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Jonathan Maberry – Lucifer 113 (PDF-EPUB)

Jonathan Maberry – Lucifer 113 (PDF-EPUB)

Jonathan Maberry - Lucifer 113 (PDF-EPUB)

Jonathan Maberry – Lucifer 113 (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Jonathan Maberry – Lucifer 113 (PDF-EPUB)

Estaba convencido de que se estaba muriendo. Era tal como él había imaginado que sería la muerte.

Fría.

La oscuridad descendía lentamente sobre las aristas de los objetos. Como si las sombras ocultas tras los armarios y debajo de las mesas se fueran filtrando para invadirlo todo. Sin dolor.

Esa era la parte extraña. Lee Hartnup soñaba a menudo con la muerte, pero en sus sueños siempre había dolor. Huesos rotos. Heridas de bala. Cortes profundos de navaja.

En cambio esto… no era doloroso.

Ya no. No después del primer mordisco.

Había sentido ese instante único de agonía, pero a su manera también había sido bello. Era un dolor tan intenso que rebosaba pureza. Estaba más allá de cualquier otra experiencia, y eso que Hartnup había tratado de imaginárselo muchas veces. Junto a la gente silenciosa con la que trabajaba. La gente hueca, carente de vida.

La policía y los enfermeros de las ambulancias le habían mostrado todo tipo de dolor. Deshumanización, palizas. Aplastamientos en accidentes de tráfico. Suicidios, asesinatos. Hasta los viejos de las residencias, que todo el mundo cree que mueren tranquilamente durante el sueño. Hartnup sabía que esos también experimentaban dolor. Para unos se trataba de la voracidad roedora del cáncer; para otros del dolor psíquico, fruto de la eliminación de los recuerdos por parte del escalpelo odioso del alzhéimer. Había dolor para todos. Era la moneda para pagar al barquero.

Hartnup sonrió al pensarlo. A pesar del momento. Por algo que había dicho su padre una vez, allá por los días en los que era el director de la funeraria y Lee era su ayudante. El viejo John Hartnup había sido un hombre poético. Sin sentido del humor, pero dado a la metáfora y a los símiles. Había sido él quien había comenzado a llamar «hombres huecos» a los cuerpos de la sala fría. Bueno; hombres y mujeres huecas, hablando en términos políticamente correctos. Gente cuyo soplo vital sagrado los había abandonado por una rendija cualquiera por las que se cuela el dolor.

Hartnup mismo sentía en ese momento cómo su propio soplo vital sagrado trataba de abandonarlo en pos de la libertad. Ese soplo, ese aliento, era lo único cálido que le quedaba. Una burbujita de aire moribundo en los pulmones que no tenía por dónde salir. Su garganta no estaba en condiciones de exhalar ese último aliento. Así que no se produciría el estertor de la muerte, cosa que le hacía gracia como profesional. Lo oiría el empleado de la funeraria a la que lo llevaran cuando preparara su cuerpo.

Aunque por supuesto no sería el director de la funeraria. Primero se ocuparía el forense. Después de todo había sido asesinado.

Si es que podía llamarse asesinato.

Hartnup observó cómo esa oscuridad líquida invadía la sala.

¿Se trataba de un asesinato?

El hombre… el asesino… jamás sería acusado.

¿Cómo iban a acusarlo?

Y si llegaban a hacerlo… ¿cómo sería?

Era confuso.

Sentía deseos de gritar y de pedir calor, pero naturalmente no podía. No con lo poco que le quedaba de garganta.

Era una lástima. Estaba convencido de que habría podido emitir al menos un grito bestial. Como los de sus sueños. La mayoría de sus sueños terminaban con un grito.

Por eso generalmente se despertaba por las noches. Era la razón por la que lo había abandonado su mujer al final. Ella había tolerado el hecho de que él trabajara con muertos todo el día y comprendía que eso le produjera pesadillas. Pero después de ocho años había sido incapaz de seguir soportando las interrupciones constantes del sueño dos o tres noches por semana. Primero usó tapones para los oídos. Después dormitorios separados. Y por último separación de las vidas.

Se preguntaba qué pensaría ella de esto.

No simplemente de su muerte, sino de su asesinato.

Oyó un ruido y quiso girar la cabeza. No pudo.

Tenía desgarrados los músculos de la nuca. También los dientes y las uñas. Pero ya no podía sentir el dolor de las heridas. Hasta el frío se disipaba. Su cuerpo era una isla remota, separada de su mente por un millón de kilómetros.

Ruido otra vez. Primero un repiqueteo de metal y después el cántico del instrumental al caer sobre las baldosas del suelo. Pinzas de sujeción, agujas y herramientas diversas. Utensilios que él ya no volvería a usar.

Título: Lucifer 113 (PDF-EPUB)
Autores: Jonathan Maberry
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 2.5 MB
Formato: PDF-EPUB

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Jonathan Maberry - Lucifer 113 (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Jonathan Maberry - Lucifer 113 (PDF-EPUB) Estaba convencido de que se estaba muriendo. Era tal como él había imaginado que sería la muerte. Fría. La oscuridad descendía lentamente sobre las aristas de los objetos. Como si las sombras ocultas tras los armarios y debajo de las mesas se fueran filtrando para invadirlo todo. Sin dolor. Esa era la parte extraña. Lee Hartnup soñaba a menudo con la muerte, pero en sus sueños siempre había dolor. Huesos rotos. Heridas de bala. Cortes…

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