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Jennifer L. Armentrout – Centinela (PDF-EPUB)

Jennifer L. Armentrout – Centinela (PDF-EPUB)

Jennifer L. Armentrout - Centinela (PDF-EPUB)

Jennifer L. Armentrout – Centinela (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Jennifer L. Armentrout – Centinela (PDF-EPUB)

La extraña sensación volvió a mí, primero a los pies y finalmente a las manos. Un cosquilleo extraño, como si tuviera alfileres y agujas clavándose en mi piel, causándome espasmos en los dedos. Todavía notaba la dulzura del néctar en mi garganta y me dolía tanto el cuerpo que parecía que hubiera hecho un triatlón y hubiera muerto al llegar a la meta.

O simplemente, como si un dios me hubiera pateado el trasero con ganas y otro me lo hubiera curado.

O…

Situándome de lado, me acurruqué al notar un fuerte calor y me pareció oír mi nombre, pero sonaba como si estuviera al otro lado del mundo.

Mis movimientos eran como los de una tortuga de tres patas, por lo que me llevó un rato parpadear hasta abrir los ojos apenas un poco. Cuando se acostumbraron a la tenue iluminación, reconocí las paredes llenas de flores y los elementos decorativos de titanio que había en los dormitorios del Covenant de Dakota del Sur, la misma habitación en la que Aiden y yo habíamos estado tras recibir las noticias que Dominic nos había traído acerca de los supervivientes de la isla Deity. Las cosas… las cosas eran diferentes en aquel momento; parecía que hubiera pasado una eternidad.

Una terrible pesadez se adueñó de mi pecho, como si de una piedra pesada se tratase, llegando a aplastar mi columna. Dominic estaba muerto, al igual que el decano del Covenant y sus Guardias. Había sido obra de Ares, quien se había hecho pasar por el instructor Romvi; habíamos tenido al enemigo entre nosotros todo el tiempo. Mi odio hacia ese hombre siempre había sido grande, mucho antes de descubrir quién era en realidad, ¿pero ahora? Cada fibra de mi ser lo detestaba, sin embargo, mi odio por Romvi/Ares/Cabrón no era importante. Habían muerto muchas personas, y Ares sabía dónde me escondía. ¿Qué le impedía regresar a por una segunda vuelta? ¿Quién iba a detenerlo para que no matara a más personas?

Escuché mi nombre de nuevo, esta vez más alto y más cerca. Me centré en el sonido, obligándome a abrir los ojos. ¿Cuándo los había vuelto a cerrar? Era como un gatito recién nacido o algo así. Los daimons de todo el país dejarían de temerme.

Dioses, estaba muy débil.

—Álex.

Mi corazón dio un vuelco y se aceleró. Conocía esa voz. Mi corazón y mi alma conocían esa voz.

—Álex, abre los ojos. Vamos, nena, abre los ojos.

Quería hacerlo; por él haría cualquier cosa. ¿Pelear contra una horda de daimons mestizos? Hecho. ¿Pelearme con varias furias? ¿Romper una docena de reglas por un beso prohibido? Hecho. ¿Abrir los ojos? Aquello parecía demasiado.

Una mano caliente recorrió mi mejilla; el tacto era muy diferente al de mi madre, pero igual de potente y desgarradoramente tierno. Mi respiración se entrecortó.

Su pulgar trazó la curva a lo largo de mi mejilla de una manera tan amorosamente familiar que quise llorar. De hecho, debería llorar, pues él no entendería lo que había pasado cuando Ares y yo estuvimos encerrados en aquella habitación. Ahora que lo pensaba, debería haber llorado nada más ver a mi madre. Noté las lágrimas, pero estas no cayeron.

—Está bien —dijo con voz ronca por el cansancio y la emoción—. Apolo dijo que podría costar un poco. Esperaré el tiempo que sea necesario; esperare toda la eternidad si tengo que hacerlo.

Estas palabras ensancharon mi corazón, esparciendo escalofríos por todo mi cuerpo. No quería hacerlo esperar un segundo más, y mucho menos para siempre.

Quería —no, necesitaba—, verlo, para decirle que me encontraba bien, porque estaba bien, ¿verdad? Vale, tal vez no entraba en la categoría de «bien», pero quería aliviar el tono áspero que la tensión provocaba en su voz. Quería hacerlo sentir mejor porque no había podido hacerlo con mi madre.

Una parte de mí se sentía vacía.

Muerta.

Era eso. Me sentía muerta por dentro.

La frustración recorrió mi sangre como si de ácido se tratara. Mis dedos se aferraron en las suaves sabanas mientras cogía aire con fuerza. Él se levantó, acercándose a mí con la respiración entrecortada, a la espera de mi siguiente movimiento.

Mi corazón se desplomó.

Dioses, todo lo que tenía que hacer era abrir los ojos, no caminar sobre la cuerda floja.

Título: Centinela (PDF-EPUB)
Autores: Jennifer L. Armentrout
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.5 MB
Formato: PDF-EPUB

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Jennifer L. Armentrout - Centinela (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Jennifer L. Armentrout - Centinela (PDF-EPUB) La extraña sensación volvió a mí, primero a los pies y finalmente a las manos. Un cosquilleo extraño, como si tuviera alfileres y agujas clavándose en mi piel, causándome espasmos en los dedos. Todavía notaba la dulzura del néctar en mi garganta y me dolía tanto el cuerpo que parecía que hubiera hecho un triatlón y hubiera muerto al llegar a la meta. O simplemente, como si un dios me hubiera pateado el trasero con…

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