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Julio Cortázar – Los Autonautas De La Cosmopista (PDF)

Julio Cortázar – Los Autonautas De La Cosmopista (PDF)

Julio Cortázar - Los Autonautas De La Cosmopista (PDF)

Julio Cortázar – Los Autonautas De La Cosmopista (PDF)

Introduccion del Libro Julio Cortázar – Los Autonautas De La Cosmopista (PDF)

Es un libro escrito en coautoría, la fotógrafa canadiense Carol Dunlop, en el que se narra el viaje emprendido a bordo de una Volkswagen Combi roja, denominada Fafner como el dragón de Wagner, por la Autopista del Sur, partiendo desde París rumbo a Marsella, durando 33 días.

Análisis

Antes de realizar el viaje la pareja se impone reglas de juego que deben cumplir en forma obligatoria, como hacer expediciones científicas en cada parada que realizan, lo que contribuye a que haya humor y fantasía. La pareja compara el viaje con los realizados por Cristóbal Colón o Marco Polo, que los transporta a una realidad paralela surrealista y lúdica en la que los viajeros terminan descubriéndose a sí mismos.

De estas reglas científicas provienen los materiales que se incluyen en la obra como fotografías y descripciones de flora y fauna entre otras que según los autores «sin las cuales dicho libro no tendría un aire serio».

En el libro se suceden situaciones peligrosas y de misterio como espías, brujas e incluso personajes recurrentes en otras obras de Cortázar como Calac y Polanco, provenientes de 62 Modelo para armar. También aparecen los «demonios», personificaciones de la enfermedad que aquejaba a Carol.

Contexto

La comicidad imperante en el relato, afronta con peculiar alegría la vida de los dos protagonistas. Al momento del viaje, tanto Cortázar como Dunlop tienen enfermedades terminales. Ninguno de ellos conocía su propia afección, pero sí la de su pareja. El viaje, por tanto, adopta un trasfondo más romántico, siendo la última excursión de la pareja. Carol Dunlop moriría de leucemia casi un año más tarde, mientras que él lo haría en 1984.

Inicialmente el libro iba a ser publicado por Seix Barral dado que el director, Mario Muchnik, le había pedido los derechos a Cortázar para hacer una edición de lujo de los relatos, así como de Los autonautas…, un nuevo libro que estaba escribiendo. Luego del despido de Muchnik, Cortázar pide que se detenga la impresión del manuscrito de los relatos y del libro, puesto que le había cedido los derechos a la persona, no al Grupo Planeta. Le cede los manuscritos de Los autonautas… a Muchnick Editores, que es finalmente publicado en noviembre de 1983 y congela la publicación de Relatos. Cortázar murió en febrero de 1984.

Los derechos de autor del libro tanto en la versión en español como en francés fueron donados al pueblo de Nicaragua, mientras que el editor de la versión en español hizo lo mismo con el 2% del valor de venta de cada copia vendida.

Agradecimientos

Queremos expresar nuestra profunda gratitud a todos aquellos que nos alentaron en esta empresa con su estímulo, su ayuda moral y material, su comprensión y su complicidad, y damos especialmente las gracias a las personas siguientes:

A Raquel y Jean Thiercelin, este último llamado el Cuervo del Luberon, que desde la concepción del proyecto ofrecieron espontáneamente ayuda logística y de toda otra naturaleza, y que abrieron generosamente su casa a los expedicionarios para que pudieran reponerse de sus fatigas y tribulaciones al término del viaje.

A Necmi Gurmen y Anne Courcelles quienes, apenas enterados del proyecto, aceptaron desempeñar funciones de salvamento, y que afrontaron las circunstancias más peligrosas para traernos víveres frescos al paradero de Ruffrey, donde a lo largo de varias horas compartieron las condiciones de vida de uno de los parkings menos hospitalarios de la autopista, con un agradecimiento muy especial hacia Anne, que aplicó parte de su ciencia a la preparación de un pollo destinado a desempeñar un papel protagónico en nuestros happenings gastronómicos de los días siguientes, y que se dio cuenta mientras planeábamos la expedición de socorro y mucho antes de la partida, que valdría más que dicho socorro llegara el miércoles 2 de junio en vez del martes primero como habíamos previsto, dado que los lunes no se puede comprar nada interesante en París y que además dicho lunes formaba parte de un «puente» de días feriados, razones todas ellas que habían escapado a nuestra atención.

A Lemi Gurmen, que deliciosamente confundió 4 manzanas con 4 kilos de manzanas, y que además, la víspera de la partida, nos aconsejó que esperáramos la expedición de salvamento en el primer paradero correspondiente al 2 de junio, evitándole así recorrer centenares de kilómetros suplementarios puesto que la salida de la autopista para su regreso a París estaba situada entre los dos paraderos en cuestión.

Al doctor Hervé Elmaleh y a su esposa Madeleine, que nos previnieron juiciosamente acerca de los peligros del escorbuto que nos acechaban.

A Luis Tomasello, que no sólo supo crear casi milagrosamente amplios espacios para la estiba de las provisiones y bastimentos en Fafner, sino que además se hizo cargo de nuestra gata Flanelle, evitándole así que tuviera que afrontar las duras condiciones de vida en la autopista, sin hablar del apoyo logístico que aportó al cargamento y arrumaje.

A Catherine Lecuiller, que gracias a habernos prestado un pequeño aparato altamente científico garantizó nuestra protección contra la malaria, la fiebre amarilla y otras pestes, asegurándonos además noches de sueño tranquilo sin las interrupciones y sobresaltos fatigantes e inútiles provocados por la presencia de mosquitos.

A Nicole Rouen que, viajando de París hacia el consultorio de su dentista en el tercer día de nuestra expedición, nos ofreció cerezas y un momento de agradable compañía.

A Karen Gordon que, con paciencia y comprensión infinitas, nos ayudó en los preparativos finales, nos ofreció golosinas que saboreamos debidamente, y aceptó ocuparse de la reexpedición de nuestro correo.

A René Caloz, que nos visitó inesperadamente en la autopista y que generosamente nos ofreció dos botellas de fendant que hicieron nuestra delicia a lo largo de varios aperitivos.

A Fafner, que a pesar de su naturaleza de dragón figura igualmente a título personal, y sin cuya presencia nada hubiera sido posible.

A Jorge Enrique Adoum, Françoise Campo, Jérôme Timal, Julio Silva, Gladis y Saúl Yurkiévich, Aurora Bernárdez, Nicole Piché, François Hébert, Hortense Chabrier, Georges Belmond, Laure, Philippe y Vincent Bataillon, Marie-Claude, Laurent y Anne de Brunhoff, que estaban en el secreto, nos dieron preciosos consejos que sería demasiado largo enumerar aquí, y nos alentaron con sus sonrisas lejanas en los momentos difíciles.

A la Condesa, por muchas horas de lectura llenas de emociones.

A Brian Featherstone y a Martine Cazin que llegaron inesperadamente a visitarnos y nos salvaron del tedio que crecía en un paradero particularmente estúpido.

Al señor y la señora Afonso, que tanto nos ayudaron en nuestros preparativos en París.

A la señora María Martins, que nos ayudó a preparar sacos y paquetes con su buen humor de siempre.

A los desconocidos de los paraderos que, con una sonrisa o un gesto amistoso, pusieron más luz en el telón de fondo de cada día.

Título: Los Autonautas De La Cosmopista (PDF)
Autores: Julio Cortázar
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 8.2 MB
Formato: PDF

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Julio Cortázar - Los Autonautas De La Cosmopista (PDF) Introduccion del Libro Julio Cortázar - Los Autonautas De La Cosmopista (PDF) Es un libro escrito en coautoría, la fotógrafa canadiense Carol Dunlop, en el que se narra el viaje emprendido a bordo de una Volkswagen Combi roja, denominada Fafner como el dragón de Wagner, por la Autopista del Sur, partiendo desde París rumbo a Marsella, durando 33 días. Análisis Antes de realizar el viaje la pareja se impone reglas de juego que deben cumplir en forma obligatoria,…

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