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Jesús Sánchez Adalid – Treinta Doblones De Oro (PDF-EPUB-MOBI)

Jesús Sánchez Adalid – Treinta Doblones De Oro (PDF-EPUB-MOBI)

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Introduccion del Libro Jesús Sánchez Adalid – Treinta Doblones De Oro (PDF-EPUB-MOBI)

La 4ème de couverture indique : En un noble caseró de la Sevilla del XVII, el joven Cayetano entra como contable al servicio de don Manuel de Paredes, un hidalgo que ha invertido sus últimos bienes en un navío que parte rumbo las Indias. Un día llega la fatal noticia : el barco ha naufragado y su preciada carga se ha perdido en el fondo del mar. El viejo palacio y las pertenencias familiares están hipotecados y se presenta un provenir incierto…

Prólogo

Nunca podré olvidar aquel día nuboso, espeso, que parecía haber amanecido presagiando el desastre.

La noche había sido sofocante e insomne para mí, y a media mañana me hallaba en el despacho copiando una larga lista de precios. En una estancia lejana un reloj dio la hora.

Luego sopló un viento recio y tuve que cerrar la ventana porque la lluvia golpeaba contra el alféizar y salpicaba mojando los papeles. Soñador como soy, abandoné la pluma y los cuadernos y salí al patio interior para gozar escuchando el golpeteo del agua que goteaba de todas partes. En medio de mis preocupaciones, un sentimiento de equilibrio embelesado me poseyó, quizás al percibir el fresco aroma de las macetas húmedas.

Pero, en ese instante, se oyó un espantoso grito de mujer en el piso alto de la casa. Luego hubo un silencio, al que siguió un llanto agudo y el sucederse de frases entrecortadas, incomprensibles, hechas de balbucientes palabras.

Doña Matilda acababa de recibir una fatal noticia, y yo, estremecido por el grito y el crujir de la lluvia, me quedé allí inmóvil sin saber todavía lo que le había sido comunicado.

Un momento después, una de las mulatas atravesó el patio, compungida, sin mirar a derecha ni izquierda, y subió apresuradamente por la escalera. Tras ella apareció don Raimundo, el administrador, empapado y sombrío; me miró y meneó la cabeza con gesto angustiado, antes de decir con la voz quebrada:

—El Jesús Nazareno se ha ido a pique… ¡La ruina!

—¡No puede ser! —repliqué sin dar crédito a lo que acababa de oír —. ¡El navío zarpó ayer!

Don Raimundo se hundió en la confusión y tragó saliva, diciendo en voz baja:

—Los marineros que pudieron salvarse llegaron a la costa al amanecer, después de remar durante toda la noche en los botes… Pero la carga… —Volvió a tragar saliva—.

Toda la carga está en el fondo del mar…

El administrador no era de suyo un hombre alegre; seco, avinagrado y cetrino, parecía haber nacido para dar malas noticias. Sacó un pañuelo del bolsillo, se enjugó la frente y el rostro empapado, suspiró profundamente como infundiéndose ánimo y, mientras empezaba a secarse la calva, rezó acongojado:

—¡Apiádate de nosotros, Señor!

¡Santa María, socórrenos!

Acababa de musitar estas imprecaciones cuando doña Matilda se precipitó hacia la balaustrada del piso alto, despeinada, agarrándose los cabellos como si quisiera arrancárselos y exclamando con desesperación:

—¡Qué desgracia tan grande! ¡No quiero vivir!

Era una mujerona grande de cuerpo, imponente, que alzaba la pierna gruesa por encima de la baranda haciendo un histriónico aspaviento, como si pretendiera arrojarse al vacío. Sus esclavas mulatas, Petrina y Jacoba, salieron tras ella y la asieron firmemente para conducirla de nuevo al interior. Forcejearon; con sus manos oscuras la sujetaban por los brazos rollizos y blancos y le tapaban los muslos con las enaguas, evitando pudorosamente que enseñara demasiado. Aunque en los ademanes de doña Matilda, evidentemente, no había ánimo alguno de suicidio, por más que siguiera gritando:

—¡Dejadme que me mate! ¡No quiero vivir!

En esto salió don Manuel al patio, pálido y lloroso; clavó en nosotros una mirada llena de ansiedad y luego alzó la cabeza para encontrarse con la escena que se desenvolvía en el piso alto. Al ver lo que sucedía, gimió y después subió a saltos la escalera, con una mano en la barandilla y la otra en su bastón. Cuando llegó arriba, se detuvo jadeando en espera de recobrar el aliento, para a continuación irse hacia su esposa suplicando:

—¡Por Dios, Matilda, no hagas una locura! ¡No te dejes llevar por el demonio, que no hay salvación para quienes se quitan la vida!

La lluvia arreciaba, incesante, insistiendo en salpicar desde los tejados, desde los chorros impetuosos de los canalones, desde los aliviaderos… Y en el mundo todo parecía desconsuelo, como si cuanto había quisiera también hundirse en la nada del océano, como la fabulosa carga del Jesús Nazareno, y las aguas ahogasen las últimas esperanzas de don Manuel de Paredes y de doña Matilda, que eran también nuestras únicas esperanzas.

Título: Treinta Doblones De Oro (PDF-EPUB-MOBI)
Autores: Jesús Sánchez Adalid
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 5.6 MB
Formato: PDF-EPUB-MOBI

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Jesús Sánchez Adalid - Treinta Doblones De Oro (PDF-EPUB-MOBI) Introduccion del Libro Jesús Sánchez Adalid - Treinta Doblones De Oro (PDF-EPUB-MOBI) La 4ème de couverture indique : En un noble caseró de la Sevilla del XVII, el joven Cayetano entra como contable al servicio de don Manuel de Paredes, un hidalgo que ha invertido sus últimos bienes en un navío que parte rumbo las Indias. Un día llega la fatal noticia : el barco ha naufragado y su preciada carga se ha perdido en el fondo del…

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