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Josephine Angelini – Predestinados (PDF)

Josephine Angelini – Predestinados (PDF)

Josephine Angelini - Predestinados (PDF)

Josephine Angelini – Predestinados (PDF)

 Introduccion del Libro Josephine Angelini – Predestinados (PDF)

Un amor fatal.

Una antigua disputa entre familias.

Una historia que se repite.

Cuenta la historia de Helen Hamilton, una chica de 16 años diferente a las demás. Suele tener pesadillas con una travesía por el desierto de las que despierta agotada y con las sábanas manchadas de sangre. Además cada vez que se cruza con Lucas Delos, el nuevo y guapísimo chico nuevo, siente unas ganas irrefrenables de matarle. Algo le dice que están predestinados a repetir una historia que lleva repitiéndose siglos…

Prólogo

Pero si me compraras ahora un coche, podría ser tuyo cuando acabara el instituto, dentro de un par de años.

Estaría prácticamente nuevo —dijo Helena con optimismo.

Desafortunadamente, su padre no era tan fácil de engañar.

—Lennie, solo porque el estado de Massachusetts crea que los adolescentes de dieciséis años pueden conducir… —empezó Jerry.

—Casi diecisiete —le recordó Helena.

—…no significa que esté de acuerdo —finalizó. Jerry llevaba ventaja, pero ella se resistía a darlo todo por perdido.

—Ya sabes que el Cerdo solo aguantará un año más, dos como mucho — insistió Helena refiriéndose al viejo Jeep Wrangler que su padre conducía y que sospechaba que podría haber estado aparcado en el castillo donde se firmó la Carta Magna—. Piensa en todo el dinero en gasolina que nos ahorraríamos si compráramos un híbrido, o incluso un coche eléctrico, papá.

—Ajá… —fue todo lo que dijo su padre.

Ahora sí había perdido definitivamente.

Helena Hamilton refunfuñó para sí misma y desvió la mirada hacia la verja del transbordador que la iba a llevar de nuevo a Nantucket. Un año más se repetía la misma historia; iría al instituto en bicicleta y en noviembre, cuando la capa de nieve fuera demasiado gruesa, se vería obligada a pedirle a alguien que la llevara o, peor aún, a coger el autobús. Con solo pensarlo le daban escalofríos, de modo que intentó quitarse ese recuerdo de la cabeza. Algunos de los turistas que habían ido a pasar el Día del Trabajo1 a la isla la observaban con detenimiento, lo cual era bastante habitual. Intentó mirar hacia otro lado de la forma más sutil y discreta que pudo. Cuando se miraba en el espejo, lo único que veía era lo básico: dos ojos, una nariz y una boca, pero todas las personas que no eran de la isla tendían a quedarse embobadas, incapaces de apartar la vista de Helena, lo cual le resultaba tremendamente molesto.

Por suerte para ella, la mayoría de los turistas que la acompañaban en el transbordador estaban ahí por las vistas y el increíble paisaje de la isla a finales de verano, y no para inmortalizar su retrato. Estaban tan decididos a admirar esa belleza que parecía que se veían obligados a exclamar «oohhh» y «aahhh» ante cada maravilla del océano Atlántico, aunque Helena no lograba comprenderlo. En su opinión, crecer en una isla diminuta era una lata, todo un fastidio, y no veía el día de irse a la universidad y salir de esa isla, de Massachusetts y de toda la costa Este de los Estados Unidos.

No es que despreciara su vida familiar, de hecho, se llevaba a las mil maravillas con su padre. Su madre los había abandonado cuando ella no era más que un bebé, pero Jerry enseguida aprendió a prestar la cantidad exacta de atención a su hija. No merodeaba a su alrededor constantemente, aunque siempre estaba allí cuando le necesitaba.

Aunque en esos momentos estaba resentida por la discusión sobre el coche, sabía que no podría tener un padre mejor.

—¡Hola, Lenny! ¿Qué tal va ese sarpullido? —preguntó una voz familiar.

Era Claire, la mejor amiga de Helena. Apartaba de su camino a los turistas, vacilantes e inseguros por el movimiento de las olas, con unos empujones dignos de admiración y con una astucia verdaderamente artística.

Los excursionistas, de apariencia ridícula y algo bobalicona, viraban con brusquedad cuando ella pasaba por su lado, como si se tratara del quarterback de un equipo de fútbol y no de una delicada y diminuta chica con aspecto de elfo que se aguantaba con elegancia y delicadeza sobre unas sandalias de plataforma.

Claire serpenteó con relativa facilidad entre los diversos traspiés y tropiezos que ella misma había ocasionado y se deslizó junto a Helena, que estaba frente a la verja.

—¡Risitas! Ya veo que tú también has ido a comprar cosas para la vuelta al cole —saludó Jerry mientras señalaba las abarrotadas bolsas de Claire.

Claire Aoki, alias Risitas, era tan excepcional que incluso podía resultar intimidante. Cualquiera que echara un vistazo a su frágil y quebradiza silueta y a sus rasgos asiáticos sin reconocer un espíritu luchador innato corría el riesgo de sufrir terriblemente a manos de una oponente a menudo demasiado subestimada. El apodo era su cruz personal. La llamaban así desde que era un bebé. En defensa de sus amigos y su familia, cabe decir que resultaba imposible resistirse a ese mote. Claire tenía, sin duda alguna, la mejor risa del universo. Jamás forzada ni estridente, era ese tipo de carcajada que hace que cualquiera que esté alrededor sonría tímidamente.

—Desde luego, queridísimo padre-de-mi-mejor-amiga-para-siempre — respondió Claire. Abrazó a Jerry con un cariño genuino, ignorando por completo el hecho de que había utilizado el apodo que ella tanto detestaba—. ¿Podría tener unas palabras con tu hija en privado? Siento ser tan grosera, pero es un asunto confidencial, top-secret. Te lo diría… — empezó Claire.

—Pero entonces te verías obligada a matarme —concluyó Jerry, sabiamente. Se alejó arrastrando los pies hacia un puesto de comida rápida, donde compró un refresco azucarado aprovechando que su hija, que siempre controlaba todo lo que comía, como si se tratara de una policía alimentaria, no miraba.

—¿Qué te has comprado? —preguntó Claire. Agarró rápidamente las bolsas de Helena y empezó a revolver el interior—. Unos tejanos, una chaqueta de punto, una camiseta y ropa… ¡Guau! ¡Te has ido de compras de ropa interior con tu padre!

¡Bah!

Título: Predestinados (PDF)
Autores: Josephine Angelini
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.8 MB
Formato:PDF

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Josephine Angelini - Predestinados (PDF)  Introduccion del Libro Josephine Angelini - Predestinados (PDF) Un amor fatal. Una antigua disputa entre familias. Una historia que se repite. Cuenta la historia de Helen Hamilton, una chica de 16 años diferente a las demás. Suele tener pesadillas con una travesía por el desierto de las que despierta agotada y con las sábanas manchadas de sangre. Además cada vez que se cruza con Lucas Delos, el nuevo y guapísimo chico nuevo, siente unas ganas irrefrenables de matarle. Algo le dice que están predestinados a repetir…

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