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John Updike – La versión de Roger (PDF-EPUB)

John Updike – La versión de Roger (PDF-EPUB)

John Updike - La versión de Roger (PDF-EPUB)

John Updike – La versión de Roger (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro John Updike – La versión de Roger (PDF-EPUB)

Me he sentido feliz en la Escuela de Teología. Las horas son soportables; el entorno, bello; mis colegas, inofensivos e ingeniosos, pues están habituados a las sombras. Dominar algunas lenguas muertas, exponer momentos sucesivos de la simple enigmática Historia primitiva de la cristiandad a unos alumnos esperanzados, ilusionados y dóciles. Hay maneras más fraudulentas de ganarse la vida. Considero mis años de ministerio activo, antes de conocer y casarme con Esther hace catorce, si no exactamente desperdiciados, sí como una especie de preexistencia, cuya idea me deprime.

Sin embargo, cuando aquel joven me telefoneó para pedirme una cita, alegando ser amigo de Verna, la hija de mi medio hermana Edna, y me explicó que, como yo, procedía de la zona de Cleveland, mi curiosidad fue más fuerte que mi deseo de colgar el aparato. Elegí una tarde y una hora, y él acudió puntualmente. Estábamos a finales de octubre, tiempo de hojas doradas y de cielos tumultuosos y luminosos en Nueva Inglaterra.

Cuando apareció en la puerta, vi que era un joven de los que menos me gustan: alto, mucho más alto que yo, pálido e íntimamente apasionado. Su palidez de cera tenía unas manchas de acné, que parecían dos quemaduras, en la parte inferior de la mandíbula; y sus ojos, hundidos en las huesudas cuencas, tenían un azul extraño, tímido, de una frialdad increíble y tan pálido que era casi incoloro. Llevaba un gorro de punto de lana azul marino. Se lo quitó y lo metió en el bolsillo de la guerrera de camuflaje mientras permanecía allí, torpemente plantado, estorbando mientras miraba a su alrededor, pestañeando confuso, observando los estantes llenos de libros y la ventana ojival detrás de mi cabeza. Pude observar que sus sucios cabellos castaños y algo rizados, empezaban a escasear en las sienes.

—Estos edificios son estupendos —dijo—. Nunca había estado en esta parte de la Universidad.

—Queda un poco apartada —le dije, lamentando que no lo estuviese más—.

¿Dónde… reside usted?

—En los laboratorios de Informática, señor. Soy ayudante de investigación en un proyecto gráfico especial del que se ha encargado el Cubo por una concesión en la que participan el Gobierno y el sector privado. Lo que de verdad preocupa a los jefazos de allá abajo es la inteligencia artificial. Ya sabe, juntar cientos de minis para modular el problema, tratando de descubrir reglas que impidan que el árbol de la investigación se desarrolle de modo exponencial, empleando la Heurística para generar nuevas heurísticas, y así sucesivamente. Pero mientras tanto, el proceso de datos, la biónica y, ahora, los gráficos, son los que mantienen las ruedas engrasadas, o el pan untado con mantequilla, como usted prefiera decir.

Soy hombre depresivo, y es muy importante para mi bienestar mental mantener las ideas apartadas de zonas de contemplación que podrían enredarme y hacerme caer. Aquel joven, con su jerga de informática, acababa de evocar precisamente una de estas zonas. El Cubo es el nombre jocoso que se da al Centro de Investigación de Informática de la Universidad, porque está emplazado en un nuevo edificio cuyos lados tienen la misma longitud. Yo nunca he entrado en él, y espero no tener que hacerlo. Sonreí y dije:

—Todavía no nos hemos presentado. Yo soy Roger Lambert.

—Dale Kohler, señor. Le agradezco de veras que me haya recibido.

Su apretón de manos fue como yo esperaba: óseo, frío como la cera y demasiado firme e insistente. Parecía no querer soltarme.

—Sentémonos. Dijo usted que conocía a Verna, la hija de mi hermana. Me interesa mucho saber cómo le va. Muchísimo. Hubo una serie de sucesos chocantes.

Al sentarse delante de mí, en el sillón oficial de madera que la Universidad suministra a sus centenares de oficinas y habitaciones (cada elemento tallado de una madera diferente, según alardea el folleto acompañante: el asiento de rígido roble, los barrotes de arce de grano fino, los brazos curvos de cerezo rojizo, etcétera), el muchacho se enganchó un bolsillo de su guerrera de camuflaje y tuvo que agitarse y revolverse varias veces, con aire de disculpa, antes de acomodarse. Los nudillos y las muñecas parecían enormes, morbosamente desmesurados. Consideré que estaría cerca de los treinta años. Por consiguiente, no era un estudiante novato. Se ven muchos como él en una ciudad universitaria; personas que adoptan el uniforme temporal y la astuta candidez del joven aprendiz como si fuesen una profesión permanente y remuneradora. A algunos les salen canas y grandes patas de gallo, consecuencia de la mala alimentación, mientras siguen inocentes, persiguiendo el conocimiento.

Título:La versión de Roger (PDF-EPUB)
Autores: John Updike
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.8 MB
Formato: PDF-EPUB

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John Updike - La versión de Roger (PDF-EPUB) Introduccion del Libro John Updike - La versión de Roger (PDF-EPUB) Me he sentido feliz en la Escuela de Teología. Las horas son soportables; el entorno, bello; mis colegas, inofensivos e ingeniosos, pues están habituados a las sombras. Dominar algunas lenguas muertas, exponer momentos sucesivos de la simple enigmática Historia primitiva de la cristiandad a unos alumnos esperanzados, ilusionados y dóciles. Hay maneras más fraudulentas de ganarse la vida. Considero mis años de ministerio activo, antes de conocer y casarme…

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