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Jorge Luis Borges – El libro del cielo y del infierno (PDF-EPUB)

Jorge Luis Borges – El libro del cielo y del infierno (PDF-EPUB)

Jorge Luis Borges - El libro del cielo y del infierno (PDF-EPUB)

Jorge Luis Borges – El libro del cielo y del infierno (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Jorge Luis Borges – El libro del cielo y del infierno (PDF-EPUB)

Este libro es la rencarnación de otro más extenso, más lento y acaso menos exigente que hace años compilamos: algo de resignada biblioteca o de archivo impersonal había en él: cada uno de los diversos libros sagrados que la humanidad ha compuesto nos había legado una considerable cuota de páginas; felizmente aquella obra nunca se publicó.

El criterio que hoy nos guía es distinto. Hemos buscado lo esencial, sin descuidar lo vívido, lo onírico y lo paradójico. Tal vez nuestro volumen deje entrever la milenaria evolución de los conceptos del cielo y de infierno; a partir de Swendenborg se piensa en estados del alma y no en un establecimiento de premios y otro de penas.

Una antología como ésta es, necesariamente, inconclusa; el azar de las lecturas, el tiempo y tu notoria erudición, oh lector, nos revelarán, lo sabemos, cielos aún más generosos e infiernos aún más justos y crueles.

Prólogo

San Luis el Rey mandó a Ivo, obispo de Chartres, en embajada, y éste le refirió que en el camino encontró a una matrona grave y airosa, con una antorcha en una mano y un cántaro en la otra; y notando que su aspecto era melancólico, religioso y fantástico, le preguntó qué significaban esos símbolos y qué se proponía hacer con su fuego y su agua. Replicó: El agua es para apagar el Infierno; el fuego, para incendiar el Paraíso. Quiero que los hombres amen a Dios por el amor de Dios.

Señor, si te adoro por temor del Infierno, quémame en el Infierno, y si te adoro por esperanza del Paraíso, exclúyeme del Paraíso; pero si te adoro por ti mismo, no me niegues tu imperecedera hermosura.

Luego se dijo que al señor Valiente-por-la-verdad le habían entregado una citación, con esta marca de que era cierta: Que su cántaro se había quebrado sobre la fuente.

Cuando la recibió, llamó a sus amigos para informarlos. Entonces dijo: Voy a juntarme con mis padres, y aunque con mucha dificultad he llegado aquí no me arrepiento de todo el trabajo que me ha costado. Dejo mi espada a quien me suceda en la peregrinación; mi coraje y mi destreza, a quien los alcance. Llevo conmigo mis cicatrices, para que sean un testimonio de que he peleado las batallas de Aquel que ahora me premiará.

Cuando le llegó la hora, muchos lo acompañaron hasta la orilla, y al entrar en el río, dijo: ¿Muerte, dónde está tu aguijón? Y al avanzar en lo más hondo: ¿Tumba, dónde está tu victoria? Así lo vadeó, y en la otra orilla resonaron por él todos los clarines.

No bastan las metáforas para endulzar el amargo trago de la muerte. Me niego a ser llevado por la marea que suavemente conduce la vida humana a la inmortalidad y me desagrada el inevitable curso del destino. Estoy enamorado de esta verde tierra; del rostro de la ciudad y del rostro de los campos; de las inefables soledades rurales y de la dulce protección de las calles. Levantaría aquí mi tabernáculo. Me gustaría detenerme en la edad que tengo; perpetuarnos, yo y mis amigos; no ser más jóvenes, ni más ricos, ni más apuestos. No quiero caer en la tumba como un fruto maduro.

Toda alteración en este mundo mío me desconcierta y me confunde. Mis dioses lares están terriblemente fijos y no se los desarraiga sin sangre. Toda situación nueva me asusta. El sol y el cielo y la brisa y las caminatas solitarias y las vacaciones veraniegas y el verdor de los campos y los deliciosos jugos de las carnes y de los pescados y los amigos y la copa cordial y la luz de las velas y las conversaciones junto al fuego y las inocentes vanidades y las bromas y la ironía misma, ¿todo esto se va con la vida? ¡Y vosotros, mis placeres de medianoche, mis infolios! ¿Habré de renunciar al intenso deleite de abrazaros? ¿Me llegará el conocimiento, si es que me llega, por un incómodo ejercicio de intuición y no ya por esta querida costumbre de la lectura?

Días de ayer que en procesión de olvido lleváis a las estrellas mi tesoro ¿no formaréis en el celeste coro que ha de cantar sobre mi eterno nido?

Oh Señor de la vida, no te pido sino que ese pasado porque lloro al cabo en rolde a mí vuelto sonoro me dé el consuelo de mi bien perdido.

Es revivir lo que viví mi anhelo, y no vivir de nuevo nueva vida hacia un eterno ayer haz que mi vuelo emprenda sin llegar a la partida, porque, Señor, no tienes otro cielo que de mi dicha llene la medida.

Rolando siente que lo apresa la muerte, y que de la cabeza le baja al corazón. Se ha tendido debajo de un pino, el rostro sobre la verde yerba; debajo de él ha puesto el clarín y la espada y miró de frente al ejército pagano. Lo hizo porque realmente quiere que Carlomagno y todos los suyos digan que el noble conde ha muerto como un vencedor. Largamente se golpea el pecho, y por sus culpas tiende a Dios el guante.

Rolando siente que se le acaba el tiempo. Está en un alto cerro que mira a España, y se golpea el pecho con la mano: «Dios, con tus virtudes borra mis culpas, las grandes y las chicas, todas las cometidas desde mi nacimiento hasta ahora que yazgo aquí.» Ha tendido al Señor su guante derecho. Los Ángeles del Cielo bajan a él.

El conde Rolando yace bajo un pino, el rostro vuelto hacia España. De muchas cosas la memoria le llega, de tantos países que ha conquistado su valor, de la dulce Francia, de los hombres de su linaje, de Carlomagno, su señor, que lo alimentaba. No contiene los suspiros y el llanto. Pero no quiere olvidar su alma, confiesa las culpas y pide a Dios perdón: «Padre verídico, que no has mentido nunca, que resucitaste de la muerte a San Lázaro y salvaste a Daniel de los dientes de los leones, defiende mi alma del peligro de los pecados cometidos en mi vida». Ha tendido al Señor su guante derecho, y San Gabriel con su propia mano lo acepta. Inclinó la cabeza sobre el brazo, y partió a su fin con las manos juntas. Dios le mandó a su Angel Querubín y a San Miguel del Peligro; con ellos bajó también San Gabriel y se llevan el alma del conde al Paraíso…

Título: El libro del cielo y del infierno (PDF-EPUB)
Autores: Jorge Luis Borges
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 11.2 MB
Formato: PDF-EPUB

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Jorge Luis Borges - El libro del cielo y del infierno (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Jorge Luis Borges - El libro del cielo y del infierno (PDF-EPUB) Este libro es la rencarnación de otro más extenso, más lento y acaso menos exigente que hace años compilamos: algo de resignada biblioteca o de archivo impersonal había en él: cada uno de los diversos libros sagrados que la humanidad ha compuesto nos había legado una considerable cuota de páginas; felizmente aquella obra nunca se publicó. El…

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