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John Grisham – La Hermandad (PDF-EPUB)

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John Grisham - La Hermandad (PDF-EPUB)

John Grisham – La Hermandad (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro John Grisham – La Hermandad (PDF-EPUB)

Trumble es una prisión federal de régimen especial y hogar de unos criminales «inofensivos»: ladrones de bancos, traficantes de droga, estafadores, evasores de impuestos, un médico, cinco abogados, dos tipos de Wall Street… Y tres exjueces. Los tres han abandonado una vida acomodada y ahora matan el tiempo en la cárcel. Estos se hacen llamar “La hermandad” y cada día se reúnen en la sección jurídica de la biblioteca, donde trabajan en los casos de otros internos, practican la ley sin licencia y, a veces, dispensan justicia carcelaria. No obstante, se dedican sobre todo a un negocio muy lucrativo: el chantaje por correo. Todo parece ir sobre ruedas, hasta que su artimaña se vuelve contra ellos: una de las víctimas de la extorsión es una persona con quien habría sido mejor no involucrarse…

Prólogo

Para la elaboración de la lista de causas pendientes de juicio, el bufón de la corte vestía su habitual atuendo, que consistía en un gastado y descolorido pijama y unas zapatillas de rizo de color lavanda, sin calcetines. No era el único recluso que desarrollaba sus actividades cotidianas en pijama, pero ningún otro se atrevía a calzar unas zapatillas de color lavanda. Se llamaba T. Karl y en otros tiempos había sido propietario de unos bancos en Boston.

Sin embargo, ni el pijama ni las zapatillas resultaban en absoluto tan inquietantes como la peluca, la cual presentaba una crencha en el centro y se derramaba sobre las orejas en varias capas de apretados bucles que se enroscaban en tres direcciones y le caían pesadamente sobre los hombros. Era de un color gris brillante, casi blanco, y seguía el antiguo modelo de las pelucas de los magistrados ingleses de varios siglos atrás. Un amigo que estaba en la calle la había encontrado en una tienda de disfraces de segunda mano de Manhattan, en el Village.

T. Karl la lucía con gran orgullo en el tribunal y, por curioso que resultara, este elemento se había convertido en parte del espectáculo. En cualquier caso, los demás reclusos se mantenían a cierta distancia de T. Karl, con peluca o sin ella.

Erguido detrás de la desvencijada mesa plegable de la cafetería de la prisión, golpeó el tablero con un mallete de plástico que le servía de martillo, carraspeó para aclararse la chillona voz y anunció con gran dignidad:

—Silencio, silencio, silencio. El Tribunal Federal de Florida inicia la sesión. En pie, por favor.

Nadie se movió o, por lo menos, nadie hizo ademán de levantarse. Treinta reclusos permanecían repantigados en distintas actitudes de descanso en unas sillas de plástico de la cafetería, algunos mirando al bufón de la corte judicial y otros charlando animadamente como si aquel hombre no existiera.

—Que cuantos piden justicia se acerquen un poco más y se jodan —añadió T.

Karl. Ni una sola carcajada. Meses atrás, cuando T. Karl pronunció por primera vez estas palabras, tuvo su gracia. Ahora ya formaban parte del ritual. Se sentó cuidadosamente para que todos apreciaran con absoluta claridad cómo se iban derramando los rizos de la peluca sobre sus hombros, y después abrió un grueso volumen encuadernado en cuero rojo que hacía las veces de registro oficial del tribunal. Se tomaba su trabajo muy en serio.

Entraron tres hombres procedentes de la cocina. Dos de ellos iban calzados. Uno mordisqueaba una galleta salada. El que iba descalzo también llevaba las piernas desnudas hasta las rodillas, por lo que se le veían unos larguiruchos palillos asomando por debajo de la túnica. Tenía las piernas suaves y lampiñas, muy bronceadas por el sol. Lucía un tatuaje de gran tamaño en la pantorrilla izquierda. Era de California.

Los tres llevaban unas viejas túnicas de coro eclesial de color verde claro con ribetes dorados que procedían de la misma tienda que la peluca de T. Karl y eran un regalo navideño de este. Así conservaba su puesto de oficial de la sala.

Entre el público se oyeron unos susurros y murmullos de desprecio cuando los jueces iniciaron su majestuoso avance sobre el pavimento embaldosado con toda la magnificencia de sus galas mientras las túnicas ondeaban a su alrededor. Los personajes ocuparon sus puestos detrás de una mesa plegable alargada cerca de T.

Karl, aunque no demasiado, y se enfrentaron con la asamblea semanal. El bajito y gordinflón se sentó en medio. Se llamaba Joe Roy Spicer y, a falta de alguien mejor, representaba el papel de presidente del tribunal. En su vida anterior, Spicer había sido juez de paz en Misisipi, legalmente elegido por los habitantes de su pequeño condado, pero había sido destituido del cargo tras haber sido sorprendido por los agentes federales quedándose con una parte de los beneficios del bingo de un club de la asociación benéfica masónica de los Shriners…

Título: La Hermandad (PDF-EPUB)
Autores: John Grisham
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.9 MB
Formato: PDF-EPUB

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John Grisham - La Hermandad (PDF-EPUB) Introduccion del Libro John Grisham - La Hermandad (PDF-EPUB) Trumble es una prisión federal de régimen especial y hogar de unos criminales «inofensivos»: ladrones de bancos, traficantes de droga, estafadores, evasores de impuestos, un médico, cinco abogados, dos tipos de Wall Street… Y tres exjueces. Los tres han abandonado una vida acomodada y ahora matan el tiempo en la cárcel. Estos se hacen llamar "La hermandad" y cada día se reúnen en la sección jurídica de la biblioteca, donde trabajan en los casos de…

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