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Kim Stanley Robinson – 2312 (PDF-EPUB)

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Kim Stanley Robinson - 2312 (PDF-EPUB)

Kim Stanley Robinson – 2312 (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Kim Stanley Robinson – 2312 (PDF-EPUB)

La novela comienza en el año 2312, cuando la humanidad ya se ha extendido por todo el Sistema Solar. En la gran ciudad de Terminator, la cual se haya en el planeta Mercurio y está construida sobre pistas gigantes para poder desplazarse y permanecer constantemente en el lado nocturno del planeta, habita Swan Er Hong. Se trata de una artista y ex-diseñadora de Terrariums (espacios habitables en el interior de asteroides) que está de duelo por la muerte repentina de su abuela, Alex, quien era muy influyente entre los habitantes de Terminator. Después de la procesión funeraria, Swan decide ir a Io a visitar a un amigo de Alex, Wang, quien ha diseñado uno de los más grandes Qubes u ordenadores cuánticos. Mientras Swan se encuentra en Io visitando a Wang, aparentemente se produce un ataque fallido de algún tipo. Poco después le sigue un violento ataque contra Terminator. Mientras viaja, Swan aprende más sobre el misterio que envuelve la muerte de su abuela y la destrucción de Terminator, su ciudad materna. Juntamente con Wahram y Genette, Swan viaja por todo el Sistema Solar e investiga una creciente serie de conspiraciones.

Prólogo

El sol siempre está a punto de alzarse. Mercurio orbita con tal lentitud que puedes andar lo bastante rápido por su superficie rocosa para mantenerte por delante del amanecer, como hace no poca gente. Son muchos quienes han hecho de eso su modo de vida. Caminan más o menos hacia poniente, manteniéndose siempre un paso por delante de la gloriosa mañana. Los hay que aprietan el paso de un sitio a otro, deteniéndose para mirar en las grietas donde con anterioridad han inoculado metalofitas, raspando con rapidez cualquier residuo acumulado de oro, tungsteno o uranio. Aunque la mayoría sale a vislumbrar un atisbo de sol.

La antigua superficie de Mercurio es tan irregular y está tan castigada que el terminador del planeta, la zona que separa la noche del día, está formada por un amplio abanico de claroscuros, huecos negros como el carbón salpicados por brillantes motas elevadas, que crece y crece hasta que el terreno reluce como cristal fundido, momento en que da comienzo una larga jornada. No es extraño que esta zona, que es mezcla de sol y sombra, alcance los treinta kilómetros de ancho, a pesar de que a nivel del suelo no puedan vislumbrarse a lo lejos más que unos pocos kilómetros. En Mercurio escasea el terreno nivelado. Todos los antiguos impactos siguen allí, y algunos de los altos acantilados que se remontan a cuando el planeta se enfrió antes de encogerse. En un paisaje tan arrugado, que la luz puede lanzar de pronto destellos en el horizonte oriental y hacerlo en el occidental para que destaque algún punto concreto. Todos los que recorren su superficie tienen que ser conscientes de esta posibilidad, saber cuándo y dónde se producen las llamaradas más largas, y cuándo deben ponerse a cubierto si los encuentra a la intemperie.

Si se quedan lo hacen a sabiendas, porque son muchos los que hacen una pausa en sus largas caminatas, en determinados riscos y bordes de cráteres, en lugares señalados por estupas, petroglifos, inuksuit, espejos, paredes y goldsworthies. Los caminantes solares permanecen en esos lugares, vueltos hacia el este, esperando.

El horizonte que contemplan es el espacio negro sobre la negra roca. La delgadísima atmósfera de neón y argón, visible por el polvo de roca que levanta la luz solar a su paso, queda suspendida de manera que retiene la promesa del fulgor que precede al alba. Pero los caminantes solares son conscientes de la hora, así que esperan y observan… hasta que… sobre el horizonte hay movimiento de ígneos delfines anaranjados y la sangre les hierve en su interior. Les siguen más cortinas breves de luz, destellos ondulados que se separan para flotar a su aire en el firmamento. ¡Estrella, oh, estrella, a punto de romper sobre los caminantes! Han oscurecido ya el visor, polarizado para protegerse la vista.

Las cortinas anaranjadas divergen a izquierda y derecha desde el punto en que aparecieron por primera vez, como cuando un incendio que se declara más allá del horizonte se extiende hacia el norte y hacia el sur. A continuación, un corte de la fotosfera, la propia superficie del sol, parpadea inmóvil antes de derramarse lentamente por los laterales. Dependiendo de los filtros ajustados del visor, la superficie de la estrella puede oscilar entre un torbellino azul y la masa palpitante y naranja, pasando por un simple círculo blanco. El derrame a izquierda y derecha sigue extendiéndose, más lejos de lo que parece posible, hasta que resulta obvio que uno se encuentra en un pedazo de roca situado junto a una estrella.

¡Ha llegado el momento de darse la vuelta y correr! Pero para cuando algunos de los caminantes solares logran zafarse, están aturdidos, tropiezan, caen, se levantan y corren a poniente presa de un pánico sin parangón.

Antes de que eso suceda, una última mirada a la salida del sol en Mercurio. En el ultravioleta es una mueca perpetua, azul, de calor y más calor. A oscuras, el disco de la fotosfera, la danza fantástica de la corona, adquiere mayor claridad, todos los arcos magnetizados y los cortocircuitos, las masas de ardiente hidrógeno proyectadas hacia la noche. Aunque también se puede tapar la corona, y mirar únicamente la fotosfera solar, e incluso aumentar la imagen de la misma hasta que las quemaduras que coronan las células de convección quedan al descubierto y se cuentan por millares, todas y cada una de ellas nubarrones de un fuego que arde con furia, consumiendo juntas cinco millones de toneladas de hidrógeno por segundo, lo que significa que aún lo harán otros cuatro billones de años. Todos estas largas espículas de fuego vuelan unidas, trazando trayectorias circulares en torno a los puntos negros, diminutos, que conforman las manchas solares, remolinos cambiantes de las tormentas ígneas. Masas de espículas que flotan juntas como lechos de alga marina sacudidos por la fuerza del oleaje. Existen explicaciones no biológicas que justifican este convulso vaivén: gases distintos que se desplazan a diferente velocidad, campos magnéticos que fluctúan constantemente, dando forma a los infinitos torbellinos de fuego. Pero no es más que simple física, nada más que eso, a pesar de lo cual parece vivo, más que muchos seres vivos. Mirándolo en el apocalipsis del amanecer mercuriano, resulta imposible creer que no esté vivo. Te ruge en los oídos. Te habla…

Título: 2312 (PDF-EPUB)
Autores: Kim Stanley Robinson
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 3.1 MB
Formato: PDF-EPUB

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Kim Stanley Robinson - 2312 (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Kim Stanley Robinson - 2312 (PDF-EPUB) La novela comienza en el año 2312, cuando la humanidad ya se ha extendido por todo el Sistema Solar. En la gran ciudad de Terminator, la cual se haya en el planeta Mercurio y está construida sobre pistas gigantes para poder desplazarse y permanecer constantemente en el lado nocturno del planeta, habita Swan Er Hong. Se trata de una artista y ex-diseñadora de Terrariums (espacios habitables en el interior de asteroides) que está de duelo…

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