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John Grisham – El Rey De Los Pleitos (PDF-EPUB)

John Grisham – El Rey De Los Pleitos (PDF-EPUB)

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Introduccion del Libro John Grisham – El Rey De Los Pleitos (PDF-EPUB)

Clay Carter es un abogado mal pagado de la Oficina de Defensa de Oficio (defensoría pública) de Washington D.C. Él sueña con un día unirse a un prestigioso bufete de abogados. De mala gana, toma en el caso de Tequila Watson, un hombre acusado de un asesinato callejero. Clay asume que se trata de otro asesinato en el Distrito de Columbia.

Pero Clay pronto se da cuenta de una conspiración farmacéutica, con la ayuda del informante misterioso Max Pace. La compañía farmacéutica estaba usando ilegalmente a toxicómanos en recuperación en ensayos médicos sin su consentimiento. La droga denominada Tarvan funcionaba en el 90% de sus pacientes, pero en algunos casos (que incluyen a Tequila Watson), conducían a asesinatos violentos al azar.

La compañía farmacéutica empleó a Pace y sus asociados para solicitar la ayuda de la Clay en el pago a las víctimas con los grandes asentamientos. Clay tenía reservas, pero pronto se convenció debido a los grandes honorarios ofrecidos por Pace. Sale de la ODO y llevándose algunos de sus colegas para establecer su propio bufete de abogados.

Pace ofrece información privilegiada de Clay sobre los peligros de otros medicamentos (Dyloft y Maxatil). Clay utiliza esta información para poner en marcha una nueva carrera en las demandas colectivas. Pronto se encuentra a sí mismo siendo uno de los principales abogados de agravio de la profesión legal y connivencia con otros abogados de alto poder de agravio. Pero esta fama repentina no deja de tener un precio y pronto fue investigado por diversos delitos, entre ellos el abuso de información privilegiada. Al final, Clay es golpeado por unos hombres de Reedsburgh, enviándolo al hospital. Luego se pierde un gran caso contra Goffman, y se desliza cuesta abajo con ex-clientes descontentos, quienes lo demandan por indemnizaciones. Al final, Clay se declara en quiebra y huye con Rebecca a Londres.

Prólogo

Los disparos de las balas que penetraron en la cabeza de Pumpkin fueron oídos por nada menos que ochenta personas. Tres de ellas cerraron instintivamente las ventanas, comprobaron las cerraduras de sus puertas y se retiraron a lugar seguro o, por lo menos, a la seguridad de sus pequeños apartamentos. Otras dos, ambas con experiencia en situaciones similares, se alejaron corriendo del lugar tan rápidamente como el propio pistolero, si no más. Otra, el fanático del reciclaje del barrio, estaba revolviendo la basura en busca de latas de aluminio cuando oyó muy cerca de allí los fuertes sonidos de las cotidianas escaramuzas. Se escondió de un brinco detrás de un montón de cajas de cartón y una vez que cesaron los disparos salió despacio a la calleja, donde descubrió lo que quedaba de Pumpkin.

Y dos lo vieron casi todo. Estaban sentadas sobre unas cajas de embalaje de plástico de leche en la esquina de Georgia y Lamont delante de una tienda de licores, parcialmente ocultas por un automóvil aparcado, por cuyo motivo el pistolero, que miró brevemente alrededor antes de seguir a Pumpkin al interior del callejón, no advirtió su presencia. Ambas personas declararían más tarde ante la policía que habían visto al chico de la pistola llevar la mano al bolsillo y sacarla de éste, y también habían visto el arma, una pequeña pistola negra, sin el menor asomo de duda. Un segundo después oyeron los disparos aunque no llegaron a ver cómo las balas alcanzaban a Pumpkin en la cabeza. Un segundo más y el chico de la pistola salió precipitadamente del callejón y, de forma inexplicable, echó a correr directamente hacia ellas. Corría agachado como un perro asustado, revelando bien a las claras su condición de culpable. Calzaba unas zapatillas de baloncesto rojas y amarillas que aparentaban ser cinco números más grandes y golpeaban pesadamente el suelo mientras él emprendía la huida.

Cuando el chico pasó corriendo por su lado, empuñaba todavía el arma, probablemente del calibre 38, y se echó momentáneamente hacia atrás al verlas y comprender que habían visto demasiado. Durante un aterrador segundo, pareció levantar el arma como si quisiera eliminar a los testigos, los cuales consiguieron apartarse de los embalajes de plástico de leche y alejarse de espaldas, caminando a gatas en un enloquecido revoltijo de brazos y piernas. Después, se esfumó. Uno de los testigos abrió la puerta de la tienda de licores y pidió a gritos que alguien llamara a la policía, pues acababa de producirse un tiroteo.

Treinta minutos más tarde, la policía recibió una llamada, según la cual un joven cuya descripción coincidía con la del que se había cargado a Pumpkin, había sido visto en dos ocasiones en la calle Nueve sosteniendo un arma en la mano a la vista de todo el mundo y comportándose de manera más rara aún que la mayoría de los transeúntes que circulaban por allí. Había intentado atraer por lo menos a una persona hacia un solar abandonado, pero la presunta víctima había escapado e informado del incidente.

La policía encontró al hombre una hora después. Se llamaba Tequila Watson, varón de raza negra y veinte años de edad, con los habituales antecedentes policiales relacionados con la droga. Sin familia ni domicilio conocido. El último lugar en el que había dormido era un centro de rehabilitación de la calle W. Había conseguido arrojar el arma en algún sitio y, en caso de que hubiera desplumado a Pumpkin, también se había deshecho del dinero, las drogas o lo que fuera. Sus bolsillos estaban tan limpios como sus ojos. Los agentes estaban seguros de que Tequila no se encontraba bajo los efectos de nada en el momento de su detención. Tras interrogarlo, de manera rápida y somera, en la misma calle, lo esposaron y lo metieron de un empujón en el asiento trasero de un coche patrulla de la policía del Distrito de Columbia.

Lo trasladaron de nuevo a la calle Lamont, donde improvisaron un encuentro con los dos testigos. Tequila fue conducido al callejón en el que había dejado a Pumpkin.

—¿Has estado aquí alguna vez? —le preguntó un agente.

Tequila no dijo nada, se limitó a contemplar el charco de sangre fresca sobre el sucio hormigón. Los dos testigos fueron acompañados al callejón y conducidos rápidamente a un lugar situado cerca de Tequila…

Título: El Rey De Los Pleitos (PDF-EPUB)
Autores: John Grisham
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 2.0 MB
Formato: PDF-EPUB

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John Grisham - El Rey De Los Pleitos (PDF-EPUB) Introduccion del Libro John Grisham - El Rey De Los Pleitos (PDF-EPUB) Clay Carter es un abogado mal pagado de la Oficina de Defensa de Oficio (defensoría pública) de Washington D.C. Él sueña con un día unirse a un prestigioso bufete de abogados. De mala gana, toma en el caso de Tequila Watson, un hombre acusado de un asesinato callejero. Clay asume que se trata de otro asesinato en el Distrito de Columbia. Pero Clay pronto se da…

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