor de literatura, encargado de dirigirla, pretendía dejarnos hacer y deshacer. Aarón no quería actuar, él simplemente se había inscrito para ser uno de los músicos. Y yo agradecí que no quisiera salir a escena, porque con tal de estar a su lado habría sido capaz de ofrecerme para ser la protagonista. Pero no hizo falta. Él sería uno de los músicos y yo trabajaría en la escenografía y el vestuario. Fue el puesto más sensato que se me ocurrió aceptar de entre los que había disponibles.

Entre las actrices estaba Paola, de madre polaca y de padre italiano. Tan guapa… ¿Cómo debe ser saberse la más atractiva de todo el lugar? ¿Las guapas serán conscientes de que el mundo es mucho más amable con ellas que con el resto? Todos los chicos revoloteaban en torno a Paola. Los Humildes, que se habían apuntado siguiendo los pasos de Aarón, también se habían fijado en ella. Yo, mientras trabajaba con los de escenografía, intentaba descubrir si Aarón había sucumbido a los encantos de la chica. Pero, aunque había cruzado varias palabras con ella, la cosa no parecía haber ido a más. Y yo, feliz…

Título: No Culpes Al Karma De Lo Que Te Pasa Por Gilipollas (PDF)
Autores: Laura Norton
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 9.7 MB
Formato: PDF

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Laura Norton - No Culpes Al Karma De Lo Que Te Pasa Por Gilipollas (PDF) Introduccion del Libro Laura Norton - No Culpes Al Karma De Lo Que Te Pasa Por Gilipollas (PDF) Recuerdo el día y el momento exactos en que descubrí a lo que me quería dedicar. Fue al sentir los aplausos encima de un escenario. Aunque lo mío nada tiene que ver con la interpretación, yo nunca he querido ser actriz. Ocurrió en el teatro del instituto, el…

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